CAP. 57 - AULLIDOS QUE ENLOQUECEN Ágata, atrapada entre las murallas del hospital y las evocaciones de su vida de poder, halla en esos días eternos un auténtico desafío. La rebelión sigue viva en su interior, una chispa indómita que se resiste a ser extinta, incluso en su destierro. Pero esa sensación de lucha interna, sin escapatoria ni acción, hace que cada hora parezca una tortura. Solo las historias nocturnas de Grazia logran darle un pequeño sosiego, un vínculo que mantiene su mente atareada y su espíritu suspendido en el filo de la ilusión. Son largas las horas y están marcadas por el eco de pasos distantes, el retumbo de puertas cerrándose y la luz ligera que se filtra por las rendijas de las paredes. Sus pensamientos son sus únicos colaboradores durante el día, y no siempre so

