El miércoles por la mañana, el día había amanecido nublado, algo bastante extraño para esa época del año, Rodrigo se había dedicado todo el día anterior a estar metido en la oficina, pronto sería la junta de socios donde mostraría la expansión del hotel y tenía que estar preparado, además le había servido para no pensar en la rubia.
— ¿Te encerraras de nuevo en la oficina hoy?.
El castaño se giró hacia la pelirroja que lo miraba molesta desde el balcón.
— Tengo trabajo Simone, tienes una tarjeta sin límite de crédito utilizala.
— ¿Verás a tu meserita hoy?.
— No te incumbe.
Simone había estado al pendiente de cualquier situación que modificara el estado de ánimo del castaño, tenía la seguridad que el padre de la rubia debía de haberle contado todo, por lo que no se explicaba porque Rodrigo no había recibido ningún reclamo de su parte. Se mordió el interior de la mejilla viendo como el castaño salió de la habitación, tenía que buscar a Jafar no era posible que su plan saliera mal, Rodrigo debía estar ardiendo en rabia.
Seis jóvenes estaban reunidos en una de las bancas del lago de Nova South, el día de ayer habían estado preocupados por su rubia amiga, ya que se había esfumado pero ahora que escuchaban su versión era comprensible el porque lo había hecho, conocían a Natalie desde hace tiempo, sabían lo fuerte que era, pero lo doloroso que era que su padre se sintiera de aquella manera por su culpa.
— Nat, ¿estás segura de posponer las prácticas? — habló Adrían cuando nadie más se atrevía — Sin eso no te podrás titular.
— Lo sé, pero es más importante el trabajo, por lo menos hasta que mi padre consiga un empleo y aun así será un poco complicado.
Natalie no quería mirar a sus amigos, sabía que estaban preocupados pero se sentía como si le tuvieran lástima por su situación. El día anterior se había encargado de buscar empleo desde que había amanecido, hasta que por fin había obtenido uno que le beneficiaba para poder seguir estudiando, sería bastante pesado por los horarios pero eso la mantendría ocupada todo el día.
— Por favor, solo necesito que me apoyen.
— Cuenta con ello cariño — dijo Tala abrazándola por los hombros — No estarás sola, Rodrigo Montalbán no se te volverá a acercar.
— Desearía estar segura de eso — dijo la rubia con una sonrisa triste — Pero es capaz de lo que sea con tal de lograr sus caprichos.
— ¿Le devolverás el anillo? — dijo Sarah señalando la mano de la rubia.
Natalie observó la piedra brillando en su mano antes de quitárselo, se había acostumbrado a tenerlo que deshacerse de él le pesaba en cierta manera.
— ¿Se lo podrías entregar por favor?.
Natalie entregó el anillo a un sorprendido Adrián.
— ¿Estás segura que yo…?
— No quiero verlo, además prometiste hacer lo que sea para sacarme de este hoyo.
Adrián sonrió de lado mientras guardaba el anillo.
— No te preocupes Nat, yo me aseguraré que lo tenga de vuelta.
Natalie asintió, saldría adelante solo tenía que asegurarse de que el heredero Montalbán no se volviera a cruzar en su camino.
Grace Janner miraba impaciente hacia el reloj de la sala de juntas, frente a ella estaba el planeador de boda que había contratado para su hijo, pero tal parecía que el castaño y su prometida se habían olvidado de su compromiso, era la segunda vez que Natalie de León le faltaba al respeto de esa manera, no dudaba en que fuera una buena muchacha pero tenía que comportarse como la prometida de Rodrigo Montalbán y cumplir con los compromisos sociales que próximamente se le vendrían encima.
— Deben permitirme un momento — dijo la mujer mayor antes de salir de la habitación.
Susan Guido era la joven secretaria de Lauro, se acercó hacia ella con cara de pocos amigos.
— Susan, contacta de manera inmediata a Rodrigo.
— Él joven Rodrigo está en junta con el nuevo grupo de inversionistas, desconozco cuánto se tardará.
— Entonces busca la manera de comunicarte con la señorita de León, la prometida de mi hijo.
— Sí señora.
Grace camino a paso seguro a donde sabía que encontraría a su primogénito.
La sala de juntas del tercer piso estaba llena por la nueva empresa inversionista que Rodrigo había contactado, estaba seguro que su plan no fallaría, aunque tenía los recursos necesarios para no irse a la quiebra con Igor Petrov respaldando la expansión, necesitaba esa tapadera para que su padre no sospechara.
— Entonces señores, están de acuerdo en recibir el cinco por ciento, con tres años de recuperación ¿correcto?.
— ¿Y la cláusula en la que indica que usted señor Montalbán puede recomprarnos su porcentaje?.
Rodrigo miró al abogado de West Inc. era una empresa que se dedicaba a la elaboración de inmobiliarios a gran escala, para el castaño era la tapadera indicada, pues la renovación del hotel incluye diseños exclusivos para los hoteles Montalbán por parte de esta empresa.
— Como bien lo dice ahí, si en el transcurso de dos años no logró comprarles su parte al mismo valor del que ahora están invirtiendo, se quedan con su porcentaje entero.
El abogado se inclinó hacia Harry West el joven emprendedor dueño de West Inc, era un hombre de la edad de Rodrigo, había impulsado su empresa vendiendo diseños exclusivos a un alto costo a empresas multinacionales.
— Estamos dentro señor Montalbán — dijo Harry West extendiendo la mano hacia el castaño que la tomó con una sonrisa.
— Bien señor West, le aseguro que no se arrepentirá.
— Por favor llámame Harry, ahora somos socios.
En ese momento la puerta se abrió dando paso a una Grace Janner bastante molesta, miró a su hijo antes de dirigirse a los demás hombres en la sala.
— Buenas tardes caballeros, una disculpa por la intromisión pero me es urgente hablar con mi hijo Rodrigo.
— Señora Montalbán, es un placer conocerla — dijo el joven West besando el dorso de la mano de la mujer — Soy Harry West, le aseguro que no es molestia.
Rodrigo se levantó confundido, su madre parecía molesta.
— ¿Ocurre algo madre?.
— No me tomará más de cinco minutos lo que te diré Rodrigo, acompáñame afuera.
El castaño se disculpó con su nuevo socio antes de seguir a su madre hacia un pasillo sin gente.
— Madre, esa reunión es importante.
— Por lo que escuche has cerrado el trato ¿no es así?.
— Falta redactar el contrato, pero ciertamente han accedido a ser mis nuevos inversionistas.
Grace alargó su sonrisa.
— ¿Dónde está tu prometida Rodrigo?.
El joven frunció el ceño, su mente había estado tan ocupada que la rubia había desaparecido unos momentos de sus pensamientos.
— En la universidad imagino.
— ¿Imaginas? Debería ser tu responsabilidad saber dónde está.
— Madre — dijo el castaño colocando sus manos en su cintura, no entendía a qué venía tanto interrogatorio y ciertamente se comenzaba a molestar — Ella tiene sus propios asuntos, al igual que yo.
— Me parece perfecto hijo, pero te recuerdo que me he decidido quedar en la ciudad para planear la boda de mi único hijo y solamente pido que cumplan con lo que les pedí, hoy es miercoles Rodrigo habíamos quedado en ver los lugares donde se llevará a cabo la ceremonia ¿recuerdas ese compromiso conmigo hijo?.
Rodrigo recapacito y comprendió la molestia de su madre, se había molestado tanto con Natalie cuando le dijo aquellas palabras que se olvidó de todo, suspiró antes de hablar cuidando cada palabra, Grace Janner podía convertir tus palabras en un arma si eras descuidado.
— Madre — comenzó a hablar el castaño en un tono calmado — Comprendo la molestia y le pido me disculpe, he estado tan emocionado con el nuevo proyecto y Natalie con sus prácticas que tenerte aquí para lo de la boda es una salvación, entiendo que somos nosotros quienes debemos elegir y creeme que lo haremos de ahora en adelante será parte de nuestra prioridad, si me das la oportunidad volveré en poco tiempo con mi prometida.
Grace sonrió ante las palabras de su hijo.
— Susan se está encargando de contactar a tu prometida para que venga, termina tu reunión te veré en la sala del primer piso, el planeador ya está aquí.
El castaño esperó a que su madre se retirara antes de marcar el número de la rubia, pero el sonido de la máquina contestadora indicando que el número que había marcado no existía lo desconcertó, revisó una vez más el número antes de volver a marcar pero el mismo mensaje resaltó.
— ¿Qué carajo pasa Natalie?.
Rodrigo tomó su cabello entre sus manos antes de tomar un respiró, tenía que dejar el contrato a manos de Jonas y su abogado para poder ir a buscar a la rubia.
En punto de las tres de la tarde el deportivo a Rodrigo se estacionaba en la inmediaciones de la obra que se estaba llevando a cabo en el aeropuerto, había deducido que por la hora Natalie ya debía estar ahi, estaba bastante molesto solo había pasado un día sin comunicación con la rubia y ella se había encargado de desaparecer su celular, sonrió de lado al distinguir el viejo mustang rojo del amigo de Natalie, por lo menos no se había equivocado estaban ahí.
Adrián Morán frunció el ceño al ver que sus compañeros comenzaban a murmurar.
— ¿Qué ocurre? — dijo acercándose hacia la entrada.
— El ingeniero ha tratado de echar a un niño de papi que quiere entrar a la obra.
El moreno hizo una mueca alzando el cuello, abrió sus ojos cuando reconoció el deportivo de Montalbán, se abrió paso entre sus compañeros llegando hasta donde el Ingeniero Silvera miraba molesto a un Rodrigo igual de molesto.
— ¡Morán vuelve a tu lugar! — gritó el ingeniero llamando la atención de los presentes pero Adrián se acercó tranquilamente.
— Ingeniero, él es Rodrigo Montalbán.
El hombre se giró con el ceño fruncido hacia el moreno.
— ¿Montalbán? ¿El prometido de la rubia?.
El moreno hizo una mueca pero asintió.
— Si me permite hablar un momento con él, le aseguro que se retirara de la obra.
— Yo quiero hablar con mi mujer Adrián — dijo Rodrigo de manera desesperada.
El ingeniero Silverio sonrió de manera cínica.
— Ella desertó, supongo que era lo suficientemente pesado para alguien como ella, tienes quince minutos Morán, después de eso si no estás en tu posición le harás compañía a la rubiecita.
Adrían definitivamente quería golpear a ese hombre, pero necesitaba los créditos, suspiró mirando a Rodrigo que parecía confundido.
— Natalie no está aquí Rodrigo.
—¿A que se refiere ese idiota con que desertó?.
— Justo a eso, Natalie pidió una prórroga de sus estudios — dijo el moreno mientras rebuscaba en sus bolsillos — De hecho me has ahorrado la visita al hotel, toma.
Rodrigo vio el anillo de compromiso que le había dado a la rubia en mano del moreno, lo tomo con cuidado tensando su mandíbula,
— ¿Que se supone que significa esto Morán?.
Adrián sonrió sintiendo la satisfacción en su cuerpo.
— Significa que Natalie no quiere saber más de tí, se ha ido.
— Ella y yo…
— Tienen un trato, lo sé — dijo ensanchando aún más la sonrisa — Pero en realidad nada los ata ya, tienes el anillo de vuelta y su padre no trabaja más para ti.
El castaño lo miró sin comprender, ¿Marco de León había renunciado? ¿En qué momento?.
— No, el señor Marco tenía un buen puesto, todo marchaba bien, no entiendo porque renunciaría.
— Eso no me corresponde Rodrigo, Nat me pidió que te entregara el anillo.
— ¿Por qué no lo hizo ella?.
— Te detesta supongo — dijo el moreno alzándose de hombros.
Rodrigo tomó de las solapas del chaleco reflector al moreno, estaba furioso, Natalie no podía haberse esfumado así como así.
— ¡¿Dónde está mi mujer Morán?!.
Adrián intentó soltarse, pero el castaño era bastante fuerte además que estaba lo suficientemente enojado para partirle el cuello.
— ¡Ella no es tu mujer!, además nunca Rodrigo, nunca la volverás a ver.
El castaño golpeó con su cabeza la nariz del moreno que inmediatamente comenzó a sangrar, lo soltó dejando que controlara su hemorragia.
— La voy a encontrar te lo aseguro, pero si la ves antes dile esto: De Rodrigo Montalbán nadie se escapa.
El moreno se tomaba la nariz contenido el sangrado mientras observaba a Rodrigo Montalbán alejarse, tenía que avisar a Natalie, ese hombre parecía completamente fuera de sí, esperaba que su amiga no corriera peligro, porque ahora había conocido otra personalidad del heredero y no le gustaba para nada, con aquella amenaza solo le quedaba pensar que Rodrigo podía ser capaz de cualquier cosa para obtener lo que quería.