capitulo 31

1071 Palabras

La revelación flotaba en el aire de la oficina, cargada de una electricidad más densa que la del deseo que acabábamos de consumar. El nombre de Emma, pronunciado en la voz ronca de James, parecía haber alterado la composición misma del oxígeno. Me levanté del sofá con las piernas aún temblorosas, movida por una necesidad visceral de conectar con él, de suavizar el filo que su mirada había adquirido al observar la fotografía. Me acerqué a su espalda, sintiendo la tensión en sus músculos bajo la camisa mal abrochada. Lo abracé por la espalda, deslizando mis brazos alrededor de su torso firme, apoyando mi mejilla en su omóplato. Mis dedos se cerraron sobre sus costados y, sin pensarlo, enterré mis dientes en su hombro en un mordisco suave, una marca de posesión y desesperación. —Tiene dos a

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