Aquella plática con Kevin le había resultado muy divertida a Miranda, solo que se sintió algo mal por el chico. Era notorio que a Kevin aún le gustaba su amiga, solo que Judy era tan terca que le ignoraba. Ella sabía que la joven de cabellos rizados aún amaba al chico y, aunque Miranda no creía en el amor juvenil (lo consideraba pasajero), quería que ellos estuvieran juntos. —Buenos días, jóvenes —saludó mademoiselle Sophie con rostro serio al entrar al aula y uno a uno los jóvenes se fueron acomodando en sus pupitres. Kevin, entonces, se despidió mostrando una pequeña sonrisa para avanzar hasta su asiento que quedaba muy retirado del de la chica. —Tengo que hablar contigo -susurró al oído de Judy la heredera Villemont. —¿De qué? —Preguntó en un murmullo su amiga mientras la maestra

