Axel estaba sentado en el aeropuerto; se encontraba esperando a Alicia. Vio su reloj; este marcaba la 1:15 de la madrugada. Suspiró con un poco de cansancio.
—¿No acaso me dijo que a la 1:00 nos veríamos acá?
A lo lejos vio a Alicia con su maleta; se notaba apresurada. Se acercó a él un poco agitada, se agachó poniendo sus manos sobre sus rodillas; trataba de recuperar el aliento. Axel esperaba que eso sucediera.
—Disculpe, jefe, lo siento por venir tarde. Venía bien, incluso salí temprano para estar aquí a las 12:00, pero el taxi chocó con otro auto y en lo que llegó el seguro y mi declaración, se fue el tiempo. Apenas si pude zafarme de la situación; tuve que explicarle a la policía que tenía un vuelo.
Axel se levantó de su asiento un poco preocupado por lo que había dicho Alicia con respecto a un choque. Rápidamente la vio de pies a cabeza buscando algún golpe. No se atrevió a tocarla, así que solo lo hizo con su mirada.
—¿Pero está bien?
—Sí, estoy bien, no fue grave el accidente, pero tuve que tomar otro taxi; pero ya estoy aquí, pasemos a registrar nuestras maletas.
Axel suspiró un poco más tranquilo.
—Sí, vamos.
Pasaron a revisión de documentos y revisión de maletas; todo estaba en orden. Eran la 1:40 de la mañana. Se sentaron a esperar que los llamaran. Hubo un silencio algo incómodo entre ellos dos, que se rompió 10 minutos después al ser llamados. Abordaron el avión y se sentaron en sus lugares asignados, que eran juntos.
—Señorita, ¿gusta algo de tomar?
Preguntó la azafata.
—No. Muchas gracias.
— Y su esposo, ¿gusta algo?
Alicia se puso toda roja del rostro. Antes de corregir la equivocación, contestó Axel.
—No, señorita, muchas gracias.
La azafata se retiró para atender a los demás pasajeros.
—¿Por qué no corrigió que no era mi esposo?
— La verdad, fue muy divertido ver su cara de vergüenza; además, a ella no le interesa y a mí tampoco.
Alicia hizo una cara de molestia.
—Sabe, señor...
Quedó en silencio.
—Mejor me voy a dormir.
Terminó por fin la oración; ella quería decirle que a veces se ponía muy pesado con ella y eso la sacaba de sus casillas, pero decidió tranquilizarse, no quería decir algo de lo que se arrepintiera.
—Voy a descansar durante el vuelo, ya que son casi 6 horas.
—Sí, igual lo haré yo, descanse.
Axel le respondió a Alicia.
Alicia cerró los ojos quedando profundamente dormida; escuchó un sonido de aterrizaje, abrió los ojos y vio a Axel despierto, viendo hacia la ventana.
—¿Ya llegamos? ¿Tan rápido?
Preguntó Alicia, frotándose los ojos para tratar de quitarse el sueño.
—¿Tan rápido? Fueron 5 horas y media de vuelo.
Respondió Axel.
—No lo sentí tan pesado.
Contestó Alicia.
—Pues no, se durmió todo el viaje y... Por cierto.
Axel vio a Alicia; sus ojos lucían aún adormitados, pero aún eran lindos.
—No sabía que a alguien se le escurriera la baba tanto como a usted.
—¡¿Qué?!
Alicia se puso más roja que un tomate.
—No es cierto, yo no babeo, es mentira y sí, sí pasó rápido, estaba muy cansada.
Respondió Alicia, y Axel comenzó a reírse. Alicia volteó para otro lado por la vergüenza que tenía. El avión por fin aterrizó; aún estaba un poco obscuro. Tomaron sus maletas y llegaron a la salida del aeropuerto.
—¿Ahora qué, señorita?
—Ah, nos está esperando un vehículo que nos llevará al hotel.
—Está bien, vamos.
Respondió Axel.
Subieron al vehículo y los llevaron al hotel "Diamante Resort"; cuando llegaron, se dirigieron a la recepción donde se encontraba la recepcionista.
—Buenos días.
Dijo Alicia.
— Buenos días, señorita, bienvenidos al hotel "Diamante Resort". Soy Lisa, ¿en qué le podemos ayudar?
—Tenemos una reserva.
Anunció rápidamente Alicia mientras sonreía.
—¿A nombre suyo o de su esposo?
Alicia quedó en silencio. Era la segunda vez que pensaban que Axel era su esposo. Pensó inmediatamente que era el colmo.
—A nombre del señor Axel Caballero.
La recepcionista buscó en su computadora.
—Sí, señorita, aquí está, señor Caballero, lo estábamos esperando.
Se dirigió a Axel y él solo asintió con la cabeza.
—Son las habitaciones 204 y 205 reservadas por 5 días.
—Así es, señorita.
Respondió Alicia: Axel únicamente estaba ahí como estatua, viendo cómo interactuaban esas dos chicas.
—Bueno, señorita, podría llenar esta información y le entregó sus llaves.
—Sí, claro, con gusto.
Alicia llenó toda la información que le solicitaban y, al terminar, les entregaron sus llaves.
—Que tengan una buena estadía en el hotel; cualquier cosa, no duden en llamar o informarnos, estamos para atenderlos.
—Gracias.
Sonrió Alicia.
Alicia y Axel tomaron el ascensor. Cuando llegaron a sus habitaciones, Alicia le dio la habitación 205.
—Señor, ¿usted no quería la mejor habitación?
—No, así está bien, porque puedo ver las habitaciones comunes y saber si es buen hotel para la estadía de mis clientes.
—Ah, ok, entonces le informo: la junta es a las 7:00 de la noche en el salón de reuniones del hotel; ya organiza todo.
Dijo Alicia.
—Mmm, está bien, veo que ha hecho bien su trabajo. Bueno, son casi las 10:00, debería descansar...
—Sí, usted también, nos vemos en la tarde.
Alicia y Axel se despidieron y cada uno entró en su habitación.
Cuando Alicia entró a esta, la admiró un poco, tomó su maleta, la dejó cerca de la cama, se dejó caer en esta para ver si el sueño regresaba y así descansar antes de su reunión, pero no pasó. Se levantó de la cama, miró hacia afuera por algunos minutos y vio que había un parque. Lucía, muy hermoso, pudo distinguir a las personas paseando por el lugar y regresó a donde dejó la maleta. Al abrirla, tomó su vestido blanco con flores rosas, sacó unas sandalias rosas, se metió al baño, se duchó rápidamente, cepilló sus dientes y se puso aquel vestido; cepilló su cabello, optando por dejarlo suelto, tomó la llave de la habitación y salió de esta. La llave la colocó en su bolsa junto con su celular. Alicia bajó por el ascensor y salió del hotel muy animada rumbo a aquel parque que le había llamado la atención. El clima estaba soleado, era un día agradable. Pudo sentir la brisa del viento en su cabello, cruzó la calle y comenzó a caminar por los alrededores disfrutando de ese lugar tan maravilloso.