Natalie apagó su teléfono después de haber recibido diversos mensajes por parte del castaño que de alguna manera había obtenido su número de teléfono, era viernes, habían pasado dos días desde que Rodrigo Montalbán había hecho aquella declaración ante los medios de comunicación, desde entonces la rubia le había evitado, indicando que la universidad y el proyecto del aeropuerto consumen todo su tiempo, además no había necesidad de verse si sus padres no se lo pedían. Por otro lado el padre de la rubia había estado bastante serio, se dedicaba a irse temprano a su trabajo sin siquiera desayunar con ella, cuando ella llegaba cansada de la obra su padre ya se había retirado a su habitación, sabía que en algún momento la perdonaría por mentirle, pero eso no evitaba que sufriera un poco por su ausencia.
— Te traje algo de comer — la voz de Adrian se escuchó a su espalda, pronto sintió la presencia del moreno sentarse a su lado, se encontraban en la hora del almuerzo antes de que el ingeniero decidiera quien sería su esclavo hoy.
— La verdad es que no tengo hambre Adrián.
— Pues tienes que comer Nat, se que todo esto te abruma, pero no puedes simplemente castigar a tu cuerpo.
— Abrumarme es poco — dijo la rubia arrojando una piedra a una botella vacía — Mi padre está tan dolido que apenas y me saluda, por otro lado el imbécil de Rodrigo piensa que soy su juguete, quisiera escapar un día, desaparecer.
— Podemos ir al claro.
La rubia lo miró desconcertada.
— Ya sabes Nat, solía llevarte ahi cuando recién eramos novios.
— La cabaña abandonada — dijo con una sonrisa — ¿Crees que siga en pie?.
— Podemos averiguarlo, además será bueno para que tus fieras y yo limemos asperezas.
Natalie se rio por el sobrenombre que el moreno le había puesto a sus amigas, desde que les había dicho que tendrían que trabajar juntos ellas habían accedido un poco a dejar en paz al moreno, pero aún mantenían cierta resistencia a su presencia.
— Necesitaremos refuerzos para que las fieras no muerdan.
— Eso déjamelo a mí, además también me servirá de distracción.
— ¿Lizzie volvió a insistir?.
— Parece que nunca se cansará.
La rubia recargo la cabeza en el hombro de su amigo, hace unas semanas la ex novia del moreno lo había vuelto a buscar abriendo aquella herida que apenas comenzaba a sanar, le había acusado de una sarta de mentiras que habían aplastado nuevamente la autoestima de Adrián, eso le estrujo el corazón a la rubia, pues nuevamente le había visto decaído, su momento de paz acabó cuando el ingeniero pidió a todos reunirse.
Simone Malverde disfrutaba de la relajante playa desde que había insistido en mudarse a la habitación de Rodrigo las cosas para ella había mejorado, aunque aún tenía que lograr que la mesera de cuarta dejará de disfrutar lo que a ella le correspondía, eso aun la sacaba de quicio, aún no entendía el afán de Rodrigo por seguir fingiendo esa falsa relación, si con ella lo tenía todo, le había costado un año de esfuerzo hacer que el castaño le entregará un anillo como ahora echarlo todo a la borda. Observó al castaño que estaba a su lado con un vaso de whisky, desde que había dado aquella estúpida conferencia había estado de un humor insoportable, si no estaba refundido en la oficina se la pasaba como ahora bebiendo y pretendiendo que ella no existía.
— Rodrigo — dijo la pelirroja llamando la atención del castaño — Me aburro, salgamos por la ciudad.
— Que te lleve Jonas.
— Quiero que tú me lleves Rodrigo.
— No.
Rodrigo distinguió de reojo como la pelirroja se levantaba colocandose con los brazos en jarra frente a él.
— Bien, si no quieres salir entonces vayamos a la habitación.
— No estoy de humor Simone.
— ¿Te estas negando a tener sexo? — dijo en tono de enfado, desde esa última vez que Rodrigo no tenía intenciones de tocarla — ¿Que mierda pasa contigo?.
El castaño se levantó para comenzar a caminar hacia el hotel.
— ¡Rodrigo no me dejes hablando sola!.
Pero el joven Montalbán ya había apresurado el paso sin importar que su verdadera prometida gritara a todo pulmón su nombre. En esos momentos lo que menos quería era lidiar con la pelirroja, aun esperaba respuesta por parte de la rubia pero parecía que esta no pretendía tomarse el tiempo para responder, había asumido que el no tener el control sobre eso lo había puesto de mal humor.
— ¡Jonas!
El joven asistente lo miró.
— ¿Qué ocurre Rodrigo?.
— Prepara mi coche.
— ¿Vas a salir?.
— ¿Qué clase de pregunta es esa Jonas? — dijo molesto — Por supuesto que saldré.
Jonas suspiró, pensaba que sería un día tranquilo pero al parecer Rodrigo ya había aguantado lo suficiente, parecía un drogadicto en recuperación y él sospechaba de cuál era la droga del castaño.
— Te recuerdo que tu padre ha pedido reunirse contigo en una hora, si sales ahora no podrás estar a tiempo.
El castaño lo miró con fastidio, no recordaba haber agendado una reunión con su padre.
— No creo que sea tan urgente tu salida ¿o si? — insistió el asistente.
— ¿Qué estás insinuando Jonas?.
— Solo digo Rodrigo, que actuas peor que aquella vez que no viste a Natalie después de que zanjaron su falso compromiso de dos días.
— Lo que hiciera esa mujer en esa ocasión me tenía sin cuidado Jonas, pero esta vez es diferente, se supone que es mi prometida por más tiempo y no se que carajo pasa con ella.
— Tu falsa prometida.
Rodrigo lo miró de mala gana.
— Disculpa — dijo Jonas al ver el enojo en los ojos del castaño — Pero me es incomprensible que estés tan alterado, cuando sabes perfectamente que se encuentra en la universidad o bien, en sus prácticas.
— Pero no ha devuelto ninguna de mis llamadas o respondido mis mensajes.
— ¿En realidad tiene que hacerlo? — Jonas pasó saliva, sabía que se había arriesgado con aquella pregunta — ¿Qué es lo que necesitas saber que es necesario que te responda? Sabes que ella está bien, o más bien ¿es la necesidad de verla?.
— Por supuesto que no Jonas, deja de decir idioteces.
— Bien entonces si no hay necesidad de verla, yo puedo ir para asegurarte que está bien.
— Claro que no, después de todo el domingo vendrá a la dichosa fiesta que Zack le hará a su hijo.
— Oh por supuesto.
El castaño asintió tratando de él mismo convencerse de lo que había dicho, aunque no parecía funcionar ya que cuando llegó con su padre aún estaba bastante irritado.
— Me alegra que ya estés aquí Rodrigo, toma asiento.
Lauro se encontraba en una de las salas privadas del hotel, desde que había llegado había revisado como había llevado las riendas Rodrigo y a pesar que no tenía quejas, le preocupaba un rumor que había llegado a sus oídos.
— ¿Qué sucede padre?.
— Primero, felicitarte una vez más hijo, es un orgullo que puedas llevar las riendas de los hoteles Montalbán tú solo, además de decidir sentar cabeza.
— Gracias padre, pero si eso era todo…
— Aún no Rodrigo — interrumpió Lauro — Hay algo que me preocupa, sobre una futura inversión.
Rodrigo frunció el ceño.
— ¿No se supone que confías en mí?.
— Lo hago, pero una inversión de esa magnitud en tan poco tiempo, puede traernos problemas.
— O todo lo contrario, tener la solvencia económica necesaria para poder levantar otro hotel.
— Tenemos cinco hoteles, créeme hijo no hay necesidad de ser ambiciosos.
— Tampoco la necesidad de ser mediocres.
Lauro dio un golpe en la mesa levantándose de manera molesta, mientras que el castaño permanecía impasible.
— Que no se te olvide que soy tu padre Rodrigo.
— No era mi intención padre, faltarte al respeto, pero que no se te olvide que has sido tú el que me ha cedido su puesto, por lo tanto las decisiones que tomo no son de tu incumbencia.
— Por supuesto que lo son, he sido yo el que ha levantado cada uno de los hoteles que les han dado la vida que ahora llevan tu y Jafar.
— Y ahora seré yo quien duplique lo que hasta ahora has levantado.
— Tanta confianza puede acabar contigo hijo.
— ¿De verdad piensas que me es imposible hacerlo padre? — una sonrisa de suficiencia se formó en el rostro del castaño al ver la contrariedad en los ojos de Lauro Montalbán.
— Esta vez no firmaré para solventar los gastos si la inversión sale mal, de ser así el único que lo perderá todo serás tú.
— ¿Me vas a retirar tu apoyo? — dijo Rodrigo molesto.
— Como inversionista si, como tu padre confío en que de verdad lo logres hijo.
Para Rodrigo aquello parecía una mala broma de su padre, pero si en realidad es lo que quería, sonrió de lado.
— Muy bien padre, no necesito tu respaldo.
Lauro Montalbán esperaba que su hijo se retractara, pero era igual de necio que su madre, suspiró rezando porque de verdad la visión de Rodrigo no los llevará a la ruina.
El motor del viejo mustang de Adrian Morán se escucho aquella silenciosa mañana rompiendo con aquella paz en el viejo vecindario, Marco abrió la puerta de su casa recibiendo al joven moreno, su hija le había dicho que saldrían el fin de semana con las chicas, para tratar de recuperar viejas amistades, esa parte le había agradado, por lo menos algo de la vieja Natalie había resurgido.
— Adrián qué bueno verte muchacho.
— Señor Marco, buen día — dijo sonriendo el moreno — ¿Recuerda a David?.
Marco de León se percató del otro joven que permanecía un poco retraído, le saludo con la cabeza, le debía de haber visto en dos ocasiones cuando Adrián y su hija mantenían una relación.
— Un poco lo recuerdo, pero pasen.
Los tres hombres entraron al espacio de la sala justo en el momento en que la rubia salía de su habitación con una pequeña mochila colgada del hombro mientras hablaba por teléfono.
— Vamos Tala será un buen día…no, eso no…claro que irán…Tala te lo juro si cuando pase por ti no estás lista esto se acabó.
Dicho eso último Natalie colgó la llamada, para sonreirle a sus invitados.
— ¡David! — dijo sonriente hacia el joven rubio que parecía un poco serio — Qué sorpresa.
— Lo mismo digo Natalie — habló en tono cordial — Aun no me creo que ustedes hayan limado asperezas aunque claro Adrian se ha echado toda la culpa.
La rubia forzó la sonrisa.
— No sabes cuanto te extrañe — dijo entre dientes de forma sarcástica.
Adrián sonrió tomando la mochila de la rubia.
—Bueno, nos vamos.
Natalie se giró hacia su padre.
— Volveremos mañana, papá ¿estarás bien?.
— Por supuesto que sí, ve tranquila y disfruta.
La rubia abrazó a su padre en modo de despedida, soltando disimuladamente su celular en el hueco del sofá, lo había dejado prácticamente en modo silencio, si alguien le llamaba simplemente podría decir que lo olvido.