IV

805 Palabras
- Hola, Carla, Carlita ¿Por qué no me respondías? - Te lo mereces por idiota. - Sí, tienes razón,  soy un idiota. - Además, no tenía nada mejor que hacer. - Entonces ¿me perdonas? - Ah, bueno, esta bien. - O sea... - Te perdono. Pero que sea la última vez. Conversaron sobre muchos temas, sobre lo solos que estaban, sobre las deserciones, sobre lo olvidados por sus superiores que se encontraban. Le confesó que él no era Coronel, era sargento y estaba a cargo de toda la base. Ella también tenía algo que confesar: Las deserciones no eran casuales, las chicas las organizaban. Estaban en contacto con los chicos de la base del sargento desde hacía bastante tiempo ya. Ella cuando lo supo no tuvo mas remedio que apoyar las deserciones, organizadas cuidadosamente. Las chicas desertaban en grupos de 10 por cada 10 chicos que desertaban. Designaban puntos de reunión al norte, sur, este u oeste de las bases, zonas remotas bastante alejadas. Ella con su "staff" de mando (7 mujeres en total) se encargaban de todo. Y bueno, ella no había logrado comunicarse con ningún hombre de la base del sargento, además de ser muy vigilada por las chicas del "staff" de mando. Fue por puro azar del destino que encontró esa interfaz de mensajería instantánea mientras buscaba alguna forma de comunicarse con el exterior, y vio "En Línea" a ese usuario llamado "El Sargento"... y bueno, decidió escribirle simplemente un "hola" y ver que sucedía después... ha logrado mantener en secreto sus conversaciones con él. Conversaron sobre el planeta en que se encontraban. Estaba deshabitado hasta que ellos llegaron... y parece que será repoblado tal como se estan sucediendo las cosas. Es un planeta muy hermoso. Convesaron así, por varios días... Y acordaron terminar con todo eso. Acordaron abandonar sus bases y acordaron verse frente a frente en un lugar justo en medio de las dos bases, en medio del extenso bosque que los separa, cerca de una gran roca visible cuando se observa el bosque a simple vista. Después del medio día, él despidió a sus últimos hombres que se mantenían con él en la base. Los mandó romper filas, que eran libres. Poco a poco se fueron retirando. Cuando todos se fueron, él dio un último vistazo a la vacía base que fue su hogar por más de 5 largos años. Él también abandonó la base dejando la metalica puerta de color gris claro con algunas marcas de oxido, abierta tras de sí. Se dirigió al lugar caminando solo por entre los grandes árboles del bosque y los arbustos. Era otoño en el planeta al parecer, los árboles tenían en sus hojas ese color naranja y muchas hojas caídas sobre el terreno. Los arbustos también estaban de un color medio marrón como si se estuvieran secando. Sus pasos lo dirigían pisando suavemente las hojas secas de los árboles hacia el lugar... Llegó. Ahí estaba la gran roca de color gris claro. La rodeó y llegó a un pequeño claro. Vio una piedra de mediano tamaño un poco plana y se sentó en ella a esperar. Mientras esperaba, pensaba en muchas cosas. Tenía algo de temor ¿el enemigo lo habrá logrado engañar? ¿lo matarán? Quizás habría sido mejor haber traído una sección para que lo proteja, pero ya era tarde... o quizás mejor sea escapar de allí corriendo lo más rápido que pueda. Miraba a los alrededores, cantaban grillos, hay veces soplaba una ligera corriente de aire haciendo revolotear algunas hojas... Eran un poco más de las 4 de la tarde. Y comenzó a pensar que esa había sido una mala idea. De pronto, escuchó unos pasos en las hojas secas cerca de la gran roca. Observó con curiosidad. De detrás de la roca apareció, apoyándose con una mano en ella, una mujer madura y un poco obesa de cabello rubio y piel blanca. Vestía un uniforme militar azul claro con líneas amarillas. Él al verla, controló su frustración. La había imaginado más bella... La mujer se acercó al él. Casi tropieza al rodear la roca. Él se mantenía sentado mirándola. Cuando ella estuvo cerca, le preguntó si él es el sargento y él responde que sí, sonríe, trata de disimular su frustración. Carla no es lo que él habia imaginado. Pero es momento de aceptarla como es ¿verdad? Ambos estan solos, y la mujer lo mira sonriente. De pronto, la mujer voltea y grita hacia la roca: - ¡Carla, sí es él! Y él se queda muy sorprendido. De detrás de la roca, aparece una joven vestida con el mismo uniforme de la otra mujer. Alta, delgada, de rubio cabello largo y de piel blanca. Por la perspectiva se le ve de espaldas, no se le ve el rostro, pero desde detrás de ella se puede ver la expresión de sorpresa del sargento. Esperaba una mujer hermosa pero no tan joven... - Yo soy Carla. - Yo soy el Sargento. Y así termina esta historia.
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