Después de la tormenta, viene la calma. Y esa era la calma que no tenía Bastián al ver a su mujer correr de un lado a otro. Sus nervios se crisparon cuando le vio la intención de bajar las escaleras corriendo. — ¡Delia Dubois! — le grito y esta se detuvo de inmediato y lo observo. Ella se llevó la mano al pecho. —Amor— gimió— ¡Me asustaste! Él salió de su oficina y caminó hacia la escalera. —Desde la oficina te estoy observando de ir de aquí para allá— le dijo molesto— ¿Se puede saber qué es lo que tanto haces? ¿Acaso el médico no te dijo que debes reposar? Ella lo miro y con cuidado y calma bajo las escaleras. Se acerco con paso lento a él. Se elevo sobre sus pies y le dio un beso en la mejilla. — ¿Por qué estas enojado? — le pregunto ella con su voz suave y amorosa. Él se cruzó de
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