—¡Anael!— grito en plena madrugada. Ella corre hasta dónde me encuentro, luce somnolienta y cansada y no es para menos ya que pasó dos días seguidos intentando invocar a Barock, preocupada por aquel fiel sirviente que ha desaparecido misteriosamente y en verdad resulta de lo más extraño; me observa interrogante, lo único que atino a hacer es darle paso a la habitación de Arina, en cuanto asoma su cuerpo por la pequeña hendidura que deja la puerta sus ojos se abren de par en par de la misma manera en que los míos lo hicieron. —Por Dios... — susurra viéndome con temor. Las paredes del – antes rosa– dormitorio se encuentran totalmente rasgadas, como si unas inmensas garras hubieran hecho de las suyas allí dentro, los almohadones están completamente destruidos y el relleno de los mismos est

