—Anael— la voz de Kaia llega a mis oídos, pero el sólo hecho de que llevo el nombre de mi mejor amigo me parte el alma, de nuevo. —Se ha ido...— volteo a verlo. —Lo sé... — me observa serio. —Debemos irnos, no estamos seguros aquí. Le sostengo la mirada, no puedo creer que esté tan tranquilo y conforme, sé que nunca se llevaron bien pero, ¿Debe mostrarse así? —Mamá... — Arina me abraza y la cargo en mis brazos.— ¿El tío Merth se ha ido? —Si— digo en un susurro. —No llores mami, Merth está en un mejor lugar, no importa que no puedas verlo— me sonríe inocente. Asiento y sonrío para ella, inmediatamente me obliga a bajarla y corre hasta Zadkiel tomándolo de la mano, el pelinegro me observa intrigado, incómodo y hasta puedo ver un leve rubor en sus mejillas. ¿Será que Arina le recuerda

