CAPÍTULO 38.

2435 Palabras
Natalie de León observaba como el castaño maldecía una y otra vez mientras hablaba con alguien por teléfono, se habían movido de la mesa donde los padres de Rodrigo se quedaron en compañía de los los Pavarote, el único que había notado algo extraño era Jafar pero la rubia ya se preocuparía por eso después, se supone que tenía que ser una buena prometida y eso incluía cubrir una vez más al castaño. — ¡No discutas conmigo Belcebú, haz lo que te ordeno ya!. Rodrigo cortó la llamada de manera irritada. Tenía que saber porque Alfonso Pavarote había decidido poner ese nombre a su dichoso hotel, se negaba a creer que era coincidencia. — ¿Belcebú?. El castaño se giró hacia la rubia, se había olvidado por completo que le había acompañado. — Es solo un nombre. — Está bien, no importa, solo quiero saber si te encuentras más calmado — Natalie acomodo un mechón rebelde del castaño mientras le sonreía de manera suave. Esa insignificante acción por parte de la rubia, para el castaño había hecho estragos en su pecho, su corazón se le había acelerado más de lo usual y la angustia de hace un momento se había desvanecido. — Estoy mejor — dijo tomando la mano de Natalie entre las suyas, besó la palma de su mano sintiendo aún su caricia. — Bueno, tienes que apresurarte — dijo Natalie entrelazando su mano con la de él — No tardan en llamarte al podio. Rodrigo asintió apretando sus manos antes de encaminarse de vuelta hacia la mesa donde sus padres se encontraban, para su buena suerte los Pavarote se habían esfumado. — ¿Todo bien hijo? — preguntó Grace Janner al ver llegar a los jóvenes. — Sí madre, es solo que no me he sentido bien últimamente. — Lo de anoche Natalie lo ha aclarado y aunque me agrade la idea de que pasen tiempo en pareja no deben extralimitarse ¿verdad querida?. — Nunca pasará de nuevo Grace, se lo aseguro — contestó la rubia tomando uno de los aperitivos que había puesto en el centro de la mesa, lucían deliciosos, no se había dado cuenta del hambre que tenía hasta que sintió la extraña mirada de Rodrigo sobre ella. — ¿Segura que te quedará espacio para la comida? — hablo con un dejo de burla el castaño. — Lo siento, está delicioso, vamos prueba. Rodrigo levantó la ceja divertido, la verdad es que a él también le había dado un gran antojo de probar esos canapés pero su familia estaba presente y su educación no se lo permitía, pero cuando Natalie se lo ofrecía de aquella manera con su sonrisa traviesa no pudo negarse. Para los jóvenes era como si estuvieran en su propio mundo hasta que el nombre de Rodrigo salió del presentador, el castaño sonrió besando de manera fugaz a la rubia antes de caminar hacia el podio. — Nunca había visto a Rodrigo con ese brillo en los ojos ¿sabes?. Natalie se giró hacia Grace que tenía una suave sonrisa en los labios. — Es increíble verlo tan enamorado a tu lado, parece otro completamente. — Es solo que está feliz por la ceremonia también — dijo la rubia mirando nerviosamente a Rodrigo que había comenzado a hablar por el micrófono. — Tu también luces distinta querida. — ¿Distinta?. — Si, hay algo en ti…no sé, aún no logro descifrarlo. Grace vio cómo la joven simplemente le sonrió nerviosa para fijar su vista en su hijo, el castaño hablaba del mercado de los hoteles, así como las nuevas áreas de oportunidad, para Natalie era la primera vez que escuchaba al castaño hablar tan apasionadamente sobre un tema, claramente el ramo hotelero era lo suyo. — Es por eso señores que las empresas Montalbán han decidio dar su apoyo a uno de los hoteles nuevos, lo impulsaremos a crecer que de tal manera pueda ser un competencia palpable para muchos de nosotros, para esto claro habrá que cumplir con ciertos requisitos, algo así como un concurso, eso sí el señor Challet nos permite utilizar su ceremonia como sala de concursos. Louis Challet miraba sorprendido al joven Montalbán, había ofrecido parte de la fortuna Montalbán a uno de los nuevos hoteles que como bien sabía podían desaparecer en menos de un año, o bien sobrevivir. Los hoteles innovadores usualmente eran consumidos por los grandes como eran los hoteles Montalbán, Lauro había sido por muchos años partícipe de esta práctica, pero su hijo en cambio había ofrecido parte de su fortuna eso daba un giró inesperado. Louis Challet se levantó sonriente acercándose al podio, esto necesitaba verlo pensó llegando al lado de Rodrigo que lo miró con una sonrisa ladina. — Joven Montalbán, será un placer ver esta competencia en mi villa. El castaño tomó la mano del hombre para cerrar el acuerdo antes de volver a tomar el micrófono. — Señores, tienen tres horas para presentar el mejor proyecto, yo elegiré a los jueces que lo aprobaran, mucha suerte. En la mesa de los Montalbán se podía palpar la tensión, Jafar miraba a su padre que parecía al borde del colapso, nadie esperaba que Rodrigo hiciera aquella oferta sin siquiera consultarlo por lo menos con el patriarca de la familia, en ese instante Lauro se sentía como un cero a la izquierda. — ¿Te volviste loco Rodrigo? — solto el hombre mayor evitando levantar la voz, estaba consciente de que no podían armar un escándalo en pleno salón. — ¿Por qué lo dices padre? — dijo desconcertado el castaño menor tomando asiento al lado de la rubia que se mantenía al límite al igual que los otros dos miembros de la familia. — Tienes el descaro de preguntar, has ofrecido gastar nuestra fortuna Rodrigo, en un negocio que probablemente fracase. — Conmigo a cargo no fracasará. — ¿No te parece que estás siendo demasiado ambicioso hijo? — Lauro se había tensado, a Rodrigo parecía no importarle nada de lo que él dijera, es como si le aburriera con tan solo hablarle — La expansión del hotel, y ahora esto, ¡Nos dejarás en la calle Rodrigo!. — Es una exageración padre, como bien te lo dije antes del viaje sé muy bien como mover las piezas. — Eres joven… — ¡Y tu viejo!. — ¡Rodrigo Montalbán discúlpate en estos momentos con tu padre! Grace Janner había levantado la voz lo suficiente para que los dos hombres entraran en razón, habían generado suficiente tensión por el momento; Grace sabía que su hijo quería comerse el mundo a mordidas a diferencia de su padre que siempre iba por lo seguro pero tenía que admitir que le hubiera gustado que Jafar fuera la fruta podrida, aun asi no permitirá que Rodrigo se echara a perder tenía que encarrilarlo de nuevo y su joven prometida tendría que apoyarla. — Lo siento padre, no debí hablar de esa manera, aun así no daré marcha atrás con el concurso, te aseguro que nada saldrá mal. Lauro Montalbán no dijo más, conocía a su esposa y no le perdonaría que continuarán con aquella discusión, pero hablaría con su abogado, tenía que proteger el patrimonio que tanto esfuerzo le había costado. — Natalie amor, acompáñame un momento. La rubia se sobresaltó, se había hundido tanto en su asiento pretendiendo que no existía que escuchar la grave voz de Rodrigo había sido una caída dura de nuevo a la realidad. Tomó la mano que el castaño le ofreció disculpándose de manera atropellada con los demás miembros de la familia. Los dos jóvenes caminaron hacia uno de los balcones que se abría paso al jardín pulcramente cuidado de los Challet. La hermosa vista desde el balcón de villa Corsini hacia los prados verdes de Florencia era algo que Natalie de León quería grabarse en la mente, estaba segura que nunca vería algo parecido, además el aire estaba bastante limpio y fresco. — Aquí también se celebran bodas — Rodrigo había hablado al oído de la rubia sintiendo como se ponía nerviosa en sus brazos. — No me casaré contigo en Italia Rodrigo — dijo Natalie envolviendo sus manos en el cuello del castaño — Mejor dime, haces el concurso porque los Pavarote usaron la palabra Eygos ¿no?, ¿crees que sepan sobre tu “dulce”?. — Joder rubia, ¿porque mierda quieres hablar de eso?. — Es solo, se supone soy tu novia y debo enterarme. — Pero no sobre eygos, eso es otra cosa. — ¿Otra cosa? — dijo con ironía la rubia — Me llevaste a conocer a Igor Petrov que estoy segura es un jefe de la mafia, he probado tus dulces y estoy segura que el nombre Belcebú no es porque el tipo sea feo. — Chula, de que te sirve saber. — A mi no, pero tu pareces a punto de explotar a cada instante creo que desahogarte te hará bien. — Prefiero desahogarme de otra forma contigo. — Si, pero — dijo la rubia esquivando el intento del castaño por besarla — Eso será hasta la noche, ahora no, solo habla Rodrigo ¿que tan hundido estás en esto?. Rodrigo Montalbán suspiro frunciendo el ceño, aflojo el agarre de la cintura de la rubia sin permitir que se alejara, el tenerla cerca le calmaba. — Hasta el fondo chula, de hecho tendré una reunión con uno de los líderes de Italia mañana, quizá me puedas acompañar. — Creí que no quieres que me involucre más. — Chula solo nos queda un día más, no me alejaré de ti. — Está bien, te acompañaré. Natalie beso suavemente los labios del castaño, era como un imán al que con cada paso del tiempo más le costaba alejarse, sonrió cerrando los ojos mientras Rodrigo hundía su nariz en su cuello. — ¿Porque decidiste crear eygos cuando tu padre es sumamente rico?. Rodrigo suspiró embriagándose del aroma de la rubia antes de contestar. — No lo sé, siempre lo tuve todo con ellos, pero, cuando obtuve mi nuevo corazón acaba de cumplir quince años se me había ido mi niñez en hospitales, siempre obedeciendo a lo que mis padres decían porque mi vida era tan frágil que pendía de un hilo — Rodrigo se alejó de la rubia para sonreírle entrelazando su mano a la de ella, la guío por el sendero que llevaba al laberinto de los Challet — En fin, cuando por fin salí del hospital dispuesto a nunca volver pensé que las cosas cambiarían pero fue aún peor, mi madre se aferró a cuidarme como un halcón, mi padre me había puesto tantos sirvientes que me era casi imposible ir al baño solo, estudiaba en casa, no tenía amigos, solo a Jafar mi hermano era el único que me acompañaba. — Creí que nunca se habían llevado bien. — Eso fue después — dijo el castaño adentrándose al laberinto, había recorriendo ese camino muchas veces tanto que se sabía la salida con los ojos cerrados — Crecimos y nos dimos cuenta de las intenciones de mi padre, además claramente soy mejor que Jafar en los negocios. Natalie rodó los ojos, se había dado cuenta a dónde la había llevado el castaño las enormes paredes del laberinto estaba segura que rebasaban los dos metros. — Bueno y qué pasó después, ¿Cómo llegaste a eygos?. — Eso me tomó años, primero me costó comprender que las ataduras de mi madre no eran sanas, me había sobreprotegido demasiado, además por eso está tan obsesionada en qué me casé con una mujer que pueda dar hijos sanos, como sea tuve que esperar a cumplir los dieciocho para poder exigir un poco de libertad, la universidad fue el auge de todo, me sentía libre, libre de comerme el mundo y así ha sido desde entonces, una vida distinta de la que solo algunos tienen conocimiento, por un lado tengo la libertad que deseo y por otro lado le doy el gusto a mis padres para que dejen de fastidiarme. Natalie podía comprender un poco la historia de Rodrigo, nadie quería ser preso en su propia vida, además veía como Grace Janner controlaba la vida de los hombres Montalbán como bien había dicho Jessica Sandler, Grace era la reina, incluso con Jafar que ni siquiera era hijo suyo, pero inmiscuirse en el mundo de la mafia eso era demasiado incluso para el caprichoso Rodrigo Montalbán. — Aún así Rodrigo, aún no comprendo porqué creaste eygos. — Porque no soy un jodido drogadicto chula, como lo has podido comprobar no te genera una adicción pero esa sensación de felicidad que todos necesitamos la pueden obtener sin que le genere un solo daño a su organismo, supongo que en un inicio solo la cree con la finalidad de que me proporcionará mi propia felicidad, pero es demasiado costosa mi padre se daría cuenta así que necesitaba quien la solventara. — ¿Y fue cuando conociste a Igor Petrov?. Rodrigo asintió mirando desconcertado a su alrededor, habían llegado a una esquina que no reconocía, debía haberse perdido entre la plática con la rubia solo tenía que volver sobre sus pasos. — Si, algo así chula, primero conocí a Belcebú y después a Igor, le hablé sobre eygos y le fascinó. La rubia observaba como el castaño miraba a su alrededor disimuladamente. — ¿Nos perdimos, verdad?. El castaño la miró un segundo antes de tomarla en brazos. — Claro que no chula, solo quería estar un rato más a solas contigo. — Perdidos en el laberinto. Rodrigo sonrió de lado acomodando los cabellos sueltos de la rubia que el viento se había empeñado en revolverlos, los ojos de los dos jóvenes brillaron con anhelo, como si un dejo de esperanza se hubiera instalado un segundo en aquella esquina de ese laberinto. Rodrigo pasó saliva al delinear con sus dedos el rostro suave de la castaña mientras ella cerraba los ojos al sentir las caricias del que se había convertido en su amante, tomó los labios del castaño entre los suyos no quería perder tiempo en pensar que tan correcto era suficiente castigo era saber que lo tendría que abandonar, no importaba castigar al corazón, había decidido no quedarse con las ganas de disfrutar una vez más esa pequeña mentira que tanto habían alargado. El castaño se alejó aún sintiendo la calidez de los labios de Natalie, estaba más que seguro de no soportar el hecho de dejarla ir cuando volvieran a su ciudad pero se preguntaba si ¿sería capaz de enamorar a una mujer en un día?.
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