Alessia Los días estaban pasando en una agónica rutina que me llevaban uno tras otro justo hacía ese día. El día de mi boda, el último clavo en el ataúd. No había visto a Ben desde lo ocurrido, pero se ocupaba de que fuese muy consciente de su presencia. Cuando despertaba y esperaba el desayuno, siempre llegaba un ostentoso ramo de flores que me ponía a temblar de pies a cabeza. Luego me permitían utilizar el móvil para comunicarme con mi hermana, solo para que no se convirtiese en un problema. Debía fingir que todo estaba bien, que nada ocurría, en ocasiones mentía diciéndole que simplemente estaba demasiado cansada. Sin embargo, esa mañana era distinta. Era el final del camino, el día en que caminaría al altar, porque ya no quedaban cartas que jugar, ni opciones. Así debía ser, s

