VEINTIUNO Angie vio el número de habitación que le había dado la enfermera pegado en la puerta mientras intentaba ignorar el olor antiséptico del ambiente. Dudó un momento, y entró en la habitación del hospital. James estaba tumbado en la cama, con una escayola en el brazo y un vendaje alrededor de la cabeza. Tenía los ojos cerrados mientras descansaba. Notó una considerable hinchazón y moretones alrededor de los ojos, junto con laceraciones en el resto de la cara. Tenía todo tipo de tubos conectados, que salían de varias bolsas transparentes elevadas sobre un aparato metálico. Se puso al lado de su cama, considerando si sentarse en la silla o no. Él abrió uno de sus ojos de golpe. —Angie —expresó James con una voz áspera sin mover los labios. Ella se sentó en la silla. —James, tal ve

