Suena el despertador, 6:30 am, hora de levantarse... Me pongo mis joggins favoritos, una blusa suelta deportiva, mis tenis color salmón fluorescente, mi reproductor de música, y salgo a trotar un rato, a ver si puedo apartar de mi mente a Emilio. ¿Por qué me afectó tanto?, es solo una cara bonita más…
Después de 15km, regreso a casa, con esa energía renovada que te da correr. Me baño y mientras lo hago, imagino las manos de Emilio sobre mi cuerpo – Ambroa, ¡para! ¡Para el tren! ¡No sigas ese camino! – me regaño a mi misma. Mierda, ¿qué me está pasando? Tengo que pensar en Esteban, Esteban es el único que merece estar en mis pensamientos y en mi corazòn. Termino de bañarme, tomo ropa interior limpia, unos jeans desgastados, una blusa blanca holgada de tirantes y unos zapatos de piso rojos. Mientras tomo un jugo de naranja recién exprimido que me ha dejado Bertha sobre la barra de desayuno, pienso en que hace tiempo no tengo a nadie con quien desestresarme de la mejor forma que sé. Con una buena sesión de sexo. Vagamente me pregunto si Emilio podría ser un buen candidato para s*x-pal. Sexo sin compromiso, sin sentimientos, sin involucrar nada, solamente placer crudo y puro.
Que una mujer se conozca y sepa lo que quiere en la cama y disfrute de su sexualidad a pleno, no la hace una zorra o una cualquiera. Aunque yo piense así, mucha gente todavía lo tiene como tabú y es mal visto, es por eso que casi nadie conoce esa parte de mí y solo tengo ese tipo de relaciones bajo contrato por tres cosas: En primer lugar, para estar segura que la persona con la que estoy acostándome no ande de lengua suelta; segundo, me aseguro de no enamorarme, porque el amor lo complica todo, y por último, con este contrato, acordamos ser exclusivos.
Si bien disfruto mucho del sexo, no lo tengo con cualquiera; debe reunir una serie de requisitos antes de tan siquiera considerarlo como un s*x-pal potencial…Pero aquí estoy, viendo desde el ventanal de la cocina los edificios al horizonte, con un vaso con jugo de naranja a medio tomar, considerando seriamente hacer un contrato s****l con Emilio. — ¡Mierda Paula! hablaste con el chico 3 minutos, no sabes ni siquiera su apellido y ya estás considerando cogertelo de mil colores… Bueno, tendré que empezar a averiguar sobre él si es que quiero un nuevo s*x-pal –. Tomo el teléfono que está a un lado y marco un número...
– Hola – contesta Rodriguez
– Rodriguez, necesito que investigues todo sobre Emilio…– mierda...no sé su apellido. ¿Cómo mierda sucedió eso? ¡Necesito saber nombres!- no sé su apellido, amigos en común, Rebeca López y Eugenio Martí. Creo que con eso debes tener algo, llámame en cuanto encuentres el apellido.
– Sí, señora Ambroa, en un momento le llamo de regreso.
– Bien –. cuelgo.
— Necesito recuperar algo de terreno perdido, y no hay nada mejor que pedir información antes del desayuno – declaro en voz alta. Hablando de desayuno. Marco otro número.
– Pero si es Paula Ambroa– contesta Rebeca
– Así es señorita López, ¿tiene planes para el desayuno?
– No, nos acabamos de levantar y estábamos pensando qué hacer, ¿tú tienes algo en mente?
– ¿estábamos? ¿Está Eugenio contigo?
– Sí, aquí está, y ¿Entonces? ¿Desayuno?
– Bueno, más que desayuno, sería almuerzo – miro el reloj– los paso a buscar en 1 hora, está de más decir que tienen que estar listos ¿no?
– Sip, estaremos listos. Te veo en una hora, Ambroa.
Tengo que manejar yo, ya que los domingos le doy el día libre a Charly. Son las 11 am. Veo por la ventana y hay un día estupendo, soleado, cielo azul, sin nubes a la vista. Imagino que debe haber buen oleaje hoy, veremos que pasa.
Subo a la SUV negra, para ir por mi amiga y su novio. Pongo música desde el teléfono y empieza a sonar “the magic numbers – forever lost” mientras emprendo camino hacia mi destino. La casa de Rebeca.
Toco bocina y salen los dos obedientemente. Se ven bien juntos, ella con su cabello n***o rebelde, su figura delineada, piel blanca, pero tostada por el sol, vestida con un vestido veraniego color turquesa, sandalias chic y lentes de sol y él, todo un bombon. Me gustan juntos. Si tan solo Esteban estuviera aquí...
– Buenos días, señorita Ambroa, ¿todo bien con la situación de anoche? – pregunta Rebeca, interrumpiendo mis pensamientos, mientras sube en el lado del copiloto de la SUV.
– Buenos días, srita. López, todo bien, gracias por preguntar – respondo mientras nos saludamos de beso en la mejilla.
– Hola Pau, ¿todo bien? Anoche te fuiste temprano, te extrañamos, o mejor dicho, “te extrañaron” – dice Eugenio cuando se está instalando en el asiento trasero de la camioneta.
– Hola Eugenio, todo bien, y basta de querer conseguirme pareja, la última vez que cheque, no eras casamentero –. le digo mientras le doy la sonrisita de, no molestes más.
– Bueno, ya no voy a buscarte pareja, sólo déjame decirte que sé de alguien que está muy interesado en tí, y no sabe como llegar a tí, dice que eres muy timida.
– ¡JA! ¿Tímida yo? No, corazón, de todo menos tímida, simplemente no quiero a alguien estorbando en mi camino. Formar un imperio es agotador, y no quiero gastar energías en toda esa tontería de flores, velas, cenas y corazones.
– Bueno, ya basta ustedes dos, nunca van a terminar de pelear uno con el otro. Entonces, ¿a dónde vamos? –pregunta Rebeca
– Vamos al club, hace tiempo que no voy a comer ahí, ya reservé mesa –. contesto, echando a andar la camioneta.
– Bien, me gusta ir ahí. ¿Hablaste con tu madre hoy?
– Sí, está bien, disfrutando de sus vacaciones eternas, quien no lo haría – le sonrío a rebeca.
– Sí, la verdad, es un sueño lo que está viviendo, gracias a tí – señala Rebe
– ¿A mí? Es lo minimo que puedo hacer por ella, después de lo que ha hecho por mí.
– ¿En dónde está ahora? ¿Sigue en Francia? – pregunta Eugenio
– Sí, está encantada con un lugar llamado Bretagne, al parecer quiere comprar una cabaña ahí, ya veremos – el sonido de una llamada entrante detiene mi discurso.
– Ambroa – articulo
– Sra. Ambroa, tengo la información que me pidió – es Rodriguez reportando sus hallazgos.
– Estoy en altavoz y no estoy sola, te llamo más tarde.
– Está bien, señora. Espero su llamada.
Cuelgo
– ¿Y eso qué fue? ¿A poco estas espiando a alguien? – pregunta Eugenio y sé que algo sabe.
– Deja de meterte en lo que no te importa, si no quieres que empiece a investigarte – lo miro de reojo dejando ver una sonrisa, para tratar de aligerar el tema – son cosas de negocios. Ya sabes lo que siempre digo, para tener el control, hay que tener información, para esperar lo inesperado–, termino diciendo guiñando un ojo.
***
El club, es un lugar donde todos van a demostrar que tienen dinero, a pavonearse por el área de albercas, por las canchas de tenis. Realmente a mi eso me da asco, solo me gusta venir aquí por la comida, realmente es buena, no puedo negarlo.
Después de un brunch tranquilo y una charla amena, nos dirigimos a verificar la calidad de las olas de este maravilloso día soleado.
– Buenas olas hoy, vamos por las tablas y los trajes de baño chicas – grita Eugenio a lo lejos, mientras trota hacia nosotras – vamos, antes que se vaya la luz – agrega.
– Bueno, yo los llevo y los traigo, hoy no puedo quedarme, tengo cosas que hacer – contesto
– Pau, ¿nos vas a dejar plantados otra vez? – gruñe Rebe
– no los estoy dejando plantados, es solo que tengo mucho trabajo pendiente que debo que resolver para mañana; además, seguro te encuentras con más conocidos ahí dentro – digo, viendo un par de figuras conocidas en el agua.
– ¿Te refieres a Emilio y a Edgar? – pregunta Eugenio en tono de burla – porque sí, están ahí.
– ¿Ves? – digo mirando a mi amiga – y hoy no tengo ganas de cruzarme con ninguno de los dos.
– Bueno, ¡vamos por las cosas! – dice Eugenio.
De regreso en casa, después de llevar a ambos por sus tablas y de vuelta a la playa, me acerco al reproductor de música, comienza a sonar a un volumen considerablemente alto. Suena Chopin mientras me quito los zapatos, dejándolos tirados junto a la repisa del reproductor, camino hacia la cocina, disfrutando cada nota de Nocturne in b-flat minor. Tomo una copa y me sirvo un poco de vino, cabernet Frank. Con la copa en mano me encamino hacia mi oficina.
Dejando la copa en el escritorio, tomo los primeros planos a revisar, y antes de concentrarme totalmente en eso, recuerdo que tenía que llamar a Rodriguez sobre aquel “asunto”.
– Rodriguez.
– Rodriguez, ¿tienes la información a mano?
– Sí, señora Ambroa, le mando por mail lo que conseguí, si necesita algo más específico, hágamelo saber – dice educadamente.
– Claro que sí, Rodriguez, gracias – cuelgo.
Veamos que tenemos aquí
Emilio Salvatore
Nacionalidad: Italiana/Mexicana
Edad: 32 años.
Ocupación: Ing. industrial, empresario hotelero.
En México desde los 4 años.
Su familia regresó a Italia cuando tenía 16 años.
Orientación: Heterosexual
Estado civil: soltero
Hijos: No
Pareja actual: No hay datos específicos.
Ex parejas:
Alessia Moretti. Italiana. 31 años.
Duración: 3 años (17 a 20)
Status actual: mejores amigos
Pia Pellegrino. Italiana. 27 años.
Duración: 2 años (28 a 30)
status actual: ex prometida. Sin contacto
Dirección actual: Hotel Bernard. Habitación 3656
Propiedades en Mexico: Mansion Royal. Situada en calle 9 348 (herencia familiar)
Celular: 444 44 44
– Emilio Salvatore – pienso – Así que es italiano… Alguien como él y ¿sólo dos novias? me pregunto por qué será...tendré que averiguar un poco más sobre eso. – tomo nota mental – La mansión Royal, una belleza arquitectónica, solo necesita algunos arreglos y sería la casa soñada.
Me quedo pensando en un plan para poder saber si Emilio sería un buen s*x-pal, porque eso de tener solo dos novias y que una de ellas siga siendo su amiga, me dice que se toma las relaciones en serio. Tiene todo para ser todo un mujeriego, pero mi sexto sentido, ese que nunca me falla, me dice que no es así.
***
Suena el despertador, 5:30am, veo por el gran ventanal de mi recamara que todavía está oscuro, pero hay que comenzar el día. Me lavo los dientes, me pongo mis shorts, blusa para ejercitar, tenis, mi música y salgo por un trote largo. Hay que planear el día de hoy.
Al regresar, cuando el sol ya salió, Bertha y Charly están en el departamento.
– Buenos días mi niña ¿cómo te fue en tu ejercicio el día de hoy? – pregunta Bertha cuando me ve pasar por la cocina, poniendo en la barra de desayunar un apetecible jugo de naranja recién exprimido.
– Bien Bertha, un amanecer hermoso el día de hoy, gracias por el jugo. – tomo un largo y bienvenido trago de jugo de naranja – ¿todo bien en casa?
– Sí, todo bien en casa, ¿qué deseas desayunar hoy? –pregunta con el dulce tono que la caracteriza.
– Un omelet de claras y jamón de pavo estaría bien, me voy a bañar.
Camino hacia la recamara, tomo el celular que está en el tocador, y reviso las citas que Ana, mi secretaria, ha agendado para mí, mientras me voy quitando la ropa sudada.
Me quedo helada al ver que una de las citas de hoy es de E. Salvatore.
—¿Será quien pienso quien es? ¿Será él? –, bajo un poco más el Scroll y el asunto de la cita es: remodelación mansión Royal. — ¡Sí! Es él – se me va el aire por un segundo al caer en cuenta que puede ser algo premeditado — Espero que no haya hecho la cita porque sabe quién soy.
Después de recuperarme del shock inicial por la cita, y de un baño rápido, me pongo ropa interior y una bata y salgo para tomar el desayuno, el cual me espera en la barra, junto con el diario y alguna revista de chimentos. A Bertha le gusta comprar revistas para mí, realmente no me interesan mucho los chismes de la farándula, pero a ella sí. Sé, que en realidad, las compra para sí misma.
Ojeo la revista rápidamente, mientras como, leo el diario, nada que me interese. Sigo con mi desayuno, pero no dejo de pensar en Emilio. No sé por qué motivo, ese chico movió algo en mí, esos ojos, su mirada gris cristalina penetrante, creo que puede ver a través de mí, y es algo que me incomoda. Pero es tan sexy, agh, no he podido dejar de pensar en él desde el sábado en la noche.
Terminando el rico omelet que Bertha preparó para mí, me dirijo a la recámara a terminar de arreglarme para el trabajo. Entro al baño, me lavo los dientes, me maquillo, y pronto me doy cuenta que me he maquillado un poco más de lo normal, me pregunto si es porque sé que voy a ver a Emilio. Sin duda, lo es.
Salgo del baño, busco algo de ropa. Me pongo una falda entubada corta negra, una blusa ancha color crema de botones y un blazer n***o manga ¾ a juego con la falda. Dejo que mi largo y castaño cabello caiga sobre mis hombros y espalda en cascada. Tomo mi bolso y me voy a trabajar.
– Buenos días, Sra Ambroa – saluda Ana cuando entro a la oficina de la compañía.
– Buenos días. ¿Están confirmadas las citas para hoy?- le consulto.
– Sí, señora, todas las citas están confirmadas. La cita de las 10 ya está aquí, cuando esté lista los hago pasar.
– Está bien, dame 5 minutos y hazlos pasar. – ordeno
Me instalo en la oficina, acomodo algunos papeles, enciendo la laptop y abro mi email. Suena el teléfono y sé que es Ana por el timbre.
– ¿Sí?
– ¿Ya los hago pasar?
– Sí. Ya estoy lista.
Ana hace pasar a la cita de las 10, y después de una larga charla sobre proyectos, viene la cita de las 11, de las 12, haciendo una pausa entre cada una, para despejarme un poco; es bastante difícil sacar nuevas ideas cuando tu cerebro está repleto de información. Entre cita y cita me olvido por un instante de Emilio, hasta que…
– Señora Ambroa, el señor Salvatore está aquí.
¡Maldición! Me había olvidado. Un pequeño hueco se forma en el estómago y mi corazón se me acelera, empiezo a sentirme nerviosa. El solo hecho de escuchar su apellido me pone nerviosa. Este efecto que causa en mí no me está gustando.
– Hazlo pasar. – y esas son las únicas palabras que logro decir, pero debo mantener la cordura. Debo permanecer tranquila, o bueno, al menos aparentar estar tranquila. Carajo, esto va a ser difícil.