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Siempre has sido Mía.

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love-triangle
matrimonio bajo contrato
HE
los opuestos se atraen
heroína genial
heredero/heredera
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brillante
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Oficina/lugar de trabajo
seductive
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intro-logo
Descripción

Cassidy Sterling jamás imaginó que su mayor traición vendría de las dos personas que más amaba. Descubrir a su novio en brazos de su propia media hermana destroza su mundo y la empuja a huir, buscando refugio en un bar oscuro, entre copas, música y recuerdos rotos.Esa noche, perdida en el dolor, termina en los «brazos» de un desconocido. Un hombre de mirada intensa, aroma familiar y una presencia que despierta en ella un deseo inexplicable, como si su cuerpo lo reconociera antes que su mente. Pero al amanecer, y verse desnuda, solo queda el arrepentimiento y el misterio. No sabe quién es él y no imagina que su destino ya está unido al suyo. Horas después, una llamada cambia su vida para siempre: sus padres le anuncian que deberá casarse para salvar a la familia de la ruina. Su futuro esposo es un hombre poderoso, frío y desconocido, un “viejo” de apellido Kingston. Herida, traicionada y sin nada que perder, Cassidy acepta por despecho. Sin saber que ese matrimonio arreglado la llevará directo a un pasado olvidado por culpa de un accidente, y al hombre que «marcó» su piel-o cuello-en una noche que jamás debió existir, según ella.

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Te Odio San Valentín.💔
Alemania- Berlín. PVO Cassidy. —¿En serio no vas a poder venir, Kenny? —insisto, intentando que mi voz no suene decepcionada. —No, Cass, tengo demasiado trabajo, pero te prometo que mañana te lo compenso con una salida sorpresa. ¿Qué dices? ¿Qué más podía decir? —Está bien, pero no trabajes tanto, ¿sí? Te quiero —respondo en voz baja antes de colgar. Al bajar el celular, me quedo mirando la pantalla unos segundos. Ese “te quiero” sonó más forzado de lo que debía, o eso creo. Kenny es mi superior y también mi novio desde hace seis meses. Es el jefe de edición del área de prensa del conglomerado Kingston, y yo apenas era una pasante que lo conoció entre noches eternas de trabajo, café frío y correcciones de último minuto. Entre titulares, reuniones y estrés, nació algo más que una simple relación laboral. Primero fue la amistad. Luego, las confidencias y después, el beso. Se me declaró una de esas noches agotadoras, con regalos, palabras bonitas y una mirada que me hizo sentir especial. Yo acepté sin dudarlo. Los primeros meses fueron perfectos. Cine, cenas, caminatas sin rumbo, mensajes hasta la madrugada. Me hacía sentir querida, importante, única. Y hoy, por fin, celebraríamos nuestro primer San Valentín juntos. O al menos, eso era el plan. Porque desde que me negué a tener relaciones con él, algo cambió. Ya no es el mismo. Se volvió distante, frío, lleno de excusas. Casi no me busca en casa y en el trabajo, solo lo puntual. No sé si está molesto conmigo por decirle que no, o si solo estaba esperando ese momento para perder el interés. Quiero creer que no, que no es ese tipo de hombre. Que no es un patán que solo busca sexo y se va cuando no lo consigue. Eso sí me desilusionaría. —¿Srta. Cassidy, va a salir? —me pregunta María, la ama de llaves, al ver que tomo mi saco. —Sí, daré una vuelta por la ciudad en auto, para distraerme. —Miento, ya que pienso ir a darle una sorpresa a Kenny. Si él no puede venir, yo iré a él. —Entiendo, pero su padre acaba de llamarme para avisarle que quiere conversar con usted, dijo que era de suma importancia. —¿Mi papá? Desde que mamá murió hace 3 años, se ha dedicado a su trabajo de lleno, supongo, para olvidar la tristeza que le ocasionaba el vacío de la ausencia de mamá. Por momentos deseé que encontrara pareja, y se logró, cuando apareció Marena y su hija Nicol en un evento de negocios. A papá le encantó su espontaneidad, y a mí también. Nicol tiene 18, yo 21, un poco distantes, pero nos llevamos bien. Ella también estudia para reportera, y a veces yo la ayudo con sus tareas cuando puedo. Lo único diferente entre nosotras es que ella es libertina, le gustan las fiestas, y yo soy más reservada en ese aspecto. Pero bueno, ¿qué se puede esperar de una jovencita que perdió a su padre siendo una niña? —Solo me iré por un par de horas. —Miento de nuevo. Si pasa algo más con Kenny, creo que no volveré a casa. —De acuerdo, le diré su mensaje a su padre cuando regrese, Srta. —Gracias, María. Por cierto, ¿y Nicol? María rueda los ojos y suelta un suspiro desganado. Era evidente que no le agradaba mi media hermana, y no podía culparla: su actitud y su manera de comportarse siempre terminaban sacando de quicio a cualquiera. —Salió, Srta., no dijo a dónde. Ya sabe, ella nunca da explicaciones, y menos a una empleada como yo. Y lo sabía. Nicol siempre dice que a la servidumbre, hay que tratarlos como tal. Agradecí el gesto y salí rumbo al apartamento de mi novio, con la pequeña cajita de regalo bien apretada entre mis manos. Nunca antes le había dado un obsequio a ningún hombre, salvo a mi padre, y quizá por eso me sentía tan extraña. En estos días me había sorprendido más de una vez mirándola en silencio, como si guardara dentro algo más que un simple detalle. Y, sin saber por qué, lágrimas inexplicables resbalaban por mis mejillas cada vez que lo hacía. ¿Por qué? Ni idea, aunque tengo la sensación de que ya le he entregado un regalo a alguien, quizás antes de mi accidente en Nueva York, donde perdí la memoria. ¿Tuve un novio al que abandoné? Ese pensamiento me había estado matando, pero luego mi mejor amiga del colegio, Kassandra —pero que lamentablemente no recuerdo y no tengo tanta comunicación debido a la distancia— me aseguró que no. Dejo atrás ese extraño sentimiento de culpa y bajo del auto con la cajita entre mis manos. Estoy nerviosa, ansiosa, pero también segura de que a Kenny le va a gustar su regalo. Respiro hondo y me dirijo a su apartamento. Sin embargo, antes siquiera de tocar el timbre, algo me detiene. La puerta, está entreabierta. —¿Kenny? —empujo con cuidado la puerta y un extraño presentimiento me sacude. Hay un par de botellas en el suelo, además de ropa, pero no de él, sino de…¿Mujer? —No, no, esto no puede ser… —susurré, y con el corazón acelerado, continué. Pero no tuve que avanzar mucho. Ahí, en el sofá, Kenny y Nicol, ¡Mi medio hermana! se fundían en un apasionado beso, sus cuerpos entrelazados en una danza erótica que hizo que mi corazón se hundiera en mi pecho. Retrocedí y me oculté tras una pared, con una mano a la altura de mi corazón. Esto era imposible, completamente imposible. —No deberíamos estar haciendo esto, Kenny —dice ella, con esa voz inocente que creí—. Si mi hermana se entera, se va a molestar con nosotros y… —Tranquila, ella no se va a enterar.—Le asegura con tanta confianza el desgraciado.—Siempre está al pendiente del trabajo, no se va a dar cuenta, Nicol. Tú tranquila. —Lo entiendo, pero entonces, ¿por qué no terminas con ella y…? —No. —La corta antes de terminar la frase—. Necesito a Cassidy, y más ahora que se acerca la conferencia de los grandes líderes y empresarios de todo el mundo. Y ella sabe cómo obtener información, me sirve. Sonreí con un temblor en los labios. ¿Así que eso soy para ti, Kenny? Un objeto al que necesitas en tu staff para obtener las primicias. —Lo sé, ella es buena en lo que hace, pero siempre ha sido caprichosa y petulante, a veces se cree la perfecta, y por eso mis padres a veces la prefieren a ella, y a mí me ignoran. ¡¿Qué dijo?! —Incluso cuando éramos niñas ella me empujó al estante, y todo porque los chicos vieron que tenía un vestido más hermoso. —Solloza como si fuera una víctima. En serio, ¿esta es Nicol? Espera, ¿cómo que desde niñas? Ella apareció en nuestras vidas hace solo unos años. —¿En verdad es así de malvada? —Kenny, no, no le creas…—. En serio, no creí que fuera tan cruel. Ni en todos estos seis meses creí que fuera ese tipo de persona. Quise salir de mi escondite y gritarle a ambos por lo que me estaban haciendo, más allá de las mentiras que Nicol estaba soltando sobre mí, y que nunca creí que eso pasara. Tonta, idiota, utilizada, eso me siento en estos momentos. Sin esperar más nada de ellos, salí de su apartamento con la cajita en manos, pero apenas vi un basurero, la lancé y, a la vez, tiré mi amor y todos los planes que tenía en mente con Kenny. No sé por qué, pero mientras conducía, no cayó ni una sola lágrima de mis ojos. Esperé que una cascada resbalara por mis mejillas, que el dolor me desbordara, pero no pasó nada. Era como si mi corazón se hubiera congelado en el instante en que vi la traición de las dos personas en quienes más confiaba. No sé, pero no quise averiguarlo. Eventualmente encontré un refugio en un bar exclusivo, frecuentado por la alta sociedad de la ciudad. Era un lugar donde nunca me había aventurado antes, pero en ese momento no me importaba más que desahogarme de alguna manera. Me senté en el extremo del bar, sola, intentando recordar qué era lo que me había gustado de Kenny. Quizás haya sido su sonrisa, sus ánimos de salir adelante, no sé, porque guapo, no es. —¿Qué desea tomar, Srta.? La pregunta del bartender me tomó por sorpresa. En verdad no quería tomar, no era de las que resistían el alcohol, y temía hacer alguna tontería si perdía la cordura por culpa del licor. Pero mi rabia y frustración por las mentiras, fueron más, y dejó de importarme. Señalé una botella detrás de él. El joven, que no dejaba de mirarme, no sé por qué, quizás por el rostro apagado que tenía o por el exceso de maquillaje para verme linda para mi ex, me sirvió un generoso trago, lo que agradecí con una sonrisa. Enseguida tomé la copa y bebí con avidez, permitiendo que el líquido ardiente bañara mi garganta y calentara mi cuerpo. Nunca me había sentido tan bien como ahora, pero aun así no lograba apagar la rabia que ardía en mi interior causada por la traición. —Deme lo mismo que a la señorita —escuché de pronto a mi lado, después de un rato en silencio. Su voz era grave, tranquila, imposible de ignorar. Giré instintivamente y me encontré con un hombre tan atractivo que, por un segundo, pensé que estaba viendo mal. Tenía el rostro del tipo de Brad Pitt cuando era joven ¡Dios! Me giré enseguida y tomé varias veces para quitarme esa inquietud que de pronto había nacido sin explicación. Por unos minutos, y todavía con esa inquietud clavada en el pecho, el hombre permaneció a mi lado. Lo sentía cerca, su presencia era imposible de ignorar, pero evité mirarlo por pura vergüenza. ¿Cómo alguien tan apuesto como él podía estar solo? —¿Por qué una chica como tú estaría sola en un lugar tan oscuro como este? —dijo de pronto, como si hubiera leído mis pensamientos—. Eres bonita, y se nota que eres inteligente. ¿No tienes miedo de que algún infeliz se propase contigo? —¿Como usted? —susurré sin querer, y maldije por dentro. —Así que sí tiene lengua.—Idiota. —L-lo siento, es que no me gusta que me hable alguien que no conozco. —¿No me conoces? —vuelve a preguntar, dejándome confundida—. Digo, tú te pareces a alguien que conocí hace años, por eso te hablé. Yo tampoco suelo hablar con desconocidos. Este hombre, ¿qué es lo que quiere? ¡Bah! No sé, ni me interesa, así que termino por ignorarlo y tomarme todos los licores que le pido al barman, hasta que después de un rato, siento que ya no puedo más. Tengo el estómago revuelto y creo que voy a vomitar. ¿Por qué no comí algo antes de salir de casa y descubrir la mentira de Kenny? —Creo que llegaste a tu límite. —Siento que algo, creo que su brazo, me ayuda a ponerme de pie y salir a duras penas. Yo ya ni sé qué demonios hago o digo. Solo siento ese perfume tan varonil que me hace apegarme a él, a pesar de que no me siento bien. —Cassidy, tú no toleras el alcohol. ¿Por qué tenías que tomar tanto? —susurra—. En serio, te has vuelto más distraída e irresponsable. —¿Eh? —digo ofendida—. Irresponsable, tu abuela. Yo sí soy consciente de todo. “Lo estoy, aún lo estoy, pero siento que en cualquier momento lo voy a perder”. —Ajá. —Siento que me alza en brazos, revolviéndome más el estómago. —Solo unos años y te pierdes rápido, Cassidy —escucho que dice. ¿Acaso lo conozco? —Ba… ba… —Tranquila, te llevaré a un lugar tranquilo y seguro para que descanses. Quiero decirle que a mi casa no, y que deseo con urgencia un baño, pero no me sale nada de la boca. Subimos a su auto, un taxi, no sé qué era, pero fue un gravísimo error. El movimiento solo hizo que todo lo que había tomado, con la bilis incluida, saliera despedido hacia él. ¡Sí! Hacia ese rubio papacito del Brad Pitt joven falso. ¡Dios, pero que vergüenza! ¿Qué pasó después? Vaya Dios y los santos a saber. Solo cuando volví en mí y abrí los ojos, por culpa de los rayitos del sol que se colaban por la ventana, y me encontré desnuda, creí que había perdido la razón y caído en la locura. ¡Había perdido mi virginidad con un desconocido! San Valentín, ¡Te odio! Pero eso solo era el comienzo, de lo que estaba por venir, ese trágico día.

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