Marco de León sostenía la taza humeante entre sus manos mientras miraba con atención aquella noticia en el pequeño televisor que mantenían en la cocina, Natalie había insistido en comprarle uno más grande pero este se había negado alegando que solo la necesitaba para ver las noticias como ese día.
— Oh mi amor, pero en qué problema te has metido — dijo el hombre mayor sintiéndose un poco decepcionado.
Rodrigo Montalbán sintió el peso en su pecho al tratar de moverse, abrió los ojos distinguiendo un techo rosa bastante descolorido, durante la madrugada su subconsciente le había dicho que tenía que irse, pero el calor del cuerpo de la rubia y su suave respiración se sintieron como una atadura, la cual no le molestaba tener, sonrió, sabía que no le había importado compartir su intimidad además había descubierto que la cama de la rubia era bastante cómoda, fijo su vista nuevamente en la espalda desnuda junto a él, pasó las yemas de sus dedos sintiendo la suavidad de su piel, observo sus labios entreabiertos, sus mejillas sonrojadas, la mano sobre su pecho en medio de su tatuaje, se sentía bastante bien. ¿Pero qué estás haciendo Rodrigo? Se recriminó mentalmente, este no eres tú. Aún así el castaño no movió ni un músculo, siguió acariciando suavemente la piel desnuda de su amante, pero conforme los minutos pasaban la angustia se fue apoderando más de él, el saber que una debilidad como esa pudiera hacerlo tomar decisiones erróneas lo volvía loco, ella solo había sido otra mujer más y con ese pensamiento el castaño se movió colocando a la rubia a su costado.
— Natalie — dijo en voz baja, pero la rubia parecía completamente perdida en sus sueños, sonrió de manera inconsciente antes de volver a hablar — Chula, ya amaneció.
Natalie abrió los ojos con pesadez tras sentir el brusco movimiento en sus hombros, sus ojos se encontraron con los ojos oscuros del castaño mirándola, por primera vez se sintió vulnerable, desnuda ante alguien; Rodrigo pasó saliva al ver aquella tierna y asustada mirada, sin poder evitarlo volvió a besarla como la noche anterior, con calma y sin prisas, para Natalie eso era bastante extraño, era la segunda vez que despertaba al lado del hombre pero está vez, se comportaba completamente diferente, no había gritos si no caricias, hubiera esperado todo menos aquella acción de buenos días.
— ¿Sabes qué hora es chula? — dijo en su oído una vez que se separaron.
La rubia lo miró confundida hasta que comprendió a qué se refería.
— ¡Has dicho que te irías!.
Soltó de repente, ganándose una sonrisa del castaño.
— Ya era muy noche.
— No es como si algo te fuera a ocurrir.
El castaño la miró ofendido, era más probable que él sufriera un secuestro a esas horas.
— Oh dios mío, mi padre …
Natalie se levantó mientras tomaba una de sus batas.
— ¿Qué esperas? Levántate — dijo al ver que Rodrigo la miraba con burla — Mi padre debe estar levantando, lo voy a distraer y tú saldrás sin ser visto.
— ¿Por qué tendría que salir como un ladrón?.
— Por favor Rodrigo no discutas ahora.
El castaño rodó los ojos mientras se vestía, le hubiera gustado quedarse más tiempo en la cama, frunció el ceño sacando esos pensamientos de su cabeza. Concéntrate Rodrigo, se dijo para sí mismo antes de seguir a la rubia de manera sigilosa por el estrecho pasillo.
— Mi padre debe estar en la cocina, normalmente se levanta por una taza de café antes de desayunar conmigo.
— Que bien, recuerda que vendré por ti en la tarde.
Natalie lo miró un segundo antes de suspirar, cuando salieron a la sala sin ser vistos y habiendo tocado el pomo de la puerta, la voz profunda de Marco de León llegó hasta sus oídos.
— Que bueno verlos levantados, tomen asiento.
Para Rodrigo era la primera vez que una situación así llegaba a su vida, él nunca había tenido que lidiar con el padre de alguna de las chicas con las que había estado.
— Señor Marco, buenos días, gracias pero tengo que reti…
— Me disculpara joven Rodrigo pero en esta ocasión, seré yo quien hable, por favor tomen asiento.
Natalie nunca había visto a su padre de aquella manera, realmente estaba molesto, sabía que había sido mala idea dejarse convencer por el castaño ella nunca había dormido con ningún hombre en su habitación, le tenía el suficiente respeto a la casa de su padre.
— Bien — dijo Marco una vez que los dos jóvenes se sentaron — No hace falta decir que me siento realmente decepcionado hija, se que eres adulta, sé que él no debe ser el primer hombre en tu vida, pero siempre has respetado nuestra casa, además usted joven Rodrigo, le abrí las puertas de mi casa por lo que su familia representa, pero esto ha sido una gran ofensa.
— Papá…
— No he acabado Natalie, independientemente de que los dos hayan pasado la noche en mi casa, hay otro asunto — Marco encendió el pequeño televisor que había movido de lugar cambiando de canal hasta dar con el adecuado, en la pantalla se podía leer el nombre de Rodrigo Montalbán seguido del vídeo de aquel beso en el restaurante del hotel.
En ese momento el castaño se había puesto de pie de manera alterada, la nota rezaba el encabezado sobre que la soltería había acabado su reinado, Rodrigo Montalbán comiéndose a besos con su nueva conquista, la joven Natalie de León, una ingeniera que próximamente egresaría del Nova South, ¿será la mujer misteriosa que hizo comprometerse al soltero más cotizado?.
— No puede ser — Natalie se había tapado la boca al mirar sorprendida la noticia, no podía estar pasando algo así, se supone que solo sería la familia del castaño quien supiera aquella mentira.
— ¿Me puedes explicar en qué momento se comprometieron hija?.
— Papá esto no es lo que parece.
— ¿Estás embarazada Natalie?.
— Dios, no papá no — dijo tomando su cabello — Rodrigo ayúdame.
El castaño se giró a verla, antes de mirar al padre de la rubia.
— Señor Marco, todo ha sido demasiado apresurado pero en la tarde estoy dispuesto a explicarlo, vendré por ustedes en punto de las dos, mis padres también estarán presentes.
Sin tiempo a que nadie dijera nada más Rodrigo salió como alma que lleva el diablo de la casa. Natalie lo miró de manera angustiada mientras lo seguía hasta la puerta.
— ¡Rodrigo! — soltó en un tono que hizo que el castaño se detuviera — Mi padre no era parte del trato.
— ¡Nadie lo era Natalie! — soltó molesto — Pero ahora todo Miami lo sabe, así que nos vamos a atener a las consecuencias.
— Tu prometida no se va a quedar callada.
— Yo me encargo de Simone.
— Rodrigo, porfavor — dijo con voz lastimosa, mientras intentaba tranquilizarse — Es mejor terminar con esto, aún estamos a tiempo, Jafar tenía razón.
— ¿Jafar? ¿Qué mierda ha dicho el idota de Jafar?.
— Me dijo que aún estaba a tiempo de huir.
Rodrigo tomó parte de sus cabellos entre sus manos.
— Tienes que confiar en mí — dijo tratando de sonar calmado — Pero para eso es necesario que jamás vuelvas a decirle nada a mi hermano.
— No quiero engañar a mi padre.
— Solo es un tiempo Natalie — dijo el castaño zanjando el tema, dirigiéndose a su vehículo.
La rubia vio aquel coche n***o perderse de vista, antes de volver a entrar a su casa, su padre aún permanecía en el mismo lugar.
— ¿Cómo pudiste ocultar algo así hija?.
— Lo siento papá.
— ¿Cuánto tiempo han mantenido está relación?.
Natalie negó hundiendo su rostro en su cara, mentirle a su padre con algo tan grande terminaría por hundirla, lo sabía, pero si hablaba sería aún más grande la decepción en su rostro.
— Unos meses.
— ¿Cuando renunciaste se habían peleado?.
— Algo así, discutimos un poco.
— ¿Esto lo estás haciendo por qué razón?.
La rubia desvió la mirada hacia el pequeño televisor.
— Estoy enamorada, papá.
Marco chasqueó la lengua.
— No, eso no es posible, te he visto enamorada y ahora no lo estás.
— Papá..
— Escucha bien hija, nadie, ni siquiera él con tanto dinero puede obligarte a hacer algo que no quieres ¿Lo entiendes? — la joven miraba a su padre agradecida — Si no me quieres contar del porque lo estás haciendo, está bien, pero entonces ten siempre en mente que cuando tú digas basta, esto tiene que parar.
Natalie abrazo a su papá evitando soltar una lágrima, no quería preocuparlo más de lo que ya estaba, ojalá Rodrigo pudiera solucionar esto antes de que se volviera más grande.
Lauro Montalbán veía aquella noticia en compañía de su esposa y su hijo mayor.
— Rodrigo no pudo ser tan descuidado, algún trabajador debió tomar el vídeo — dijo Lauro mientras volvía a marcar el número celular de su hijo que lo mandaba directo a buzón — ¿Estás seguro de no saber dónde está tu hermano Jafar?.
— Solo sé, cómo ya te he comentado padre, que se ha ido con su prometida, claramente era una reconciliación — dijo con una sonrisa ladina — Quizá sean abuelos más prontos de lo esperado.
— Por supuesto que no — hablo Grace que hasta ahora había guardado silencio respecto a la noticia tan amarillista que había salido a la luz — Un nieto mío nunca nacerá fuera del matrimonio y en vista de que la situación se ha salido de tu control Lauro, esos dos tendrán un mes para casarse o separarse.
— Grace, nos estamos apresurando esperemos que Rodrigo venga a explicarnos cómo va a solucionar lo que está ocurriendo.
— Sabes que solo hay una solución, Lauro, una boda.
Lauro Montalbán decido no discutir más con su mujer sabía lo necia que era además estar en boca de todos no era algo que apreciará.
En ese momento un desaliñado Rodrigo entró apresuradamente hasta llegar a la mesa reservada de su familia, los ojos de los tres Montalbán se clavaron en el castaño.
— Espero que estés consciente de lo que a partir de ahora va a ocurrir Rodrigo — habló Grace una vez que su hijo tomó asiento frente a ellos.
— Madre, hoy mismo hablaremos de ello con el padre de Natalie, he organizado una reunión para presentarlos.
— Eso ya no es suficiente Rodrigo, nuestro apellido está por todos los medios ese tipo de situaciones solo son parte de tu intimidad no de todo el mundo.
— Madre, aclararé que Natalie es mi prometida.
— No solamente eso Rodrigo — el castaño miró a su madre sin comprender — Harás una rueda de prensa donde anuncies tu recién compromiso y la fecha de la próxima boda.
Rodrigo se tensó, una cosa era fingir un compromiso y otra muy diferente oficializar una boda.
— Madre, Natalie ha dicho que no quería casarse hasta terminar sus estudios.
— Pues dile que cada acción tiene consecuencias, determinen la fecha de boda en menos de dos meses como lo tenías planeado.
— Madre, no…
— No discutas Rodrigo, después del almuerzo con el padre de tu prometida darás la conferencia — dijo Grace mientras se levantaba — Jonas, encárgate de la rueda de prensa.
—Si, mi señora — contestó el joven asistente, nadie nunca se atrevía a decirle nada a Grace Janner, ni siquiera su hijo pródigo, en ese momento Jonas sintió pena por Rodrigo, sabia que se estaba hundiendo en su propia mentira, cuando siempre había tenido el control ahora todo se le derrumbaba encima, se preguntaba ¿hasta cuando aguantaría el que sus problemas lo ahogaran?.