CAPÍTULO 28.

2253 Palabras
Natalie abrió los ojos con pesadez, sentía su cuerpo agarrotado mientras trataba de incorporarse. ¿estaba en su habitación? pensó confundida, lo único que recordaba era haber tomado el transporte de personal. — Mierda — dijo en voz baja limpiando el sudor de su frente, definitivamente se sentía mucho mejor, aunque unas repentinas náuseas le causaron malestar, pronto escuchó un suave ronquido que la asustó, la rubia se giró hacia el pequeño sofá que tenía en la esquina, vio como el castaño permanencia en una posición bastante incómoda, estaba en boxer con una playera que reconoció como la de su padre. — ¿Rodrigo?. El castaño abrió los ojos de golpe, escuchando su nombre de la voz de la rubia creyendo que era un sueño. — Chula — dijo acercándose a la cama y tocando la frente de la castaña — ¿Estás bien?. Natalie lo miró confundida para después mirarlo molesta. — ¿Que se supone que haces?. — Asegurándome que la fiebre haya disminuido. — ¿Fiebre?. — Anoche te desmayaste en mis brazos, entre tu padre y yo bajamos la fiebre. — ¿Mi padre dejo que te quedarás?. — Estoy aquí ¿no? — dijo el castaño sentándose en la cama tomando la mano de la rubia entre las de él — Pensé que te había pasado algo grave ¿te sientes mejor?. La rubia vio la preocupación en los ojos del castaño, suspiro haciendo una mueca. — Solo me duele el cuerpo, la fiebre debió disminuir por la noche. — Estabas delirando, deberías descansar un poco más. — No puedo, la universidad… — No irás a la universidad Natalie estás enferma — la actitud preocupada de Rodrigo había sido reemplazada rápidamente por molestia — Además que en la tarde te acompañaré a renunciar. — Por supuesto que no, necesito el trabajo. — Hablaremos cuando te sientas mejor — dijo el castaño acomodándose en la cama y tomando a la rubia de la cintura. — ¿Por qué haces esto?. — Puedo irme Natalie, pero sé que ninguno quiere eso. La rubia se acomodo en el pecho del castaño, Rodrigo tenía razón, no quería que se fuera o por lo menos parte de ella no quería que lo hiciera, aún así no lo dijo en voz alta, guardó silencio cerrando sus ojos, no quería pensar en el hecho de que su corazón le gritaba cuanto había extrañado los brazos del castaño, porque no quería sentir lo que estaba sintiendo, se aferró a disfrutar el momento porque cuando se volviera a despertar esa fantasía terminaría de nuevo. Marco abrió la puerta de su casa cuando el reloj marcó el medio día, se había levantado hace poco tiempo había pasado gran parte de la noche en vela hasta que Rodrigo Montalbán le había indicado que descansara lo más seguro fuera que Natalie no despertara hasta la mañana siguiente y así lo hizo, cuando amaneció había entrado a la habitación para encontrarse con la escena de los dos jóvenes abrazados en la cama, suspiró pues estaba comenzando a creer que para el joven Montalbán solo había dos caminos, uno era que hubiera comenzado a sentir algo de verdad por su hija o el otro era que, definitivamente solo era un capricho para él, con esta última idea abrió la puerta principal pues los leves golpes le alertaron. — Hola señor Marco — dijo Tala entrando seguida de sus amigas y el moreno — Hemos venido porque Nat no ha contestado su celular, tampoco llegó a mi casa anoche. El hombre suspiró invitándolos a sentarse mientras servía café. — Mi hija esta bien, esta aqui en la casa. — Que bien — dijo Adrian con entusiasmo — Creíamos que Rodrigo había dado con ella de nuevo. — ¿De nuevo?. — Ayer fue a la universidad a buscarla, después de que el asistente vigilará durante todo el día esperando a que llegará. — ¿La estuvo vigilando? — dijo Marco molesto. — Hasta que dio con ella — dijo Cloe tomando un sorbo a su café — Adrian se la tuvo que llevar ayer para que no la siguiera, pero Nat le dijo al hombre ese que se alejara o pondría una denuncia. “vaya denuncia puesta” pensó Marco al recordar cómo su hija dormía pacíficamente en brazos de Rodrigo. — ¿Sabe por qué no fue a la universidad? — habló Sarah preocupada. — Ayer llego un poco enferma, ya amaneció mejor pero lo ideal es quedarse a descansar. — Le hemos dicho que no aguantarían tanta presión, el trabajo es muy demandante al igual que la universidad — soltó un poco molesta Tala. — Señor Marco — dijo Adrián llamando la atención del hombre al ver la culpa en su rostro, seguramente pensaba que si no hubiera renunciado Natalie no tendría que pasar por algo así — Sabemos que ustedes no aceptarían dinero de nuestra parte pero en vista de las circunstancias Tala ha hablado con sus padres. La chica de rasgos étnicos asintió con una sonrisa. — Espero que no le moleste, pero necesitamos un jardinero en casa, no es un turno pesado, además a usted le gustan mucho las plantas. Marco la miró con sorpresa. — ¿Me estás contratando muchacha?. — Mi padre en realidad, tendría que hablar con él hoy mismo ¿que dice?. — Estaré encantado — dijo sonriendo — Pero tienen que convencer a Natalie que deje ese trabajo y se dedique a sus estudios. — Delo por hecho — dijo Cloe levantándose — Ahora mismo iremos a verla. — No creo que sea prudente. Los jóvenes miraron al padre de Natalie que parecía nervioso. — Veran, ella no está sola. Cloe volvió a tomar asiento junto a su hermana escuchando el relato de Marco de León sobre la noche que había pasado, la cara de escepticismo que debían haber puesto los presentes debía ser irrepetible. Cuando el castaño abrió los ojos de nuevo, una media sonrisa apareció en rostro reconociendo las paredes rosas de la habitación de la rubia, además Natalie seguía en sus brazos, eso le hacía sonreír aún más. — Pareces un psicópata sonriendo de esa manera. Rodrigo borró su sonrisa mirando con el ceño fruncido a la rubia, que le sonreía con burla. — Veo que te sientes mejor. — Si, solo necesitaba descansar, gracias por cuidarme — Natalie sentía que sus mejillas se ruborizan pero nunca pensó que Rodrigo Montalbán pasaría la noche en vela por ella. — No podía permitir que te enfermaras, dentro de unos días iremos a Italia. — ¿Qué? — logro decir Natalie después de unos segundos en shock. — Mi padre ha preparado el avión para viajar en familia, nos iremos el viernes temprano a Italia. Rodrigo hablaba de manera tan suelta, que era como si todo lo pasado en días anteriores no hubiera ocurrido para él. — No — Natalie se había levantado de la cama mientras negaba con la cabeza — Rodrigo no, te agradezco que hayas cuidado de mi anoche, pero no te confundas, no volveré a hacer un trato contigo. La joven rubia abrió la puerta de la habitación dispuesta a salir, percatandose de nueva cuenta de las intenciones del castaño ¿Volver a seguirle el juego? Eso jamás, pensaba la rubia cuando sintió la presencia del castaño a su lado cerrando de golpe la habitación mientras la acorralaba con su cuerpo. — No te estoy pidiendo ningún trato Natalie. La rubia lo miró confundida; mientras el castaño sonreía tomándola de la cintura, para Rodrigo tenerla de nuevo en sus brazos, sentir sus respiraciones cerca, era como sentir la euforia que eygos le proporcionaba, así que dejando de lado ese arrogante orgullo que tenía le soltó las palabras que últimamente se acumulaban en su cuello. — Te quiero a ti rubia. Natalie cerró los ojos al instante que sintió como Rodrigo la besaba suavemente, sentía como su corazón se había detenido un segundo para después latir tan rápido que en cualquier instante saldría de su pecho, recorrió con sus manos la mandíbula del castaño antes de enredar sus dedos en su cabello, le había devuelto el beso de la misma manera que él lo hacía y eso le causaba temor, pareciera que le abría la puerta a los nuevos sentimientos que se había negado a que florecieran. La joven se alejó lentamente de Rodrigo que aún permanecía con los ojos cerrados. — Me tengo que bañar — dijo en un intento desesperado por aclarar sus ideas. — Pues vamos — dijo Rodrigo con una sonrisa al tiempo que abría la puerta hacia el pasillo mientras aún sostenía de la cintura a la rubia. — No — dijo riendo Natalie mientras caminaba de espaldas — Rodrigo… Los dos jóvenes reían como una pareja enamorada hasta que un carraspeo se escuchó. Natalie sentía como si el alma hubiera salido de su cuerpo cuando vio a través del pasillo como sus amigas la miraban con una ceja alzada al igual que Adrián, por otro lado su padre parecía resignado. — Que…¿qué hacen aquí? — dijo intentando alejarse del castaño pero este se aferro a un mas abrazándola por la espalda. La rubia bufó comenzando a caminar hacia la sala con el castaño pegado a ella, la única que parecía verle lo divertido al asunto era Cloe que puso una pequeña sonrisa de burla en su rostro. — Buenos días señor Marco — dijo Rodrigo sentándose en el único espacio libre con Natalie sobre sus piernas — ¿Pudo descansar lo suficiente?. Marco carraspeo asintiendo. — Gracias joven Rodrigo, amanecí bien. — Pues me alegra, además que estén todos reunidos me facilita las cosas — sonrió cuando Natalie lo miró con el ceño fruncido — Natalie y yo nos hemos reconciliado. — Rodrigo…— comenzó a hablar la rubia con voz cansina pero se vio interrumpida por el castaño. — Dejame hablar mi amor, a pesar de que al único al que le debo explicaciones es al señor Marco se que ustedes son sus amigos, entonces Simone Malverde vino a hablar con usted ¿no es así? — dijo el castaño mirando al hombre mayor, que asintió levemente — Lo que le dijo no es completamente mentira, es verdad que yo tuve una relación con esa mujer, así como es verdad que le prometí ser mi esposa, pero desde que Natalie llegó a mi vida, las cosas cambiaron deseo firmemente que su hija sea mi esposa, Simone hizo mal en hablar con usted porque se produjo un malentendido, ella vino de Francia tras de mi, pero le aseguro que las cosas se solucionaron, amo a su hija señor de León y quiero casarme con ella. Por un instante Natalie creyó en las palabras del castaño, por un instante se sintió emocionada, solo por un instante porque después esa sonrisa torcida arrogante que tanto conocía apareció en el rostro de Rodrigo, la rubia apretó los labios mirando a su padre que parecía desconcertado. — ¿Es verdad hija? — dijo Marco — ¿Porque te has quedado callada cuando dije todas aquellas cosas?. Natalie sabía que podía negarlo todo, era su oportunidad pero sentía las manos firmes de Rodrigo sobre ella, además estaba el hecho de que el castaño había permanecido la noche a su lado cuando bien sabía que la podía haber dejado sola. — Yo no conozco a Simone papá, primero necesitaba hablar con Rodrigo — terminó por decir la rubia bajo la atenta mirada de sorpresa de sus amigos. — Entonces ¿aún se casarán? — habló Adrián con el ceño fruncido. — No. — ¿No? — reaccionó el castaño frunciendo el ceño. Natalie sonrió hacia el castaño tomando su rostro en sus manos. — He dicho no Rodrigo, hasta que no logremos una relación sana la boda se retrasará. — Mi madre… — Yo hablaré con Grace Janner, después de todo será mi boda — la rubia beso de manera fugaz a un perplejo castaño antes de levantarse y dirigirse a la cocina — Bueno, ¿alguien va a desayunar?. Marco esperó a que su hija en compañía de sus amigos salieran al jardín. — Rodrigo espera un momento. El castaño volvió a tomar asiento. — Lo escucho señor Marco. — No estoy seguro de poder confiar en lo que dices muchacho, pero tampoco puedo obligar a que Natalie deje de verte, lo intente y fracase, si es verdad que la tal Simone Malverde no es nada tuyo, tendrás que probarlo y convenceré a mi hija que la boda se realice el día que tenías planeado. — Le aseguro señor Marco que… — No me asegures nada por ahora muchacho — Rodrigo apretó su mandíbula con molestia era raro que lo interrumpan de esa manera, esa acción solo se lo había permitido a la rubia — Convenceme joven Montalbán, porque asi como puedo convencer a mi hija de casarse contigo, puedo convencerla de desaparecer y toda tu vigilancia no va a hacer nada contra un padre que quiere proteger a su hija. Rodrigo Montalbán se quedó mirando fijamente por donde Marco de León se había ido para alcanzar a su hija, escuchando las risas en el pequeño jardín. Era como si hubiera obtenido una segunda oportunidad con la rubia, definitivamente en la primera les había ido bastante mal, además ahora tenía que buscar la forma en que Natalie de León le permitiera encontrar la forma de probar que quizá él le hubiera cedido su corazón sin saberlo.
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