Habían pasado ya tres meses desde que Alicia había firmado el divorcio con Gabriel. Ella no había visto a Gabriel en todo ese tiempo, a pesar de que ya se habían organizado con Abril. Habían quedado de acuerdo en que él la tendría lunes, martes y miércoles y ella los días restantes. Los días jueves y viernes, su suegra iría por ella a la escuela y ya Alicia pasaría por ella después del trabajo. Los sábados, Alicia salía más temprano; los domingos lo tenía libre, así podía pasar toda la mañana y la tarde con Abril antes de dejarla en casa de Celeste.
Gabriel, siempre que pasaba por la niña, nunca bajaba del carro. Alicia solo lo miraba a través del cristal del auto. Él no le dirigía la mirada; era como si no quisiera enfrentarla. En esos tres meses, una sola vez lo vio, que fue para lo del divorcio, y en dos ocasiones había hablado con él por teléfono solo para escuchar la misma letanía del porqué la dejó. Parecía que disfrutaba verla sufrir; realmente no entendía la actitud de Gabriel, ya que por llamada era extremadamente frío y malvado, pero en persona la evitaba.
Era martes por la mañana, y Alicia se vistió con una falda negra y una blusa color coral. Su cabello iba amarrado con una cola de caballo alta. Salió de su casa y, después de un rato, llegó a la oficina. Su jefe aún no había llegado. Alicia, los días que no tenía a su hija, trataba de llegar lo más temprano que podía.
—Buenos días, señorita Torres.
Axel saludó a Alicia en cuanto hizo presencia.
—Buenos días, señor.
—¿Puede pasar a mi oficina?
—Sí, señor, ahora voy.
Axel entró a su oficina y enseguida lo hizo Alicia. Él se sentó en su silla y ella en la que estaba frente a él.
—Señorita, quiero hablarle del contrato de expansión del que ha estado trabajando hace un mes. Es hora de hablar con el inversionista. Además, ir a ver dónde quedarán las instalaciones y aprovechar para ver los hoteles que se unirán a nuestra compañía.
—Sí, señor, ya le organicé su planeación del viaje, ya está todo arreglado.
—Perfecto, ¿cuándo nos vamos?
Preguntó Axel.
—¿Nos vamos? No me avisó que iría alguien más con usted, pero no se preocupe, yo arreglé todo.
—¿Cómo que alguien más? Usted va a ir conmigo; usted ha llevado toda la planeación, incluso las llamadas con los inversionistas. La dejé demostrarme que no es una incompetente como lo había pensado y lo demostró. Ahora debemos ir a cerrar ese trato.
Alicia no sabía qué decir antes de ese mes: apenas era una secretaria tonta y ahora, al parecer, ya no lo era.
Cada año se elegía un proyecto nuevo en la empresa; todos los empleados pueden participar y, si el contrato se cierra, se recibe una compensación. Nunca creyó que su proyecto en Miami iba a resultar ganador. La dinámica de dicho concurso era que todos presentaban un proyecto sin poner nombre de quién lo hacía; el jefe elegiría el más factible.
— Pues si tiene razón, está bien, haré unos arreglos, señor. Si todo sale bien, el viaje es el jueves; estaríamos 5 días. ¿Le parece bien?
Preguntó Alicia sin apartar la vista de un cuaderno que llevaba para hacer sus anotaciones.
—Sí, me parece bien.
Respondió Axel, viéndola fijamente cómo ella estaba tan concentrada en escribir. Hacía ya tres meses que trabajaba con ella y nunca se le insinuó. Lo dejó trabajar en paz como él ansiaba. Ella apenas si lo miraba, y a pesar de que él estaba teniendo lo que quería, algunas veces buscaba esa mirada. En ocasiones la encontraba, pero solo eran segundos. Muchas veces vio esos ojos hinchados. Sabía que era porque lloraba, pero se preguntaba: "¿Por qué lloraba? ¿Si alguien la lastimaba? ¿Si acaso era aquel chico con el que todos los días almorzaba? "Pero con él reía, con él se veía feliz". Estaba perdido en sus pensamientos, aun mirando fijamente a Alicia.
—¿Pasa algo, señor?
Preguntó Alicia mirándolo.
—No, no es nada.
—Bueno, entonces me retiro, voy a organizar todo.
Alicia se levantó del asiento, caminó hacia la puerta y la cerró.
Alicia se sentó en su escritorio, puso su cuaderno sobre este y recargó su cabeza en el escritorio.
"¿Por qué cuando me ve no puedo mantener su mirada? Tiene una mirada hermosa, esos ojos hipnotizan, no quiero parecer una estúpida frente a él”.
Pensaba Alicia. Levantó su cabeza y en ese momento le llegó un mensaje de Luis.
"Alicia, hoy no podré almorzar, tengo un pendiente que hacer, discúlpame, lo compensaré".
"Ntp. Suerte."
Respondió Alicia al mensaje con una sonrisa. Desde que comenzó a trabajar, todos los días almorzaba con él. Quizás no fue su amigo en la preparatoria; realmente fue amigo de Gabriel, pero empezó a llevarse muy bien con él en el trabajo. La hacía reír, era muy gracioso, hacía que dejara de pensar en ese hombre que aún le lastimaba su ausencia, pero aprendía a vivir con ella.
Alicia había terminado de enviar el mensaje a Luis y sintió una presencia. Apartó su vista del teléfono para ver que era su jefe parado frente a ella. Viéndola, sus ojos se encontraron.
—¿Señor?
—Iré a almorzar y regresaré después.
Alicia se sorprendió, ya que él siempre salía después de ella.
—Sí, señor, que le vaya muy bien.
Axel salió, bajó las escaleras porque el ascensor aún no funcionaba; había dejado de funcionar nuevamente después de arreglado, así que habían contratado a otra empresa para que lo reparara. Estaría listo en unos días.
Alicia estaba por tomar su bolsa cuando recibió una llamada y este era Gabriel que quería verla. Después de 3 meses, ¿la quería ver? Ellos acordaron verse frente al trabajo de Alicia, en el café. Alicia estaba parada afuera del café; se sentó en una de las mesas de afuera esperando a Gabriel. Después de 10 minutos llegó Gabriel, sentándose frente a Alicia.
—Alicia, quiero hablar contigo.
—Sí, dime.
Ella cambió a una cara de felicidad, aunque se sentía tonta por sentirse feliz.
— La niña me dijo que quiere ir al campamento, pero… Sabes que son 6 meses; vine a hablar contigo para ver qué opinas.
La escuela de Abril tenía una modalidad diferente a las demás. Podían asistir a la escuela como todas las demás o podían optar por el “campamento”. Les daban clases, había actividades físicas y sociables, pero era un año. Abril ya le había mencionado a su mamá que quería ir, porque su amiga Catite también iría; solo iría 6 meses porque era la otra mitad del ciclo escolar.
—¡Ah, ¿era eso? Sí, me dijo, pues ella quiere ir, está ilusionada, me duele, pero no puedo impedirlo. Yo traté de hablar con ella, incluso le dije que iría con ella, pero no quiere. Sabes que es muy terca.
—Eso lo saco de ti.
Respondió Gabriel con una sonrisa; después hubo un silencio.
—Entonces está hecho, se irá; yo tampoco quiero, pero ella lo desea.
Dijo Gabriel.
Alicia vio la mano de Gabriel y la tomó. Él se vio incómodo, pero no la apartó. Vio fijamente a Alicia y mantuvieron esa mirada sin que ninguno de los dos dijera nada. Posteriormente, Gabriel apartó su mano y volteó hacia atrás. Alicia vio hacia dónde él había volteado. Vio a una mujer realmente hermosa. El cabello oscuro les llegaba a los hombros; un maquillaje hermoso, espectacular, se venía acercando hacia ellos.
—¿Amor, ya terminaste?
Preguntó la mujer. Alicia levantó la mirada hacia esa mujer; ella la retó con la mirada. Alicia se intimidó y la bajó de inmediato.
—Sí, mi amor, vámonos, ya terminé de hablar con ella. Nos vemos, Alicia.
Gabriel se levantó de su asiento; Alicia lo tomó nuevamente de la mano, aun mirándolo. Él apartó su mano de manera muy brusca; luego siguió su camino. Alicia se levantó y volvió a tomar la mano de Gabriel. No estaba pensando en nada, ni siquiera en dónde estaba.
—¿Quién es ella?
Preguntó Alicia con sus ojos llenos de tristeza.
—¿Quién soy? Soy su futura esposa… Ahora veo por qué la cambiaste por mí, amor.
¡Mírala nada más! Es tan simple, tenías razón cuando dijiste que era una ordinaria.
Gabriel no dijo nada. Al tratar de liberarse de las manos de Alicia, él haló muy fuerte, tanto que Alicia cayó hacia adelante, quedando arrodillada en el suelo. Gabriel volteó de inmediato y vio a Alicia tirada ahí, viéndolo con lágrimas en los ojos, pero la mujer que traía a su lado lo haló para que se fuera. Ahí quedó Alicia tirada en el suelo. Después de unos segundos reaccionó: estaba en la calle; una mano se extendía hacia ella. Era Luis quien la miró tan indefensa en ese momento, como aquella noche de lluvia.
—Alicia. ¿Estás bien?
Él no había visto la escena, solo vio cuando regresaba al trabajo a Alicia en el suelo. Alicia limpió su rostro y sonrió.
—Sí, no te preocupes.
—Vamos, te llevaré al trabajo…
—Te acompaño arriba.
Dijo Luis.
—No, no te preocupes, puedo sola.
—Pero…
—No te preocupes, puedo sola.
Alicia subió, así que Luis regresó a su oficina…
Axel bajó las escaleras; ese día iría a ese café y vería qué tanto le gustaba a ella ir allá. Siempre la miraba desde su ventana con aquel chico.
Ahí estaba él, tomando un café cuando la vio, pero esta vez no venía con su amigo habitual, estaba sola y también en esta ocasión no entró al lugar. La vio sentarse y, después de unos minutos, vio a un hombre sentarse a su lado. Hablaron por unos minutos, ella tomó su mano y mantuvieron una mirada. Axel sintió un poco de celos, ya que ella nunca había mantenido la mirada con él. Su pensamiento fue interrumpido por la aparición de una mujer que no logró ver muy bien. Lo último que vio es que Alicia había caído. Axel de inmediato se levantó, pero alguien más le extendió la mano. Era aquel chico que la llevó adentro del edificio. Axel sacó su billetera, dejó unos billetes y salió. Cuando iba en la entrada, vio al chico quedar abajo y ella subir. Axel subió lentamente y escuchó cerca los pasos de ella, que en un momento se detuvieron. Él también lo hizo; él comenzó a escuchar sollozos.
Alicia colocó la palma de su mano sobre su rostro.
—Soy una estúpida. ¿Acaso no entiendo? Ese hombre me dejó por otra y yo me sigo humillando, Alicia, ¿por qué caes tan bajo?”
Se preguntó en voz alta y siguió llorando con su espalda recargada en la pared. Axel estaba igual recargado, escuchando todo sin moverse. Alicia se tranquilizó, limpió sus lágrimas y continuó subiendo hasta llegar a su escritorio, donde se sentó y recargó nuevamente la cabeza sobre él. Era algo que se le había hecho costumbre.
—Señorita, ¿puede pasar a mi oficina? Por favor, traiga su cuaderno de notas.
Alicia se estremeció al escuchar esa voz; esperaba que él no hubiera visto esa escena tan humillante.
—Sí.
Ella tomó su cuaderno, tocó y entró a la oficina.
—Siéntese, señorita, le voy a dictar algunos pendientes.
—Sí, señor.
Alicia tomó asiento y se dispuso a escribir.
Axel daba vueltas en su escritorio, abrió un cajón y comenzó a hablar mientras sacaba cosas.
—Bien, necesito que mañana deje todos los papeles ordenados para su suplente en lo que está de viaje conmigo; la oficina no debe quedar sola.
Él seguía haciendo movimientos mientras Alicia escribía sin mirar qué estaba haciendo su jefe.
—Necesito también el contrato de esa secretaria por el tiempo que estaremos fuera; aunque son pocos días, no quiero problemas.
Cuando de repente Axel se agachó hacia ella, colocó un algodón con alcohol sobre su rodilla. Ella no vio el movimiento porque fue muy rápido; únicamente sintió el dolor del alcohol sobre su rodilla, bajó la mirada y estaba él curando una herida de la que ni ella se había percatado que tenía.
—¡Señor, ¿qué hace?!
preguntó Alicia, apenada.
—¿Acaso dije que dejara de escribir? Siga escribiendo. También necesito que mañana temprano me muestre ese itinerario para saber qué se supone que vamos a hacer en el viaje.
Mientras él decía todo esto, estaba concentrado en limpiar la herida.
Alicia terminó de escribir lo más rápido que pudo.
—Señor, no se moleste, no es nada.
Él seguía limpiando esa herida, y vio cómo esa rodilla se ponía morada. Él tocó la herida y Alicia sintió un escalofrío. Axel la estaba tocando; ella lo había evitado por un mes. No lo había ni visto a los ojos más de dos minutos porque, a pesar de que extrañaba a su esposo, ella sabía apreciar lo atractivo que era este y ahí estaban viéndose a los ojos. Él volvió a bajarla para colocarle un curita.
—¡Listo, terminé! Espero que usted también haya hecho su trabajo de anotar todo.
—Sí, señor, muchas gracias, entonces me retiro.
—Bien.
Él le dio la espalda a Alicia mientras se iba. Su corazón sintió una vibración cuando él la tocó, pero rápidamente se dio cuenta de que ella era su secretaria. Además, ha trabajado tranquilo por tres meses, sin que estén encima de él.
“Solo fui caritativo con ella”.
Él pensó.
—No puedo permitir que una de mis secretarias esté así, dando esa mala imagen.
Aunque se dijo esto, él nunca había hecho nada parecido con la secretaria que fue de su padre y mucho menos con las demás que apenas habían durado y cuyos nombres no sabía.
Alicia salió de la oficina, se sentó en su escritorio, no sabía qué pensar de lo que acababa de pasar, vio el curita sobre su rodilla y se ruborizó.
"¿Qué fue ese escalofrío?”
Reflexionó Alicia.
La tarde transcurrió normal, y Axel no volvió a solicitarla. Alicia hizo todos los pendientes que necesitaba, pero recordó.
“Estoy planeando un viaje y no he avisado. "
Tomó su teléfono y, aunque dudó por lo que había sucedido anteriormente, finalmente le marcó a Gabriel. Él no contestó, entonces marcó a su suegra.
—Diga.
—Mami, soy yo, Alicia.
—Hija preciosa, ¿qué pasó? ¿Hay algún problema?
—No sé si es problema, pero es que necesito viajar por un trabajo. El que te hablé, dice mi jefe, que debo viajar con él. Traté de comunicarme con Gabriel, pero no me contestó. Quería informarle por Abril.
—Si me dijo que estaría en una junta que pasaría por Abril en dos horas, no es problema, hija, al contrario, es una buena oportunidad; ve con tranquilidad.
—¿Pero, Abril, mamá? ¿Los días que me tocan con ella?
—No te preocupes, hija, yo te apoyo con eso.
—¿En serio?
—Sí, hija, no te preocupes.
—Gracias, mamá, debo colgar, es que estoy en el trabajo.
—Sí, hija, descansa y no te preocupes.
Se despidieron, y Alicia se sintió más tranquila.
—Señor, me voy, ¿está bien o necesita algo más?
—No se preocupe, váyase con cuidado.
Alicia bajó a recepción y preguntó por Luis, pero él había salido. Ella se despidió y se fue a casa.