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1255 Palabras

Paloma, Gabriel finalmente logró persuadirme para conocer a sus hijos. Llegamos a la imponente mansión Montiel, cuyas dimensiones superaban mis expectativas. Me presenté a sus hijos menores: una chica de la edad de Julio, amigable, y un niño idéntico al niño ego. —¡Ella es Maya, Paloma! —Hola, ¿cómo estás?—saludé a la chica. —La famosa Paloma —comentó. Asentí. —Quería mostrarte lo mejor de la familia, como solo conoces al pesado de Diego— bromeó Maya. Reí. —Tú debes ser Héctor,besé al niño en la mejilla—Tengo una hermana de tu edad. Es igual de guapo que Diego. Gabriel se retiró para realizar una llamada, y me quedé jugando en el jardín con los niños. No había rastros del niño ego. Jugué a la pelota con Héctor y me dejé ganar, como solía hacer con Julio cuando era pequeñ

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