CAP. 16 - UN NUEVO ESCONDITE Ágata se consideraba una mujer valerosa y afortunada. Su padre también de muy pequeña, le había enseñado a manejar. Otra ventaja para la situación actual, donde debía manejar por 400 kilómetros y de noche. A su lado, Alfonso, más recuperado, le pidió dormir, obvio que ella no se negó. En su regazo el bueno de Silvestre, bostezaba preparándose para acompañarlo. Cada tanto debería parar, estirar las piernas y permitir que el minino hiciera sus necesidades. Le habían enseñado que comía una vez por día y que no debía faltarle el agua. Tenía mucho tiempo para pensar y con la ayuda de su nueva mascota, se haría más llevadera la distancia. Desde el Monasterio, se dirigía hacia el sur, pasando por la ciudad de Módena, famosa por su catedral y su torre Ghirlandina. C

