bc

Dos formas de amar

book_age18+
0
SEGUIR
1K
LEER
oscuro
prohibido
love-triangle
familia
el amor después del matrimonio
segunda oportunidad
drama
tragedia
sweet
pelea
ciudad
Oficina/lugar de trabajo
engaño
affair
like
intro-logo
Descripción

Hannah no estaba buscando volver a amar.Algunas historias no terminan…solo aprenden a doler en silencio.Pero el amor no pide permiso.Y cuando llegó,no lo vio venir.No era fuego.No era caos.Era paz.Y por primera vez…fue suficiente.Suficiente para sanar.Suficiente para quedarse.Suficiente para ser feliz.Hasta que él volvió.Y con él…todo.El pasado.El incendio.La versión de ella que creía enterrada.Porque hay amores que te salvan…y otros que te hacen sentir viva.Y cuando tienes que elegir entre ambos,el corazón no siempre sabe cómo hacerlo.

chap-preview
Vista previa gratis
Capítulo 1
Nunca pensé que elegir flores pudiera hacerme reír tanto. —No pueden ser peonías —dijo Tom, con esa seriedad exagerada que solo usaba cuando sabía que estaba perdiendo la discusión—. Son demasiado románticas. Lo miré por encima de la libreta, sintiendo una indignación que ni yo misma me creía. —¿Demasiado románticas… para una boda? —Exacto. —Eso no tiene ningún sentido. —Tiene todo el sentido del mundo —respondió, sin levantar la vista de las muestras—. Hay una línea muy delgada entre elegante y… excesivo. Solté una risa breve. —¿Excesivo? —Sí. —Tom, es nuestra boda. Se supone que sea excesiva. —No. —Sí. —No. —Sí. —No. —Sí —repetí, alargando la palabra solo para molestarlo. Tom finalmente levantó la mirada. Y ahí estaba. Ese gesto contenido. Esa lucha silenciosa entre querer tener la razón… y saber que ya había perdido. —Está bien —dijo al fin, dejando caer el bolígrafo sobre la mesa—. Peonías para mí princesa. Sonreí, victoriosa. —Gracias. —Pero —añadió, inclinándose hacia mí— solo si prometes que no vas a convertir nuestra boda en algo cursi. —Demasiado tarde —murmuré. Tom soltó una risa baja, negando con la cabeza. —Voy a necesitar más vino para seguir con esto. —Eres dramático. —Soy práctico. —Eres dramático. Rodó los ojos, pero había algo en su expresión… algo suave, casi invisible para cualquiera que no lo conociera tanto como yo. Y estaba disfrutándolo. Lo disfrutaba todo. La boda. La discusión absurda. Nosotros. Negué con la cabeza, tratando de mantenerme seria, pero era imposible. El departamento estaba lleno de papeles, de colores, de listas interminables… y de una felicidad que se sentía en el aire, ligera, cálida, como si todo estuviera exactamente donde debía estar. A veces me detenía en medio de esos momentos y pensaba: ¿Así se siente la felicidad cuando es real? No como en las películas. No perfecta. No impecable. Pero sí… completa. Intensa. Abrumadora, pero no pesada. Y definitivamente para nada aburrida. Tom regresó con otro papel en la mano y me miró con el ceño fruncido. —Esto es importante, Hannah. No podemos elegir cualquier tipo de invitación. Lo miré desde el otro lado de la mesa, conteniendo una sonrisa. —Tom… es una invitación, no un contrato mercantil. —Todo comunica —respondió sin levantar la vista—, incluso el papel. Negué con la cabeza, divertida. Ahí estaba él. El abogado impecable. El hombre estructurado. El que siempre pensaba en términos de estrategia, incluso cuando se trataba de algo tan absurdamente emocional como una boda. Y aun así… —Entonces elige tú —le dije, cruzando los brazos—, pero si alguien dice que parecen invitaciones de junta directiva, no es mi culpa. Levantó la mirada por fin. Y sonrió. Esa sonrisa. La que no usaba con nadie más. La que no era perfecta ni calculada. La que era… solo mía. —Ven aquí. No fue una petición. Nunca lo era. Rodeé la mesa apenas un segundo después, fingiendo resistencia. —Estamos trabajando —murmuré. —No —respondió, sujetándome la muñeca con suavidad. Su pulgar rozó la parte interior de mi pulso, un contacto tan leve que no debería haber tenido ese efecto, pero que me hizo temblar—. Tú me estás provocando. —¿Provocando? —Sí. Me atrajo hacia él con esa seguridad implacable que siempre tenía, como si no existiera la posibilidad de que yo no respondiera. Y no existía. Nunca había existido. Apenas me senté sobre sus piernas, sentí ese cambio. Esa electricidad estática que siempre nos rodeaba cuando estábamos lo suficientemente cerca. El calor de su cuerpo atravesó la tela de mis pantalones, un fuego repentino y voraz que exigía más contacto. —Eres imposible —susurré, mi voz traicionándome, volviéndose más ronca, más necesitada. —Y tú me vas a casar —respondió cerca de mis labios. Su respiración ya no era tranquila; era rítmica, pesada, golpeando mi piel con una promesa. Reí apenas, un sonido que se ahogó en mi garganta cuando sentí su mano. —Todavía puedes arrepentirte. —Nunca. No dudó ni un segundo. Y algo en esa certeza siempre me desarmaba, pero esta vez, no quería estar desarmada; quería luchar contra él, o tal vez con él. Su mano subió lentamente por mi espalda, ya no deteniéndose, sino posesiva, trazando la línea de mi columna bajo la blusa. Cada centímetro que recorría dejaba un rastro de calor abrasador. Sus dedos presionaron mi cintura con una fuerza que no era dolorosa, sino urgente, un ancla para evitar que me escapara, aunque no tenía ninguna intención de hacerlo. Y entonces, sentí el primer roce real. No fue casual. Su otra mano subió por mi muslo, lento, agonizantemente lento, hasta que la palma de su mano se posó firme y cálida sobre el centro de mi necesidad. El gemido que se escapó de mis labios no fue una protesta; fue una rendición absoluta. —Tom… —¿Sí? —Esto no es justo —logré decir, mi cuerpo arqueándose involuntariamente hacia su toque, buscando más de ese calor. —¿Qué cosa? —preguntó, y su voz era pura seda y pecado, baja, retumbando en su pecho, justo contra el mío. —Que hagas eso cuando estamos intentando ser responsables. —No recuerdo haber aceptado eso. Levanté la mirada, y ya no había rastro del abogado estructurado. Sus ojos estaban oscuros, las pupilas dilatadas, fijos en mis labios con un hambre que me hizo estremecer. No era solo deseo; era una necesidad primitiva, una urgencia de reclamar y ser reclamado. Sus labios no rozaron los míos esta vez con calma. No hubo paciencia. Fue un choque. Un asalto. Sus labios se abrieron sobre los míos con una voracidad que me dejó sin aliento, y yo le respondí con la misma intensidad. No era un beso; era una posesión. Mis manos encontraron su cuello, su cabello, su camisa… casi desgarrando la tela en mi prisa por sentir su piel desnuda. Quería la aspereza de su barba contra mis dedos, el calor de sus músculos bajo mis palmas. Él me levantó ligeramente, solo lo suficiente para acomodarnos mejor, y el contacto de su cuerpo completamente contra el mío, el relieve duro y evidente de su deseo contra mi propia suavidad, hizo que el mundo entero desapareciera en un estallido de sensaciones. No había listas de invitados, ni colores de flores, ni caos. Solo existía el sabor de él, el olor a su perfume mezclado con el calor de su piel, el sonido de nuestras respiraciones entrecortadas, de nuestros cuerpos chocando en un ritmo ciego y desesperado. —Hannah… —murmuró contra mis labios, y su voz era un ruego y un mandato al mismo tiempo. Sus dientes rozaron mi labio inferior, un dolor dulce que me hizo jadear. Me aferré a él con más fuerza, mis uñas hundiéndose en sus hombros, sintiendo cómo esa intensidad crecía, como siempre. Rápida. Incontenible. Como un incendio que se alimenta de sí mismo. Porque lo nuestro nunca fue lento. Nunca fue prudente. Nunca fue moderado. Fue una colisión desde el inicio. Una certeza física que no pedía permiso. De pronto, el aire en la habitación pareció agotarse. No hubo advertencia, solo un estallido blanco que nubló mis sentidos y me dejó suspendida en la nada. Sentí cómo el mundo se fragmentaba bajo mis dedos mientras me aferraba a él. Fue un espasmo violento, una descarga eléctrica que recorrió cada una de mis terminaciones nerviosas, convirtiendo mi respiración en un grito ahogado contra su cuello. Tom me siguió apenas un segundo después, con un rugido bajo que vibró en mi propio pecho, su cuerpo tensándose hasta el límite antes de colapsar, finalmente derrotado. Durante esos latidos infinitos; fuimos solo dos pulsos acelerados tratando de encontrar el camino de regreso a la tierra. Cuando me separé apenas lo suficiente para mirarlo, supe que él también lo sentía. Ese vértigo. Esa forma en la que todo se volvía demasiado… y aun así, con él, nunca era suficiente. Apoyé mi frente contra la suya, mi pecho subiendo y bajando erráticamente, mi boca hinchada y sensible por sus besos. El pulso me atronaba en los oídos. —Vamos a llegar tarde a la cita del salón... llegaremos tarde a nuestra propia boda si seguimos así. —Valdrá la pena —respondió, con una sonrisa que no era suave, sino depredadora, aunque sus ojos estaban llenos de una devoción que me conmovía. Reí en voz baja, un sonido tembloroso. El departamento seguía siendo un caos. Pero nosotros… nosotros estábamos exactamente donde debíamos estar. Armando algo más grande que una boda. Una vida. Me levanté despacio, aunque mis manos tardaron un poco más en soltarlo. —Tenemos que terminar esto —dije, intentando recuperar algo de seriedad. —Luego. —Tom. —Luego. Negué con la cabeza, sonriendo. —Eres imposible. —Y aun así me elegiste. Lo miré. —No fue una elección. —¿Ah, no? —No. Di un paso hacia él. —Fue inevitable. Algo en su expresión cambió. Se volvió más suave. Más real. —Yo también lo supe —dijo en voz baja. —¿Cuándo? —Desde el principio. Y por alguna razón… le creí. Sin cuestionarlo. Sin analizarlo. Porque así éramos. Intensos. Impulsivos. Completamente seguros de algo que no tenía lógica. Y en ese momento… amarlo no se sentía como un riesgo. Se sentía como lo único posible.

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
61.4K
bc

MI POBRE ESPOSO MILLONARIO

read
16.2K
bc

La esposa rechazada del ceo

read
224.5K
bc

el amor lo cura todo

read
2.4K
bc

Domando al Amor

read
6.9K
bc

Tras Mi Divorcio

read
578.1K
bc

DIVORCIADA: MI EX-MARIDO ME QUIERE DE VUELTA

read
6.7K

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook