Gerónimo.
Esa mujer llevaba en mi casa menos de una semana y me estaba alterando de una manera descomunal, tenía razón mi memoria era selectiva cuando se trataba de ella, recuerdo su golpe en mi mejilla, verla desnuda delante de mis ojos mientras se bañaba y solo esas imágenes en mi cabeza hacia que mi pene reaccione a ello. La institutriz de mi hija es la maldita perdición de cualquier hombre, mi cuerpo y cabeza no eran la excepción a ello, porque si pudiera ya se me la hubiera follado como tanto estaba imaginando en ese preciso momento, pero había algo que me detenía y eso era pensar en Jade, porque por primera vez sentía que mi hija tenía una conexión bastante grande con esa mujer, ya que su actitud comenzaba ser diferente cuando estaba a su lado.
¡La institutriz me volverá loco!
— Gerónimo — escucho que me llama Carlo desde mi habitación.
— ¿Qué demonios haces en mi habitación? — pregunto frustrado.
Maldita abstinencia s****l, maldito pene mío que solo tiene deseos de esa jodida y loca mujer.
— ¿Qué demonios hacía la señorita Smithers aquí? — cuestiona molesto.
— No te debo explicaciones — mascullo.
— Por una puta vez piensa en tu hija, maldito egoísta — dice mirándome de la peor forma. — Tres días lleva esa chica en nuestra casa y es la primera vez que veo a Jade de esta forma, no pelea, no desafía y se complementó con ella de una manera única, así que te pido que no jodas nada, Gerónimo. Tu hija merece un padre no esta imagen deplorable que siempre le das — agrega saliendo de la habitación.
Nadie me entiende.
Todos piensan que lo hago a propósito y eso es absolutamente mentira, trato de poner lo mejor de mí, dejar de beber como lo hago, pero cuánto más lo intento más fracaso. Se que soy un pésimo padre y si Marina me viera ya hubiera huido con nuestra hija lejos porque conmigo solo tiene sufrimiento, lo veo en sus ojos.
Jade nunca me perdonará haberla dejado todos estos años.
Tratando de aliviar mis pensamientos de culpa entro al baño para darme una ducha, necesitaba calmarme, dejar de lado mi dolor de cabeza acompañado de mi resaca y buscando la manera de por una vez tratar de cumplir con mis palabras porque debía dejar el alcohol de una buena vez por todas.
Mirando el desastre de mi baño algo me llama la atención y mi curiosidad es más grande, mala idea porque al solo tomar con mis manos esa diminutiva braga de la institutriz no logro pensar de la mejor manera porque el que despierta con rapidez es mi pene.
¿Por qué me hace esto esa mujer?
Esto es una jodida provocacion de su parte.
Trato de ignorar todo, entro a bañarme, pero al cerrar los ojos la imágen de su cuerpo, el agua cayendo sobre ella, sus pechos, sus piernas, su ... ¡Ahh maldita sea! Salgo de la ducha, tomo su braga y sin poder contenerme comienzo a masturbarme con ella imaginando una y otra vez lo que podría ser meterme en su apetitoso coño del cual tanto deseo conocer. Me sentía un jodido crío mientras mi mano se deslizaba sobre mi eje una y otra vez mientras la ropa interior también ayudaba a esa fricción hasta que sin poder contenerme me corra.
— Definitivamente usted es un asco — mis ojos se encuentran con los de ella y trato de cubrirme.
— ¿Qué demonios hace aquí? — exclamo avergonzado.
— Vine a buscar mi ropa para poner a lavarla, pero después de eso — pone cara de asco. — No quiero nada, hágame el favor de desechar todo o mejor quemarlo — agrega dando media vuelta para dejarme en el baño sorprendido pero a la vez avergonzado.
Siempre la jodida con ella, me encontraba en las peores situaciones y esta se lleva el primer puesto al ridículo.
***
Me sentía sumamente avergonzado por lo que hice, no salí de mi despacho en todo el día, podía observar como Jade y ella estaban en el patio de la casa riendo, miraba como el nuevo guardaespaldas se acerca, cosa que hace gruñir al ver su encantadora sonrisa hacía él de su parte.
¿Por qué conmigo no sonreía?
— ¿Me escuchaste, Gerónimo? — pregunta Carlo que me estaba contando las cuestiones de la Bratvá.
— Si la reina de la Bratvá mató a nuestro contacto y nuevamente nos ganaron por así decirlo — contesto suspirando.
En este preciso momento me importaba una mierda mis problemas con la mafia rusa porque mi cabeza estaba en esa maldita mujer que no podía salir de mis pensamientos.
— Gerónimo — masculla Carlo.
— Estoy cansado, déjame en paz — le pido irritado.
— Todo el trabajo de tu padre, el apellido Ferrara está perdiendo el prestigio porque prefieres hundirte en la miseria, recordar a Marina no sirve de nada porque no la traerá de vuelta, solo empieza a cobrarte la vida de las personas que tuvieron la culpa de su muerte — sentencia cabreado. — No eres un buen padre, ni un buen líder y das demasiada lastima, Gerónimo — agrega al levantarse para abandonar mi despacho.
Estoy cansado de mi vida, si hubiera podido tener una opción de elegir, no quería ser el sucesor de mi padre, no quería nada de 'Ndrangheta, pero era demasiado tarde porque la única forma de salir de la mafia es con la muerte.
Ahora no es una opción porque estaba Jade en el medio de todo y lamentablemente ella sería mi sucesora porque no pienso tener hijos nunca más, la mujer que me completaba murió en manos de unos asesinos rusos ahora debía terminar con ellos para que su memoria termine de descansar en paz.
— Señor Ferrara — la voz de la institutriz me saca de mis pensamientos.
La última persona que quería ver en este preciso momento era ella.
— ¿Qué quiere? — pregunto sirviendome otro vaso de Brandy.
— Ya empezó temprano — acota irritada.
— No le importa si bebo o no, puedo hacerlo a cualquier hora — contesto mirándolo de la peor forma.
— No debería — me mira con sus esos penetrantes ojos verdes.
— ¿Qué demonios quiere? — le pregunto porque su presencia comenzaba a molestarme.
— Debería ser un poco más educado en sus contestación, después de todo la que tendría que estar enojada debería ser yo — mi mirada no baja de sus ojos. — se masturbo con mi braga, si mal no lo recuerdo — agrega haciendo que me ahogue con el alcohol que justo pasaba por mi garganta.
¡Maldición!
Otra vez quedaba en ridículo con ella.
— ¡Jodida mierda! — gruño.
— Se que es mi jefe pero déjeme decirme que es muy patético y dudo que sea un mafioso — comenta cerrando la puerta de mi despacho.
— ¿Quién demonios te dijo eso? —
— Su hija me dijo que usted es un mafioso, mata a personas, que mató a su tía y que es malo con las personas — me cuenta.
— Jade dijo todo eso de mi — murmuro sorprendido.
— Ella es muy inteligente señor Ferrara, no la subestime y abra los ojos porque su hija está sufriendo en silencio — agrega con cierta impotencia.
— Todo es mi culpa — musito.
— Si lo es — afirma ella.
— Digamos que no es de buena ayuda — mascullo.
— Solo soy sincera, porque usted pone todo de sí para que pensemos lo peor — otra vez nuestras miradas se encuentran — Si en verdad ama a su hija como dice deje eso — marca las botellas de alcohol que tengo a mi lado. — Saqué la venda de sus ojos y por un momento mire a su alrededor, fíjese de lo que pasa y dejé de condenar a su hija a ese maldito infierno en el que solo usted está — culmina.
— No necesito sus consejos — digo cabreado.
— Como diga, siga siendo egoísta como lo viene haciendo hace muchos años — acota con ironía.
— ¿Para qué vino a mi oficina? — pregunto tensando mi mandíbula.
Ella saca lo peor de mí.
— Necesito su autorización para salir de su casa, solo queremos ir a la pequeña costa que tiene. Jade quiere ir a la playa, pero si no autoriza nuestra salida no nos dejaran hacerlo — comenta.
— Jade no puede salir de esta casa — sentencio.
— Solo serán media hora — agrega tratando de persuadirme.
— Ya le dije que no, pierde su tiempo — contesto haciéndole señas que salga de mi despacho.
— Egoísta de mierda — masculla irritada.
— ¿Qué mierda me dijo? — inquiero levantándome de mi asiento para enfrentarla a ella cortando la distancia que nos separaba.
— Es un egoísta y váyase bien a la mierda, señor Ferrara — dice con furia.
— No me hable de esa forma — ella me desafía con la mirada y termino de cortar la distancia que nos separaba quedando pegada a la puerta. Sus ojos no muestran miedo si no todo lo contrario, se nota lo molesta que está por estar acorralada.
— No le tengo miedo, está estupidez que hace es en vano — declara desafiante.
— Deje de comportarse de esa forma, me está cansando y las horas de estadía en mi casa llegarán a su fin — sentencio tratando de intimidarla.
Ella es unos pocos centímetros más baja que yo, levanta su mirada y esos ojos verde oliva me miran con odio. — Despidame, señor Ferrara. — sonríe de lado. — Piensa que por tener poder puede doblegarme, está muy equivocado y como le dije defraude una vez más a su hija así que despidame — agrega sin borrar esa altanería que tiene.
— Me cae muy mal, señorita Smithers — mascullo.
— Al fin coincidimos en algo, señor Ferrara. Usted me cae demasiado mal — asegura.
No sé que me llevó hacerlo, la tomé de su nuca y junte nuestros labios, fue mínimo el contacto de su boca con la mía porque ella me empuja y así sin esperarlo su puño impacta en mi nariz.
¡Hija de puta!
Viendo la sangre que salía de mi nariz, la miro anonadado por lo que acaba de suceder.
— Nunca en su jodida vida vuelva a querer besarme o tocarme. Le hice una promesa a su hija y no dejaré que sea usted el que arruine todo — sentencia saliendo furiosa de mi despacho.
Toco nuevamente mi nariz, el dolor que sentía era indescriptible.
Esa mujer me volverá loco, no se porque me afecta tanto su forma de ser y si seguimos de esta forma puede hacerme perder la cabeza.