CAPÍTULO 36.

2799 Palabras
Lauro Montalbán observaba nervioso como la joven médico salió de la habitación donde Rodrigo permanecía inconsciente. Hace aproximadamente una hora, en punto de las seis de la mañana la joven rubia había entrado como alma que lleva el diablo a la casa, tanto Lauro como Grace trataron de calmarla hasta que comprendieron lo que quería decir, su hijo Rodrigo se encontraba desmayado en la acera, no sabían qué había pasado aún no cuestionaban a la rubia, se habían apresurado a asistirlo y llamar a la médico de cabecera. — Doctora Bianco, ¿cómo está mi hijo?. La doctora Alessia Bianco se había convertido en la médico personal de los Montalbán cuando residían en Italia, sumado al hecho de que conocían a la familia Bianco desde que Alessia era una niña, hace poco se había convertido en una de las mejores cirujanas generales, a pesar de no dar consultas siempre solía atender a los Montalbán cuando un caso extremo surge. — Rodrigo se pondrá bien — hablo la mujer con acento Italiano — Ha sido un caso leve de estrés, agotamiento, solo tiene que guardar reposo. — Rodrigo siempre ha gozado de buena salud — habló Grace escéptica por el diagnóstico de la doctora. — Lo sé Grace, pero parece que tu muchacho ha llegado al extremo de forzar su cuerpo anoche. — ¿Forzar?. Alessia Bianco conocía bien al joven heredero, siempre había sido un niño mimado y no sabía cómo explicarles a los padres que lo que Rodrigo Montalbán había hecho era un berrinche a sus ya casi treinta años. — Solo dejenlo descansar — insistió la doctora antes de dirigirse a la puerta — Tornerò più tardi per fare una revisione come segue. Lauro Montalbán asintió mientras acompañaba a la joven a la salida, se volvió hacia su mujer que parecía levemente contrariada. — Necesitamos hablar con Natalie, esto que pasó no se puede volver a repetir. Grace Janner asintió ante las palabras de su esposo, camino hacia la habitación donde Natalie se había retirado para asearse, pero se toparon con la joven en el camino venía cabizbaja, seguramente preocupada por la salud del castaño. — Justo íbamos a buscarte Natalie — habló Grace captando la atención de la joven. Natalie miró a los adultos mayores con angustia, no se podía sacar de la cabeza la mirada dolida y cansada de Rodrigo cuando lo encontró, era como si se hubiera pasado toda la madrugada buscándola, de cierta forma se sentía culpable era algo que no podía evitar pero también se regañaba mentalmente después de todo el castaño había hecho todo aquello porque quiso, ella no le pidió que la esperara, además ella supuso que estaría con Simone. — La doctora Bianco ha dicho que Rodrigo no sufrió nada grave — comenzó a hablar Lauro una vez que llegaron a la sala de reposo — Pero menciono que mi hijo forzó su cuerpo al grado de llegar a un agotamiento extremo. — ¿Agotamiento extremo? — dijo la rubia confusa. — Así es Natalie, por lo que mi esposa y yo estamos muy intrigados en saber qué ocurrió anoche para que Rodrigo se pusiera de esa manera. Natalie no quería mentir, una pequeña mentira los había llevado a toda esta situación y estaba cansada, pero también sabía que no podía contarles la verdad de los hechos ocurridos anoche, suspiró. — Ayer Jafar me llevó hasta donde estaba Rodrigo, ya era tarde pero le insistí en dar un recorrido por gran parte de la ciudad a pie, estaba tan emocionada que no me di cuenta que él debía sentirse realmente mal, lo lamento ha sido todo mi culpa. El rostro de Grace Janner parecía relajarse, se había imaginado algo mucho peor. — No te preocupes querida, me alegra que solo haya sido eso, por ahora Rodrigo debe descansar ¿lo has ido a ver ya?. La rubia negó, la verdad temía que el hombre se despertará y la volviera a mirar con odio. — Pues vamos, te acompaño. — ¿No cree que sea mejor que este solo?. — Oh querida eres su prometida, lo mejor es que vayas comprendiendo cómo atender a tu futuro marido. Cuando las dos mujeres entraron a la habitación se toparon con que el castaño se encontraba despierto mientras permanecía invomil sentado en la cama. — Rodrigo, hijo te has levantado ya. El castaño se giró despacio hacia la voz de su madre, abrió los ojos con sorpresa al ver a la rubia detrás de la mujer mayor. — Natalie — habló Rodrigo con voz ronca — Estás aquí. La rubia miró nerviosa a Grace que había fruncido el ceño. — Claro que estoy aqui Rodrigo — dijo acercándose — ¿Donde más podría estar?. — Tú…anoche. — No, hey tranquilo…— Natalie se acomodo a un lado del castaño — Aquí estoy. Rodrigo se aferró al cuerpo de la rubia, mientras decía palabras ilegibles. — Me imagino que aún sigue delirando — dijo Grace sorprendida de ver la escena pues su hijo nunca había actuado de esa manera. — Eh...yo me puedo quedar con él para que descanse un rato más — Natalie acariciaba los cabellos del castaño que se había quedado tranquilo. — Muy bien, aún es bastante temprano si logra descansar lo suficiente estará listo para la ceremonia. La rubia asintió observando como la madre del castaño se retiraba de la habitación, suspiró viendo que Rodrigo parecía haberse quedado dormido, se veía tan tranquilo cuando dormía que en ese momento ella también cerró los ojos ya lidiaria con el castaño y todo lo que ocurría a su alrededor últimamente. Simone Malverde miraba el texto de Jafar con molestia, le indicaba que su hermano había llegado en compañía de Natalie prácticamente de madrugada, también le había dicho que parecía ser que Rodrigo se había enfermado. — Pues te lo mereces — dijo arrojando el móvil en la cama. El hotel donde se había hospedado no se encontraba tan lejos de la casa de los Montalbán, pero si llegaba de imprevisto cuando supuestamente visitaba a sus familiares sería demasiado obvio, esperaría a la ceremonia Jafar le había indicado que la llevaría como su pareja asi que podria volver a intentar que Rodrigo entrará en razón, no podía haberla abandonado así de la nada. Los toques en la puerta de su habitación la sorprendieron, no había encargado servicio de comida, se acercó de manera precavida antes de abrir la puerta, el carrito de servicio lleno de un delicioso desayuno la sorprendió. — Señorita Malverde ¿me permitiría desayunar con usted?. Un hombre con el cabello oscuro le sonreía, iba pulcramente vestido mientras educadamente empujaba el carrito de servicio dentro de la habitación, ella lo miraba sorprendida ¿que estaba ocurriendo?. — Mi nombre es Carim Volkov — el hombre sonrió sirviendo dos tazas de café — Y vengo a hacerle una propuesta que estoy seguro no rechazara. Simone miró al hombre con sorpresa, iba vestido de lo más elegante por lo que estuvo dispuesta a escuchar la propuesta de aquel extraño. Rodrigo Montalbán abrió los ojos con pesadez, sentía el cuerpo tan agarrotado, leves flashes de la noche le llegaban de repente, había salido estupidamente detrás de Natalie y solo había conseguido que su cuerpo le pasara una factura bastante cara. — Mierda — dijo con los dientes apretados mientras se sentaba en la cama. Se fijó en el reloj de mesa que marcaba las doce del mediodía, a pesar de su dolor hizo un esfuerzo por levantarse de la cama, se tenía que comenzar a arreglar para la ceremonia, unas náuseas se apoderaron de él pero se abstuvo de ir al baño no le daría el gusto a nadie de verlo derrotado. — Ah ya estás despierto, qué bueno. El castaño frunció el ceño girándose hacia la rubia que sostenía una bandeja de comida en sus manos, Natalie le dedicó una suave sonrisa avanzando hacia él, mientras Rodrigo parecía verla como si fuera un espejismo. — ¿Cuándo llegaste? — soltó de manera brusca el joven. Natalie lo miró sin comprender. — ¿Cómo?. — ¿Cuando llegaste de revolcarte con el imbécil de ayer?. La joven rubia lo miró incrédula antes de soltar una suave risa. — ¿Tan grave estabas? Definitivamente las desveladas no son lo tuyo. — No estoy jugando chula. — Yo tampoco Rodrigo, vamos desayuna algo te hará bien. — No quiero nada que venga de tus sucias manos. — ¿Ahora son sucias? — dijo la rubia sonriendo mientras tomaba un poco de fruta, se había despertado con mucha hambre algo raro, pero tras el ajetreo de la noche debía ser normal sentirse de esa manera — Si te encanta que te toquen. — ¿Por qué crees que todo es un juego Natalie?. — Porque lo es, desde que esto comenzó ha sido un juego para ti. — Te lo he dicho ya, el trato se había acabado, quiero que tu seas mi esposa. — Ya, bueno nunca contestaste a mi pregunta ¿Porque Simone vino al viaje? — Natalie trataba de mantenerse tranquila mientras desayunaba, se moría de hambre, la fruta lucía tan antojable que no iba a esperar a que el castaño terminará con su berrinche — Claro que después de ver la escena entre tu y ella anoche, me has dado la respuesta. Rodrigo frunció el ceño, se había dejado embaucar nuevamente por la pelirroja aprovechándose de que seguía molesto con la rubia por rechazarlo, Natalie seguramente lo había visto besando a Simone ¿estaba celosa? pero si ella se veía con otro hombre. — Lo mismo podría decir de ti. — Lo de Giorgio fue después de asegurarme de que efectivamente tus palabras solo eran un vacío Rodrigo, como te lo dije no confio en ti. — No me refiero al idiota de anoche, si no al que has estado viendo en Miami. Natalie levantó la vista con sorpresa ¿cómo sabía el castaño de Travis? ¿La había estado vigilando de nuevo?. — Por tu cara noto que nunca me ibas a contar de ese hombre. — No tenía porque, cuando lleguemos de nuevo a la ciudad todo habrá terminado. — ¿Entonces lo eliges a él?. — No elijo a nadie Rodrigo, solo quiero mi vida de vuelta. — Yo dejé todo con Simone anoche, todo por tí. — ¿Ah sí?, ¿Después de follarla o antes? — soltó Natalie con sarcasmo, ya se había cansado de los chantajes del castaño. Rodrigo Montalbán había llegado a su límite, estaba frustrado era una situación completamente nueva lidiar con una mujer como Natalie con tanta desconfianza, además aun el cansancio de deambular toda la noche hacía aún más mella en él y el olor a comida había aumentando sus ganas de vomitar. — Sabes Natalie, me rindo, tu ganas chula ¿quieres tu libertad? te la daré — dijo con una sonrisa triste — Pero que sepas que no le pedí a Simone que viniera todo fue una treta por parte de Jafar y ella, yo nunca supe que se conocían desde Francia, han estado en complicidad para arruinarme desde entonces. La joven miró con sorpresa al hombre frente a ella, de verdad parecía derrotado, su cara solo reflejo tristeza y cansancio en ese momento, quizá estuviera diciendo la verdad, pero estaba reacia a creerle no después de tantas mentiras. — ¿Cómo sé que es verdad?, Además ¿Sin trucos me dejaras irme?. — Sin trucos Natalie de León, en cuanto regresemos a la ciudad serás libre y se que no confías en mis palabras, pero Jafar no es la clase de hermano que tú crees hay mucha historia detrás. El castaño se sorprendió al sentir el abrazo de Natalie, se aferró a su cuerpo hundiendo su nariz en su cuello. — Gracias. — Voy a extrañar tu olor rubia. — No digas tonterías — dijo Natalie separándose lo suficiente para ver al castaño a los ojos, una lágrima traicionera resbaló por su mejilla, no sabía si de felicidad o por el hecho de que de alguna forma la tristeza también la había embargado, no iba a negarse que comenzaba a sentir algo por el castaño, pero tampoco debía engañarse, ellos nunca tendrían un futuro afín, no era el destino estar juntos el resto de su vida. — Se que no tengo derecho a pedir nada — hablo el castaño pegando su frente con la de Natalie — Pero, hasta que nos vayamos ¿podrías fingir estar enamorada de mi? Aunque estemos solos. “Quizá no era necesario fingir mucho” pensó la rubia uniendo sus labios en un beso simple, como si de un pacto se tratara no había intenciones de más solo la sensación de sus labios sobre los de Rodrigo, aunque en lo profundo de su ser sabía que debía ser masoquista para lastimarse de aquella manera. — Me alegro que te sientas mejor hijo. Grace Janner había entrado a la habitación interrumpiendo la tierna escena, para ella simplemente eran dos jóvenes enamorados. — Alessia, que placer verte de nuevo — habló Rodrigo reconociendo a la mujer detrás de su madre — ¿Has venido a ver cómo seguía?. — Rodrigo, sono felice di vederti sveglio. La joven doctora se acercó a saludar al castaño con un beso en la mejilla. — Sei bellissima Alessia. El castaño no podía evitar sentirse feliz al ver a una de sus amigas de la infancia, Alessia era la única mujer que sabía mucho de los secretos de Rodrigo Montalbán, habían crecido juntos la mayoría de su niñez, incluso en algún momento dentro de los estudios del castaño habían vivido juntos. — Natalie querida, dejemos que la doctora Bianco revise a Rodrigo — habló Grace Janner invitando a la rubia a salir. Natalie miró la escena no muy convencida, odiaba sentirse de esa manera, como si estuviera celosa, pero tenía que quitarse esos pensamientos, ella había renunciado a una relación con Rodrigo, suspiró viendo como el castaño la miraba con burla. “maldito” pensó antes de seguir a Grace Janner fuera del dormitorio. Alessia Bianco miró a su amigo con una ceja alzada. — La tua fidanzata è bellissima. — Si, lo es, pero ya no será mi prometida Alessia, Natalie ha decidido terminar con esto. La joven doctora no pudo evitar sorprenderse pues apenas llegó a la casa de los Montalbán, Grace Janner le había contado emocionada que la boda de su primogénito se llevaría a cabo en poco tiempo, prácticamente tenía casi toda la ceremonia lista, observó al castaño que parecía bastante recuperado pero sus ojos reflejaban una tristeza que no podía ocultar. — Estás dejando ir a la mujer que amas, ¿por qué?. — Yo nunca me enamoro Alessia y ella tampoco. — Imposible — dijo sonriendo la joven — Ella estaba preocupada por tí, se ha quedado a cuidarte desde que te desmayaste en la entrada de tu casa. — ¿Desmayarme?. — Hiciste un berrinche, ambos lo sabemos, forzaste a tu cuerpo y se que tiene que ver con la linda rubia que acaba de salir de tu habitación. Rodrigo la miró ofendido pero no lo negó. — ¿Ella estaba aquí?. — Ella te cuidó Rodrigo. — No — dijo el castaño negando con la cabeza, Natalie se había ido con un hombre no podía ser que se hubiera quedado a su lado. Alessia sonrió al ver la cara de contradicción de su mejor amigo, nunca había sido bueno revelando sus sentimientos. — Vamos, a mi no me puedes engañar ¿que sientes cuando la ves?. Rodrigo frunció el ceño analizando la pregunta de su amiga, observó la cama destendida con el desayuno que Natalie había llevado para los dos, ¿ella de verdad se había quedado con él?. — Sé que no quiero verla y arrepentirme de haberla perdido, cuando la conocí parecía el plan perfecto ¿sabes? una mujer hermosa dispuesta a revolver mi cama para después esfumarse, no estaba preparado para quedarme en su vida pero al mismo tiempo he hecho de todo para permanecer en ella y aun así Natalie está renunciando muy pronto a lo que quizá sea nuestra felicidad, tu me conoces Alessia no soy un santo, tampoco voy a rogarle, no puedo decir que la amo completamente porque eso sería una mentira, lo único de lo que estoy seguro es de que quiero que se quedé, que se quede para siempre. Alessia Bianco suspiró, para Rodrigo Montalbán reconocer que se sentía algo tan fuerte por alguien era un gran sacrificio, ella le creía cuando decía que aún no amaba a la rubia, pero también sabía que el hombre debía estar protegiendo su corazón después de todo a nadie nos gusta que nos dejan caer sin alas.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR