– No te ensucies más la manos – trato de calmarlo y tomar el control de la situación. – ¿Aún no lo entiendes? Paula, por tí, me ensuciaría absolutamente todo, no solo mis manos – su expresión es suplicante. – Bueno, pero no tienes que llegar a esto, por favor déjalo ir, hablemos. – Trato de convencerlo, tengo que sacar a Emilio de aquí y que lo atiendan. – Oh, sí, vamos a hablar, pero una vez que ya no exista Emilio entre nosotros. – Niego con la cabeza, luchando para que mis lágrimas no rueden por mis mejillas, no me puedo permitir romperme en este momento – este pendejo solamente te está distrayendo de lo que realmente sientes por mí - comienzo a dar un paso lento hacia Diego. Me atrevo a hacer eso porque he notado que relajó los hombros y sus brazos están a sus costados. Está bajando

