Natalie miró a su padre antes de volverse hacia la enorme camioneta blindada, no había rastro del castaño, pero el chofer que había llegado junto con el vehículo les había anunciado que el mismo Rodrigo lo había mandado, para su mala suerte nunca le había interesado obtener el celular del castaño por lo que no podría comprobar la veracidad de la historia.
— Me imagino que el joven Rodrigo, debió haberse ocupado — dijo Marco al ver la cara de angustia de su hija.
— Si, seguro.
Padre e hija subieron al vehículo, cada uno sumido en sus pensamientos, por un lado Marco de León entendía que no todo mundo estaría de acuerdo con la relación de su hija y el dueño del hotel, sabía que se enfrentaría a prejuicios, hablaría pero lo que más le angustiaba era saber si la familia de Rodrigo Montalbán sabría que eran una familia totalmente diferente a ellos. Natalie por otro lado, sentía que los nervios se habían apoderado de ella, las náuseas empezaban a embargar, había enredado a su padre en aquella mentira, además qué pasaría con los padres de Rodrigo cuando supieran que su padre era un empleado del hotel, no quería que lo hicieran sentir menos, no quería juzgarlos completamente lo poco que los había conocido le demostraban que eran personas buenas, con sus respectivos raros pensamientos, pero al final bastante nobles.
Cuando llegaron al hotel, Natalie pensaba que Rodrigo estaría para recibirlos pero al único que distinguió fue a Jonas, su asistente.
— Señortia Natalie un gusto verla de nuevo.
— Hola Jonas, él es mi padre Marco.
— Un gusto señor — dijo extendiendo la mano, Marco sonrió ante la amabilidad del joven tomando el saludo — Acompañenme por favor.
La rubia enganchó su brazo al de su padre caminando detrás del joven asistente, podía sentir el nerviosismo de su papá pues no debía ser fácil sentarse en la misma mesa que los dueños del hotel donde trabajaba para acceder entregar a su hijo a un compromiso.
— Natalie, estamos felices de verte de nuevo — la primera en hablar fue Grace Janner que se levantó recibiendo a la joven con un beso en la mejilla y un rápido abrazo — Él debe ser tu padre.
— Marco de León señora, un placer — dijo el hombre mayor besando el dorso de la mano de la mujer, que sonrió amable — Señor Montalbán, le agradezco recibirnos en su mesa.
Lauro Montalbán se levantó sonriendo.
— No tiene porqué agradecer Marco, después de todo pronto seremos familia, por favor siéntense.
— ¿Dónde está Rodrigo? — preguntó la rubia al no ver al castaño por ningún lado.
— Se ha retrasado un poco cuñada — hablo Jafar con aquella sonrisa de burla en su rostro, Natalie suspiró rodando sus ojos — Sería bueno irlo a buscar, es de mala educación hacer esperar a tu padre.
— No hay problema — dijo la rubia, después de todo lo que menos quería era dejar a su padre solo con aquella familia.
— Me parece que mi hijo últimamente está bastante perdido — dijo Grace — En esta ocasión estoy de acuerdo con Jafar, ¿nos harías el favor de irlo a buscar Natalie?.
La rubia miró angustiada a su padre, él solo colocó una mano encima de la suya mientras sonreía.
— Está bien hija, yo te aseguro que no me iré de aquí.
— Vuelvo en un instante.
— ¡No hace falta! — todos se giraron al ver al joven asistente que parecía un poco alterado, rápidamente se recompuso moderando su tono de voz — Yo mismo iré por el joven Rodrigo.
— Jonas — hablo Lauro en tono serio — Su prometida irá por mi hijo, no es algo difícil de entender o si.
Jonas suspiró bajando su rostro.
— No señor, entiendo.
Natalie se mordió el labio, la verdad le hubiera gustado más que el asistente fuera por Rodrigo, la mayoría de los trabajadores del hotel la conocían a ella o a su padre y no sería nada fácil atravesar el lobby bajo aquellas miradas. “Odiaba tener razón”, pensó una vez que subió al elevador, había sentido como varios de sus ex compañeros la miraban con asombro o simplemente debían juzgarla en sus cabezas, cuando llegó a la habitación 003-A distinguió dos voces discutiendo, no es que quisiera escuchar pero tampoco eran tan silenciosos, se asomo por la apertura distinguiendo a un Rodrigo molesto mientras se colocaba el saco, por otro lado en la cama la pelirroja se cubría con una sábana mientras le gritaba molesta.
“Claro que te la tenias que coger'', pensó la rubia prestando atención a lo que Simone le reclamaba al castaño.
“….— No creeras que con un poco de sexo se me va a olvidar que ahora todos piensan que tú prometida es esa maldita zorra.
Natalie frunció el ceño, absteniendo las ganas de partirle la nariz a esa maldita arpía.
— ¡Basta Simone! — Rodrigo estaba que echaba chispas — No sé qué más quieres, te he traído a mi habitación porque lo has exigido, te he permitido dejar tus cosas aquí.
— Quiero que le digas a esa maldita vieja, que la única esposa que tendrás seré yo.
— Por supuesto que tú serás mi esposa Simone, Natalie solo es una distracción, un juego…”
En ese instante Natalie sentía como si le hubieran dado una bofetada para que despertara de un terrible sueño, vio la sonrisa triunfal en el rostro de la pelirroja, antes de que esta besara de manera efusiva al castaño, la rubia no sabía porque aún seguía en aquella posición viendo aquella escena, lo único que sabía era que si el castaño pretendía seguir acostándose con ella, se la pondría muy difícil, dos podían jugar como bien había dicho era una simple distracción, no se debían fidelidad ni mucho menos, aceptaría que liquidara su deuda universitaria por el simple hecho de ser la prometida perfecta ante sus padres y después cuando se graduara desaparecería de la vida de los Montalbán. Natalie salió de su ensoñación cuando vio al castaño dirigirse hacia la salida, corrió a los elevadores pretendiendo que apenas subía al piso.
La mirada oscura de Rodrigo se topó con los ojos cafés de la castaña que salía del elevador, frunció el ceño acercándose a ella, no necesitaba que Natalie supiera que había tenido que ceder a la presión de Simone acerca de dejar que se quedará en su habitación.
— ¿Qué haces aquí? — dijo metiendo a la rubia de nuevo al elevador.
— Tu madre me mandó a buscarte.
El castaño la miró un segundo, llevaba un vestido entallado a su cuerpo que dejaba ver sus largas piernas, sonrió de lado tomándola de sorpresa de la cintura.
— ¿Qué haces? — dijo la rubia tratando de alejarse de él.
— Luces preciosa.
— Es una comida con tus padres, tenía que venir presentable.
— No creo que a mis padres les importe que lleguemos un poco más tarde — dijo el castaño comenzando a morder el cuello de la rubia.
Por un instante el cerebro de Natalie se nublo, pero recordó lo que recién había visto y escuchado, todo era un juego para satisfacer los caprichos del castaño y ella había decidido no serlo más, lo empujo con todas sus fuerzas mirándolo molesta.
— A mi si me interesa que mi padre no se quede un segundo más a solas.
Rodrigo sonrió con burla.
— ¿Crees que mis padres le harán algo chula?.
— Deja de llamarme así y no, tus padres no pero Jafar — dijo saliendo del elevador en cuanto las puertas se abrieron — Él es otra historia.
El castaño sabía que la rubia tenía razón, Jafar sabía usar muy bien las palabras y no necesitaba que eso se complicará más. Llegaron de nuevo a la mesa donde sus padres permanecieron hablando con el padre de la rubia.
— Que bueno que llegaron Rodrigo — habló Lauro indicando a su hijo que podía tomar asiento — Espero que estés preparado para dar la noticia.
— ¿Noticia? — dijo la rubia confundida una vez que tomó asiento junto a su padre.
— Habrá una conferencia de prensa Natalie — comenzó a hablar el castaño sin mirarla — En ella explicaré que nuestro compromiso no fue tan inesperado, ciertamente, nuestra relación ya lleva tiempo como bien lo sabes, además he decidido anunciar la fecha de la boda.
— ¿Fecha de la boda? — dijo sin creer lo que escuchaba — Es demasiado pronto, aún falta para mi graduación.
Rodrigo giró su vista hacia Marco de León que parecía contrariado con todo lo que escuchaba.
— Señor de León esta reunión también es para pedir formalmente su aceptación para que Natalie sea mi esposa.
— Yo…— dijo Marco procesando lo que ocurría — Yo no estoy seguro de lo que está ocurriendo, creo que la situación es algo apresurada si me permiten decirlo, mi hija aun es muy joven, además ¿no deberías preguntarle a ella y darle un anillo?.
— Eso ya ocurrió señor Marco — dijo Rodrigo sacando nuevamente el anillo que le había dado hace un mes a la rubia — Pero Natalie me ha pedido que lo guarde hasta que no habláramos con usted ¿verdad amor?.
La rubia parecía en shock pero terminó por asentir, aunque se sintió miserable luego de ver la decepción en los ojos de su padre, sabía que debía sentirse traicionado, molesto en cierto sentido ya que hacía tiempo que no le mentía de esa forma, en ese instante Natalie quiso llorar de impotencia, pero en cambio se forzó a sonreír.
— Perdona papá, en verdad que todo ha sido tan apresurado y entre la universidad, el trabajo se nos ha ido el tiempo volando.
— Natalie, soy tu padre, la primera persona a la que debiste contarle, pero lo hecho, hecho está ¿entonces se casarán cuando te gradues?.
— No — dijo Rodrigo sintiendo la mirada de su madre sobre él — Nos casaremos dentro de dos meses.
Natalie lo miró incrédula.
— ¿Dos meses? — dijo Marco — Eso es muy poco tiempo.
— Pero Rodrigo habíamos dicho… — comenzó a hablar la rubia.
— No importa lo que se haya dicho antes Natalie, en este momento debido a la situación lo mejor es adelantar la boda, además mi amor — dijo tomando la mano de la rubia entre la suyas para besar su dorso — Me es imposible estar lejos de ti tanto tiempo, lo que más deseo que seas completamente mía.
Natalie no se apartó cuando Rodrigo beso sus labios, pero tampoco le correspondió en su mente solo estaba decidida a encontrar mil maneras de matarlo, el hombre había decido lo que se haría a partir de ese momento, ¿y que si todo salía mal? ¿Qué pasaría si su madre nunca se iba? ¿Qué pasaría cuando Grace Janner comenzará a planear aquella boda?. Para Rodrigo Montalabán no debía existir nada más que salir bien parado de todos aquellos asuntos que lo arrastraban, en ese momento odio aquellos ojos negros que habían hecho que cayera aquella noche, odio cada palabra que el castaño había dicho, odio la sonrisa torcida que hacia que su estomago se estrujara, odio su voz, sus manos, odio todo aquello que conformaba la escencia de Rodrigo Montalbán.