CAPÍTULO 23

2156 Palabras
Daban las doce del mediodía cuando Natalie salió rumbo hacia los puestos, a esa hora la mayoría de los puestos estaban llenos de estudiantes, ahora sí que parecía una feria la gente divirtiéndose o pasando con comida. La rubia divisó el puesto de su amiga, Cloe se encontraba detrás de su mostrador contando números mientras un deprimido David veía su celular. — ¡Hola chicos! — dijo alegre — ¿Qué tal va Cloe?. — La verdad es que tu hombre me ha sorprendido. — ¿Ah sí? — dijo la rubia con sorpresa — ¿Aun sigue aquí?. — Sorprendentemente sí. Por alguna razón esa noticia hizo que Natalie sonriera levemente, una parte de ella había asegurado que Rodrigo se iría en la primera oportunidad pero había resistido poco más de tres horas. — ¿Y tu David? — Natalie se giró hacia el rubio. — Al parecer los estándares de la mayoría de las chicas universitarias, se basan en un hombre atlético y con sonrisa encantadora. Cloe lo miró con fastidio. — Lo que David quiere decir es que casi nadie ha pagado por él. — Oh, vaya — dijo Natalie apretando los labios tratando de no reír — Bueno mira — dijo buscando en su mochila — Tengo dos dólares, quizá te den suerte. — Según el protocolo de Cloe, dos dólares equivale a dos besos. Natalie lo miró sorprendida antes de girarse a su amiga que parecía divertirse. — No David, no es necesario, solo lo hago por apoyar. — Entonces no creo que Cloe deba aceptar el dinero, incumple sus propias reglas. — Ya lo acepté — dijo la morena guardando el dinero. David y Natalie la miraron con el ceño fruncido antes de que el rubio se acercara a una nerviosa Natalie que intentaba apartarse. — Entonces no tengo opción. — Si la tienes pod… Para Natalie el hecho de tener los labios de unos de los amigos de Adrián encima de los suyos era un completo desastre, se alejó en el microsegundo en que David la había besado, pero al parecer había sido demasiado tarde. — ¿Qué está ocurriendo?. La rubia observó nerviosa a los dos pares de ojos la miraban con el ceño fruncido. — Ella pagó por un beso — dijo David volviendo a su antigua posición. — ¿Pagaste por besarlo? — preguntó Rodrigo cruzándose de brazos. — ¡No!. — Pero pagaste dos dólares. — ¡David, callate! — Natalie se tomó el puente de la nariz antes de mirar de nuevo a Rodrigo que parecía esperar una explicación — Si pagué dos dólares, pero no sabía que era equivalente a un beso, yo solo quería apoyarlo porque no ha recolectado tanto como ustedes. — Amigo, no tenías que besar a mi ex novia — soltó Adrián comprendiendo la situación. — Pero las reglas de Cloe dicen que… — Se lo que dicen las reglas, pero Natalie es una amiga, además de mi ex novia. — ¿Te comportas así porque estás celoso? — dijo David confundido. — No, por supuesto que no, Natalie y yo somos amigos. — Entonces no entiendo, su relación amorosa terminó hace años, no veo lo malo en besarla. — Estás hablando de mi prometida — dijo Rodrigo acercándose amenazadoramente al rubio. — Pero ella no es… — ¡Basta! — intervino Natalie mientras se acercaba a Rodrigo — Esto fue una confusión, no pasará de nuevo. — Tenemos que hablar Natalie — dijo Rodrigo tomándola de la mano para alejarse de toda la multitud. Natalie se soltó del agarre del castaño cuando llegaron a una de las bancas desocupadas. — ¿Desde cuándo lo saben? — soltó el castaño molesto. — Desde que nos volvimos a ver. — Te pedí que nadie tenía que enterarse Natalie, si esto sale de aquí. — ¡Oye! — dijo molesta la rubia — Mis amigas me conocen, no me iban a creer que después de un mes de obviamente no saber de tí de la nada estaríamos enamorados y comprometidos. — ¡¿Y el imbecil que te besó?!. — David, también es parte del grupo. — No te le vuelvas a acercar. Natalie se rio cruzándose de brazos. — Esta conversación ya la hemos tenido, tú tienes a Simone, te la coges cuando tienes ganas y lo has dicho está por encima de mí — dijo la rubia cruzándose de brazos — Bueno, yo puedo meter a mi cama a quien quiera y creeme también estarán por encima de tí, si no te gusta como funciona esto Rodrigo simplemente puedes decirle a tus padres absolutamente todo. El castaño la miraba sintiendo la molestia apoderarse por todo su cuerpo, esa mujer no podía estar hablando enserio, tenían un trato. — Deja de mirarme así — dijo Natalie nerviosa, odiaba la mirada tan profunda de Rodrigo, el n***o en sus ojos le causaba cierto temor — Tampoco me vas a negar que no te has acostado con Simone, despues de todo es tu verdadera prometida. — Tienes razón, ella es la mujer con la que debería estar en estos momentos y no en esta estúpida feria. Natalie vio como Rodrigo se encaminaba hacia el estacionamiento por un segundo la sensación de detenerlo se instaló en su corazón, pedirle que no se fuera, pero ¿porque lo haría? Rodrigo Montalbán podía irse de su vida en el momento en que él quisiera. Jonas se había apresurado a la entrada del hotel donde el joven Rodrigo le había avisado que había llegado, tenía que verlo antes de que se encontrara con Simone Malverde o su hermano mayor. — Rodrigo, ¡espera!. El castaño se giró hacia un sofocado Jonas, que parecía haber corrido un maratón. — ¿Qué carajo te pasa?. — Te mande un texto hace horas. — Estaba ocupado. — Se trata de tu hermano y la joven Simone. Rodrigo lo miró con el ceño fruncido esperando a que Jonas continuara hablando. — Ellos se conocen, no sé desde cuando, pero se conocen. — Por supuesto que no, nunca se han visto. — ¿Desconfías de mí? se que soy tu asistente, pero también tu amigo y creeme Rodrigo ellos han estado toda la mañana juntos. Jonas vio el conflicto en el rostro del joven castaño, pero no le había mentido él también se había sorprendido al ver que Jafar Montalban había saludado tan amable a Simone Malverde. — ¿Dónde están ahora?. — Tú hermano se ha reunido con unos inversionistas y tu prometida se ha encerrado en su habitación. — Bien, avisame cuando Jafar esté libre. El joven asistente suspiró al ver al castaño subir apresuradamente a la habitación que compartía con la pelirroja, solo esperaba que no fuera tan tarde el haberle avisado. Simone dejó su margarita mientras sonreía al escuchar la puerta seguido de unos pasos apresurandose hacía ella. — ¿Me puedes decir de dónde carajo conoces a Jafar?. — ¿Crees que puedes hablarme así después de haber pasado la noche con tu maldita zorra? — dijo la pelirroja aun con la mirada fija en el mar. — Te hablo como se me pegue mi jodida gana Simone — dijo Rodrigo golpeando la mesa, logrando que la pelirroja clavara su vista en él — ¿De donde conoces a Jafar?. La pelirroja sintió temor del hombre frente a ella, pero no permitiría más humillación. — Lo conocí en Francia, no sabía que era tu hermano por supuesto hasta que nos volvimos a encontrar el día de hoy. — No te creo. — Pues es la verdad Rodriguito, además me hizo compañía mientras tu estabas revolcando con esa… — No termines esa frase Simone, ¿de qué carajo hablaron?. La pelirroja apretó los puños, Rodrigo nunca había defendido a ninguna de las mujeres con las que se había acostado, pero esa maldita rubia parecía haberlo embrujado. — Nada, solo nos pusimos al corriente y me confesó que era tu hermano. — De ahora en más Simone, no puedes hablar con Jafar sin mi presencia. — Es la única persona con la que puedo salir libremente, porque tu no pareces interesarte en mi. — Me importa poco Simone, le diriges el mínimo de los saludos y personalmente te devolveré a Francia. La joven pelirroja vio como el castaño salió de nuevo de la habitación, estaba molesta pero como Jafar había dicho el tiempo es oro y a Rodrigo Montalbán se le estaba acabando. — Vas a suplicar Rodrigo, solo tengo que ser paciente. El sol caía cuando la joven rubia llegó a su casa, después de apoyar un rato más en la feria a Cloe, ella y Adrían no se habían salvado de ir a la constructora, realmente había sido un día agotador, también le sorprendió no haber recibido ningún mensaje del castaño, juraba que cuando su humor se calmara la buscaría de nuevo como siempre. — ¿Papá? — dijo Natalie cuando escuchó su casa en completo silencio. La joven dejó sus pertenencias en el sofá para caminar hacia el jardín donde se distinguía una pequeña luz. — Papá ¿está todo bien? — dijo la rubia al ver a Marco de León con una cerveza en la mano y mirando hacia el cielo. Natalie se acercó preocupada, ¿será que su padre se puso mal?. Marco de León miró a su hija, con la preocupación genuina en sus ojos, fijó su vista en aquel anillo de compromiso que debía valer más que su propia casa, tomó un trago a su cerveza que ya estaba caliente antes de hablar. — ¿Puedes abrir esos documentos Natalie? — dijo el hombre señalando unos folders que estaban en la mesa central. Natalie se giró hacia la mesa, los nervios se habían apoderado de ella, hace años que no veía de esa forma a su papá desde que se escapó un fin de semana con Adrián y no se preocupó en avisarle, la rubia abrió el folder sacando un fajo de billetes, frunció el ceño dejando el dinero en la mesa mientras sacaba una hoja con el logo de los hoteles Montalbán en ella. — Papá esto no…— dijo la rubia con un hilo de voz al leer el contenido de la hoja, era imposible que su padre hubiera hecho algo así ¿porque lo haría?. — Hoy en el trabajo tuve una visita bastante interesante Natalie — comenzó a hablar el hombre aún sin mirar a su hija — Una señorita llamada Simone Malverde se presentó ante mí como la verdadera prometida de Rodrigo Montalbán, al principio por supuesto que no le creí, después de todo mi hija, mi niña había realizado una cena presentando a mis consuegros, ha dormido con su prometido y se casarán en menos de dos meses, entonces cómo era posible algo así. Natalie sintió el estremecimiento en su cuerpo al escuchar a su padre, se dejó caer en una de las sillas, sabía que esta vez no solamente su papá estaba decepcionado si no herido por mentirle. — Esta señorita — continuó Marcó hablando al ver que su hija no diría una sola palabra para defenderse — Me dijo que tú te habías metido en su relación, que había hablado contigo diciendo que ella era la prometida, pero ustedes continuaron con su teatro cuando el joven Montalbán te ofreció dinero y un mejor puesto para mí, lo que más me dolió saber fue que no solamente destrozaste la vida de esa muchacha Natalie, si no que te vendiste como si fueras una vulgar prostituta. La rubia no había podido evitar que sus lágrimas salieran arrugando el papel en sus manos, las palabras de su padre habían sido las más hirientes. — Crees que tu madre y yo nos esforzamos educándote de la mejor manera, ¿para que al final terminaras así? — Marco por fin miró a su hija, le dolía verla así, pero la decepción y vergüenza que sintió cuando aquella joven llegó con lágrimas a su oficina apenas se comparaba — He renunciado a mi trabajo porque no quiero que sigas con esta farsa, los Montalbán no son bienvenidos a mi casa, en este momento Natalie vas a respetar mi decisión de padre y no vas a volver a ver a Rodrigo Montalbán, ya no le debemos nada a ese hombre ni a su familia, ¿entiendes hija?. — Si. Marco de León se levantó para entrar a su casa, por otro lado Natalie sentía que todo ese dolor hiriente se convierte en rabia, era su culpa por dejarse convencer, era su culpa por dejar que Rodrigo Montalbán se impusiera, pero esa noche el llanto la hizo comprender, todo se había terminado, lamentablemente no había acabado bien para ella, pero la rubia sabía que tenía que levantarse demostrarle a su padre que no se había equivocado en su educación. La Natalie de León antes del error llamado Rodrigo Montalbán debía volver.
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