Alessia La habitación de la suite, estaba iluminada tenuemente. La calefacción se mantenía encendida, pero Andrew había entreabierto los cristales por lo que una ráfaga helada nos envolvía. Aun las piernas me temblaban por lo ocurrido en el elevador. Tenía la certeza de que para él la noche apenas comenzaba. Lo que me hacía sentir ansiosa. —¿Has explorado alguna vez tus límites? —Sus manos estaban sobre mi espalda desnuda cuando clavó sus dedos sobre la piel y gemí en respuestas. Dolía y a su vez me hacía sentir viva. Estaba al borde del ataque de pánico, con el corazón acelerado golpeando tan fuerte, que esperaba que él no lo escuchase y la sangre licuada en las venas por el deseo que aumentaba con cada toque. Me había dado el orgasmo más brutal de toda mi vida, pero quería más,

