Espero a que amanezca para levantarme de la cama y no despertar a Amelia, he pasado la noche repasando uno a uno cada detalle del plan. Apenas se despierta ella me regala una tímida sonrisa, sabe que el día de hoy será largo, pero me he prometido que, por encima de todo Amelia, ni mi pequeño van a resultar heridos. Nos arreglamos lo más despacio que podemos, ninguno de los dos quiere salir de esta casa, al menos no por ese motivo. El desayuno es incluso más decepcionante, ninguno articula palabra alguna, hay miradas feroces entre Amelia y Henry y sospecho han discutido, no obstante, lo único que me importa es que Henry haya podido cumplir su palabra de guardar el secreto. - ¿Radu? – lo detengo a la salida. - Todo listo, señor – me dice antes de que formule mis preguntas – Los aviones

