III

590 Palabras
Pasaron varios días. Estuvo ocupado en las labores de reparación y reconstrucción. Cuando todo estuvo listo, regresó al centro de mando. Esperaba ver que habían respondido a sus mensajes... pero nada. ¿Acaso entonces era cierto? ¿En verdad sí conversó con una mujer del otro lado? Le comenzó a roer la intriga, la incertidumbre ¿Qué hacer? Parecía que era cierto. Sino, no se habría molestado. Pasaban los días y se angustiaba más y más. Hasta que una noche, decidió que no podía seguir así y escribió: - Carla, disculpa. No quise ofenderla. Pero nada. Seguían pasando los días. Comenzó a pasar más tiempo encerrado en el centro de mando esperando una respuesta. Decidió escribir algo más: - Amiga Carla, discúlpeme, por favor. Comenzó a sentir locas ganas de que ella le volviera a responder. Se arrepintió de no haberle creído. Desde que estaba allí, se había vuelto una persona muy solitaria. Hacía años, nadie le hablaba como esa mujer lo hizo. Y pasaban los días. Los pedidos de disculpa se comenzaron a convertir en súplicas: - Carla, le suplico por favor perdone mi insensatez. Cada varios días, al no obtener respuesta agregaba algo más: - Fuí un estúpido por no creerle. Días despues... el sargento agregó algo más: - Por favor Carla ¿podrías escribirme de nuevo? Pero nada. Pasó más de un mes. Esa noche hubo un ataque a la base. Dos naves espaciales gemelas  de color n***o, de gran tamaño, con forma rectangular y alas rectangulares pequeñas. Naves muy veloces; atacaron su posición. Pasaban y volvían a pasar disparando rayos laser de color rojo, verde, azul. Él salió herido por una explosión cerca de un puesto de artillería que lo lanzó varios metros mas allá. Después de varios minutos de enfrentamiento, sus hombres lograron repeler  a las naves que desistieron y se fueron al espacio nuevamente. Cuando el sargento despertó, estaba recostado en una cama de la enfermería de la base, vendado su brazo izquierdo, parte de su cuerpo; una venda rodeaba su cabeza a la altura de sus sienes. El médico que lo atendía le comunicó que ya se había restablecido. El sargento se levantó y se fue al centro de mando mientras el médico informaba a todos que el sargento se había restablecido. Varios de sus hombres fueron al centro de mando a verlo. Le informaron que habían repelido exitósamente el ataque, que él fue herido y que lo atendieron los médicos y que había dormido por casi 4 días. Luego salieron y quedó solo en el centro de mando. Comenzó a revisar y hacer comprobaciones del estado operativo de la base en las computadoras. Por la noche, al terminar lo que estaba haciendo, vió la interfaz de mensajes de texto tal y como la había dejado días antes. Decidió escribir nuevamente. Ya no le importaba si le respondían o no. - Carla, te cuento que fuí herido por el ataque a mi base de dos naves gemelas, no sé de qué bando eran. Fue algo muy peligroso. He tenido suerte de salir con vida. Mis hombres lograron repeler el ataque y yo me recupero de mis heridas. Se sintió un idiota por escribir a alguien que no sabía quien era. Miró hacia un lado de la pantalla... se puso de pie. No sabía en qué pensar. De pronto, escuchó el timbre "tin tin tan" anunciando que un mensaje le ha llegado... le respondieron. Tomó asiento rápidamente, y miró en la interfaz de mensajería, allí estaba el mensaje en letras de color rosado: - No eran de mi bando. Las vimos desde aquí atacando tu posición. No sabemos quienes son. El sargento ¿acaso ha sonreído? Tiene una expresión de felicidad en el rostro sin igual... ¡Carla respondió!
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