CAPÍTULO 35.

2257 Palabras
Natalie miraba con recelo el enorme arco que fungía como entrada a aquel club, le había reconocido por las luces y la gente amontonándose para entrar. — ¿Me trajiste a un antro? — dijo cruzando los brazos mirando al castaño. — Te aseguro que nunca has visto nada igual, vamos. — Hay mucha gente. — Si bueno, nos dejarán entrar. La rubia vio como Jafar se acercaba a uno de los hombres hablándole en voz baja antes de que este le cediera el paso, el castaño le hizo una seña para que lo siguiera, una vez adentro Natalie pudo apreciar a lo que Jafar se refería por fuera la arquitectura era antigua, pero por dentro era completamente diferente, un lugar de lo más moderno, espejos y pantallas adornaban las paredes, luces adornaban los pisos lo cual era diferente a otro lugar donde usualmente la luz provenía del techo. Natalie sonreía recorriendo con la vista todo el lugar hasta que su sonrisa cayó, había reconocido a Rodrigo entre la gente, tenía a la pelirroja encima suyo prácticamente devorándose, ¿la escena le había afectado? Si, la realidad es que le había calado más de lo que hubiera querido, una cosa era el hecho de pensar que el castaño seguía teniendo muestras de afecto hacia Simone Malverde, pues hace tiempo lo había comprobado, pero otra era que después que Rodrigo le había dicho todas aquellas cosas lo viera de nuevo con Simone. Natalie sintió la presencia de Jafar detrás de ella aun sin despegar la vista de los dos amantes. — Sabías perfectamente que ellos estarían aquí, ¿o me equivoco Jafar?. — No Natalie, no te equivocas, te traje con la intención que tu piensas. — ¿Crees que verlos me afecta? — Natalie respiraba tratando de ignorar la opresión de su pecho — Los dos sabemos lo falso que era lo que teníamos tu hermano y yo. — Debo decir que si me siento un poco decepcionado — dijo el castaño con una sonrisa cerca del oído de la castaña — Esperaba que te afectará lo suficiente para que yo pudiera consolarte. Natalie se giró hacia el castaño quedando tan cerca que sus narices podían rozarse. — Te lo diré una vez más, nunca volveré a estar con un Montalbán, esta noche puedo dormir con quien sea, menos contigo. El castaño borró la sonrisa de suficiencia viendo como la rubia se alejaba. — ¿Te vas?. — No, me voy a divertir ¿para eso me has traído también no? Solo que lo haré lejos de los Montalbán. Dentro del área VIP Rodrigo Montalbán alejó lo suficiente a Simone para tomar su bebida, frunció el ceño al encontrarse con Jafar frente a él sonriendo de manera cínica, el castaño empujó a la pelirroja clavando su vista en su hermano. — ¿Qué mierda haces aquí Jafar?. — Que no se te olvide que también es mi club hermanito. — No es el único que tenemos, largate. Jafar miró a Simone con una sonrisa. — Me alegro Simone que tu y mi hermano se hayan reconciliado por fin, ahora veo porque Natalie insiste en que este viaje será el fin. Rodrigo abrió los ojos ¿su Natalie había dicho aquello a su hermano?. — ¿Has hablado con ella?, ¿no te dije que no quería que le hablaras a solas?. — ¿Que se supone que hiciera hermanito? — Jafar se sirvió una copa — Tú te has desaparecido con la pelirroja apenas aterrizar, ante los ojos de tus padres has dejado abandonada a tu prometida. — Debiste haberte negado. — ¿Y dejar que una mujer como ella anduviera sola en la ciudad?. El castaño menor se levantó de golpe severamente preocupado. — ¡¿Dejaron que saliera de la casa?!. — Vamos Rodriguito estamos en Italia, claramente Natalie quiere conocer la ciudad. — ¿Por qué te preocupas tanto por ella? — soltó Simone levemente molesta — Con suerte encuentra a alguien para pasar la noche. — ¡No! — dijo Rodrigo rompiendo la botella — No vuelvas a decir esas estupideces Simone. — ¡Es que no veo porque sigues hablando como si ella fuera tu mujer!. — ¡Porque lo es! — Rodrigo sabía que estaba levantando la voz, pero lo que le fascinaba del lugar era que nadie se interesaba por los asuntos de los demás — ¡Es mía comprendelo!. — ¡¿Y qué hay de mi?!. Rodrigo respiró profundamente antes de tomar asiento. Natalie tenía razón durante el último tiempo, no podían seguir así, había planeado deshacerse de Simone de otra manera, pero habían sobrepasado el tope, miro a la pelirroja que parecía lanzar chispas por los ojos. — Te quiero fuera de mi vida Simone — habló Rodrigo con voz calmada — Ya no eres de mi interes. La joven pelirroja lo miró incrédula, se giró hacia el castaño mayor que también se había pasmado ante las palabras de su hermano, no era la reacción que hubieran esperado. — He decidido casarme realmente con Natalie, no la quiero compartir, mi madre la adora al igual que mi padre, quiero que sea la madre de mis hijos y por supuesto solamente mi mujer. — Tienes que estar bromeando — dijo Simone al cabo de unos segundos en silencio, había tratado de asimilar todas la incoherencias que Rodrigo decía y aun no lograba comprender cómo es que el castaño había llegado a aquellos límites — Ella no tiene ni la clase, ni el porte para ser tu esposa. — ¿Y tu si? — soltó con burla el castaño — Solo queda tu apellido, pero tu familia no tiene nada que ofrecer, ni siquiera les hablas, has vivido de mi todo este tiempo. — Eres un infeliz, te vas a arrepentir Rodrigo cuando tus padres se enteren de todo. — ¿Ah sí? — dijo levantando una ceja inquisitivamente — ¿Quien le dirá? ¿Tú?. — Si, yo les contaré todo. — Si eso ocurre, te destruiré, porque lo único que va a pasar es que mi madre se ofenda por un tiempo, pero lo superará en cambio a ti te arrebataré hasta el apellido ¿comprendes lo que digo?. — No te atreverías. — Oh Simone, me atrevo a eso y mucho más, creo que lo pudiste comprobar con la visita de mi apreciado Belcebú. Simone Malverde abrió los ojos con terror, había olvidado aquel episodio en el que el aura del castaño la había invadido por completo llenandola de temor, no quería volver a conocer a aquel Rodrigo, si actuaba sola estaba segura que no sobreviviría, necesitaba el apoyo de alguien y no estaba segura que Jafar fuera alguien en quien confiar. — ¿No te preguntarás dónde dejé a Natalie hermanito? — Jafar sonreía, metería el dedo en la llaga una vez más, Rodrigo tenía un carácter explosivo si continuaba de esa manera para mañana estaría devastado y quizá él pudiera subir al podio en su lugar. — ¿De qué mierda hablas? — contestó el castaño menor frunciendo el ceño — ¿No la llevaste de vuelta a casa?. — Por supuesto que no, recorrimos gran parte del río caminando la verdad es que es fascinante pasar el rato con ella, además tiene unas manos tan suaves que… Jafar sintió el golpe en su cabeza mientras tratando de incorporarse pero Rodrigo le había tomado de las solapas del saco mientras Simone se había tapado la boca tratando de no gritar. — No te equivoques Jafar, no presumas lo que nunca podrás tener. — Quizá yo no, pero otros… Rodrigo golpeó directo en la nariz del castaño mayor antes de tomar una servilleta para cubrir la hemorragia mientras Jafar se quejaba del dolor. — ¿Dónde está mi mujer? — preguntó apretando la nariz de su hermano. — Aquí — soltó en modo de quejido el castaño mayor. Rodrigo lo soltó incorporándose, agudizó su vista recorriendo el lugar pero ya había entrado muchísimo más gente y era difícil reconocer a alguien, suspiro frustrado ¿donde mierda te has metido Natalie?. La bebida azul que la joven rubia portaba en su mano, ya debía estar caliente había intentado entablar una conversación con un joven italiano, pero definitivamente ninguno de los dos se comunicaba al cien por ciento, sólo le había aceptado aquella bebida a la cual solo le había dado un pequeño sorbo. El joven italiano la miró un poco frustrado. — Perché non beve? — dijo señalando la bebida. Natalie si que había entendido aquello, pero como le explicaba al hombre que no aceptaba tragos desconocidos. — Escucha, yo no quiero esto — dijo la rubia dejando la bebida en la barra. — Ha bisogno di qualcosa in più? — habló el hombre frunciendo el ceño. — No es que de verdad — dijo Natalie sonriendo mientras negaba con la cabeza, era imposible comunicarse con ese hombre. — Questo può aiutare. Natalie observó cómo el hombre sacaba un pequeño tubo mostrándole las pequeñas esferas que ya bien conocía, eran los mismos “dulces” que Rodrigo le había ofrecido aquel día que se conocieron. — Eygo — dijo el hombre tomando una en sus manos y acercándose a los labios de la rubia. Por un momento la joven rubia dudó, ¿pero que podía pasar? quizá era lo que necesitaba para no pensar en la escena de Rodrigo y Simone que seguía repitiendo en su cabeza, abrió la boca tomando a eygo para saborearlo en su lengua. — Delizioso. Natalie sintió como el hombre se acercaba acunando su rostro en sus manos. — Giorgio…— dijo la rubia, pero el joven ya se había apoderado de sus labios. Por un instante Natalie le correspondió compartiendo a eygos, hasta que el joven llamado Giorgio se alejó con una sonrisa. — Questa lingua che parliamo. — Si, supongo que no hago ningún mal — dijo la rubia antes de volverse a fundir en un largo beso con el joven italiano, hasta que un instante después las luces neón de aquel club se apagaron para después encender en un tono más claro. En respuesta murmullos de queja se comenzaron a escuchar. Giorgio aún sostenía en sus brazos a Natalie frunciendo el ceño. — Strano, non era mai successo prima. Natalie escucho a la lejanía las palabras de Giorgio mientras observaba incrédula la figura erguida que la miraba con furia, Rodrigo Montalbán se encontraba a varios metros de ella con la mandíbula tensa, la rubia solo paso saliva girándose a mirar al joven italiano que parecía no percatarse de que el castaño avanzaba hacia ellos. — Giorgio — dijo Natalie llamando la atención del hombre — ¿Sexo?. Giorgio abrió los ojos con sorpresa antes de asentir con una sonrisa. — Bien, vámonos — dijo la rubia aferrándose a la mano del joven para entremezclarse entre la gente. Conforme la salida estaba más que próxima Natalie sabía que había hecho enfurecer al castaño, pero no se dejaría amedrentar era sumamente injusto como él afirmaba ser su dueño obligandola a ser fiel, cuando por otro lado él podía tener a quien quisiera. — Vai troppo veloce. — Giorgio, Callate. El joven italiano pareció comprender eso porque no dijo nada más hasta que salieron a la calle, el cielo nocturno estaba completamente despejado la rubia intuyo que debían pasar de la una de la mañana. Giorgio la siguió guiando hasta una motocicleta. — Genial — dijo la rubia tomando el casco que el joven le ofrecía. — Sei pronta, Natalie?. — ¿Qué?, no se lo que dijiste pero arranca — habló Natalie subiendo a la moto. Giorgio asintió arrancando la motocicleta y acelerando, la rubia creyó escuchar su nombre pero no le tomó importancia se aferró a la cintura del joven italiano, sintiendo la libertad del viento. Rodrigo Montalbán gritó con furia sin importar que llamara la atención de los jóvenes a su alrededor, pronto su vehículo apareció frente a él y sin demora aceleró tras la motocicleta pero las calles eran tan estrechas que unos metros después le había perdido de vista. Las llantas de aquel coche derraparon en seco cuando su conductor frenó, Rodrigo golpeó varias veces el volante mirando con enojo hacia la calle vacía. — No puede ser, no pudiste haberte ido con él. El joven castaño suspiró dejando caer su cabeza sobre el volante. — No hagas esto Natalie, no dejes que te arranquen de mi lado. Esa madrugada Rodrigo Montalbán recorrió las calles de Florencia hasta que el coche se quedó sin gasolina, las horas pasaron mientras el castaño caminaba por toda la orilla del río hasta que llegó a la casa que le pertenecía, cuando el sol estaba por salir se dejó caer en una banca que estaba sobre el camellon del rio Arno mirando hacia la casa, preguntandose si la rubia estaría adentro, pero la respuesta llegó pronto a él cuando escuchó el sonido de una motocicleta acercarse levantó la vista para toparse con la escena de Natalie bajando sonriente de la motocicleta, vio como le decía unas palabras a aquel hombre que asintió sonriendo la besó fugazmente para después irse, la vista oscura de Rodrigo se clavó en la suave mirada de Natalie de León, en ese momento la joven rubia borró su sonrisa. — ¿Rodrigo? — dijo con voz apenas audible. El joven castaño se levantó con esfuerzo comenzando a caminar hacia ella, pero lo que Natalie nunca previno que segundos después Rodrigo Montalbán se desvanecería en sus brazos.
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