CAP. 56 - UN PERFUME Y UN PACTO En los años 30 el cuidado en hospitales psiquiátricos era elemental y, muchas veces, más implacable que beneficiosa. Para Ágata, esto significa que está totalmente sola para pelear con su dolor y sus pensamientos, salvo por las visitas de la religiosa. Sin terapia ni apoyo psicológico, los calabozos de este tipo de hospitales eran más un lugar de reclusión que de tratamiento. Ágata podría revolver esta falta de ayuda profesional aferrándose a lo poco que le queda: las remembranzas buenas antes de la miseria, las historias de Grazia y quizá, inclusive, su propia fortaleza mental. La monja llega esa noche con una historia aún más tenebrosa que las anteriores, creada no para calmar, sino para agitar las profundidades del alma de Ágata. Algo que la sumerja e

