CAPÍTULO 17

1589 Palabras
La llegada al lago había sido más tediosa de lo que Natalie hubiera imaginado, por un lado sus amigas se habían negado a entablar una conversación con el moreno y su amigo, debido a que el espacio dentro del coche era reducido y si había una discusión que según Cloe era lo más seguro, no habría manera de evitar que sufrieran un accidente, por lo que habían pasado poco más de una hora con el ruido del radio que en algún punto perdió la señal. — ¡Por fin! — soltó Sarah estirándose. — Bueno…— dijo Natalie mordiendo su labio inferior. — ¿Qué significa ese bueno Nat? — dijo Tala con el ceño fruncido. — Aún…no llegamos del todo. — Oh dios — soltó Cloe tomando su mochila — ¿Tendremos que caminar?. Adrián apareció sonriendo a un lado de Natalie. — Será divertido, son veinte minutos — dijo tomando la mano de la rubia. — Todas te odiamos — soltó Tala avanzado detrás de la pareja, seguida de sus amigas. Natalie rió divertida mientras se adentraba al sendero que llevaba al lago y la vieja cabaña. Pasados unos veinte minutos en lo que lo único que se escuchaba eran las quejas de Sarah seguidas de varias risas ahogadas de sus amigas, por fin llegaron a la zona del lago y la vieja cabaña se erguía frente a ellos. — Esto es una película de terror de baja producción — dijo Tala mientras observaba el deterioro externo de la cabaña en la que su rubia amiga pretendía que pasaran la noche. — No es tan malo — dijo Natalie avanzando a la cabaña — Adrián y yo solíamos venir aquí y nunca pasó nada malo. — Dios, a parte dormiremos donde tuvieron sexo. Natalie la miró con burla. — Bueno, te has sentado donde también tuvimos sexo y no te vi quejandote. Cloe soltó una carcajada al ver la cara de Tala y su hermana tras escuchar a su rubia amiga. Al entrar los seis jóvenes se dieron cuenta que efectivamente por dentro la cabaña parecía estar en peores condiciones que en el exterior. — Bueno, supongo que sí cambió un poco — dijo Adrián haciendo una mueca. — ¿Por lo menos tiene luz? — preguntó Sarah dudando de que así fuera. David prendió los interruptores sin obtener nada más que una leve chispa. — Debe de haber un transformador afuera, iré a ver — hablo el joven rubio. — Te acompaño — dijo Natalie sonriendo — Ustedes pueden ayudarle a Adrián a ir acomodando un poco. Tala frunció el ceño ante la intención de su amiga, sabía que Natalie pensaba que ese fin de semana serviría para tratar de volver a ser el grupo de amigos que eran cuando iniciaron la universidad, pero Adrián Morán había engañado a su amiga, no comprendía cómo la rubia le había podido perdonar y parecer los mejor amigos. Natalie observó como David iba refunfuñando en voz baja, desde que había terminado su relación con su amigo y se había enterado cómo habían sucedido las cosas en realidad, este la había juzgado así como sus amigas juzgaron al moreno, pero estaban ahí para relajarse y volver a ser los de antes. — David ¿Cómo has estado?. — Si lo dices para entablar una conversación y que esto sea menos incómodo te aseguro que no lo será. — Oh vamos David — dijo con una sonrisa — Vamos a estar casi dos días aquí, hay que por lo menos ser cordiales ¿No?. El hombre rubio la miró intrigado. — Cordialidad hubiera sido de tu parte el haber aclarado lo que de verdad ocurrió con Adrián. — Lo intenté, pero él dijo que dejara la situación así. — ¿Y no te pareció correcto seguir intentándolo?. Natalie suspiró distinguiendo el transformador al cual se acercó con cautela. — Lo intenté, es por eso que ahora somos amigos. — Después de dos años cualquiera olvida muchas cosas. David examinó el transformador antes de levantar un interruptor que hizo que brotaran chispas. — ¡Joder! — exclamó la rubia tapándose la boca con las manos. — Calma, solo es conseguir un poco de gasolina, hace tiempo que no se utiliza debe ser normal ¿Te asustaste? — dijo el rubio acercándose a Natalie de manera preocupada. — ¡Claro que sí! — dijo aún angustiada — Creí que explotariamos. David comenzó a reírse viendo la cara de molestia de la rubia. — Fue divertido verte saltar. — No lo fue. Natalie sonrió al ver que David aún continuaba riéndose, por lo menos la tensión había desaparecido, siempre le había agradado el rubio, por lo que volver a ser amigos quizá sea bueno en el futuro. — Tengo una duda — dijo David mientras llenaba el transformador con gasolina. — ¿Cuál?. — He visto por las noticias que te has comprometido con un Montalbán — Natalie rodó los ojos pero lo dejo continuar — De ser así ¿porque no traes el anillo de compromiso?. — Vale millones, si lo pierdo no podría pagarlo. — ¿Perderlo? En el supuesto caso de que eso ocurriera, estoy seguro que tu prometido no exigiría que se lo repusieras. — Podemos no hablar de mi compromiso ¿por favor?. David la miró un segundo antes de concentrarse en encender nuevamente el transformador. — No luces como una novia emocionada, es extraño ¿te casas por dinero?. — ¿Qué? — dijo ella de manera incrédula, mientras el motor del transformador tronaba con un escandaloso ruido — ¿Por qué crees que soy ese tipo de mujer?. — ¿Entonces por qué no luces emocionada?. — Ese no es asunto tuyo, David. — Creí que querías que fuéramos amigos de nuevo — contestó el rubio mientras miraba satisfecho como el transformador daba la suficiente energía. — Eso espero, pero no deseo hablar de mi vida privada. — ¿Te puedo preguntar otra cosa?. La rubia cerró los ojos un segundo llenándose de paciencia antes de volver a mirar al hombre frente a ella. — Mientras no sea sobre mi compromiso. — No, es sobre Adrian — dijo el joven deteniendo el paso. — ¿Qué ocurre con él?. — Se que últimamente ustedes han estado bastante unidos, lo has apoyado en lo de su ruptura con Lizzie y es por ello que he aceptado venir a este viaje, pero tengo una duda ¿ustedes han iniciado de nuevo una relación s****l?. Natalie lo miró con sorpresa antes de fruncir el ceño. — Acabas de decirme que estoy comprometida. — ¿Eso sería un impedimento para sesiones de sexo?. — Repito, ¿que clase de mujer crees que soy?. — ¿Entonces no lo harías? Lo digo porque si volvieras a lastimar a Adrián está vez no me quedaré callado. Ella comenzó a avanzar molesta de nuevo hacia donde estaban los demás dejando con la palabra en la boca al rubio. Natalie llegó a la cabaña en el momento justo en que Tala reclamaba de manera molesta a un confundido Adrián, mientras que Sarah y Cloe trataban de calmar a la filipina. — Pero, ¿qué sucede? — dijo colocándose a un lado del moreno. — Sucede que las fieras están sueltas — soltó de repente el moreno apuntando a las amigas de la rubia que lo miraron molestas. Natalie trató de no reírse pero fue imposible. — Oh por favor — dijo Tala — ¿Desde cuándo somos las fieras?. — Desde que me defienden de todo, además ¿porque carajo discutían? — dijo poniendo sus manos en su cadera — Se supone que estamos aquí para pasarla bien. — Si con bien te refieres a que el techo puede caernos encima — dijo Sarah con sarcasmo. — Sarah cielo, jamás las pondría en riesgo. — Eso lo sabemos — dijo Cloe con una sonrisa — Pero discutían por otra cosa, estamos molestas porque Adrian nunca quiso admitir que fue lo que hizo que te fuera infiel. La rubia suspiró. — Chicas… — No, Natalie — dijo interrumpiendo el moreno — Es lo que les he tratado de explicar, lo que pasó entre nosotros fue hace tiempo y si tu has podido reconciliarte conmigo, no veo porque ellas no. — Porque no confiamos en ti — dijo Tala tratando de hacer que la rubia comprendiera su preocupación. — No tengo duda de eso. — Lo único que nos alegra es que Natalie nunca volvería contigo — habló Sarah con una sonrisa — Comprueba el hecho de que ahora está comprometida con un buen hombre. — Todos sabemos que es mentira — dijo el moreno con burla. — ¡¿Él lo sabe?! — dijo Tala en forma de reclamo. Natalie mordió su labio inferior antes de suspirar. — Le tuve que decir. — ¿Por qué?. — Eso no importa, si ustedes saben mi secreto sobre el compromiso es porque confio en ustedes. — Así que yo estaba en lo correcto, hay algo detrás. David había llegado sonriendo con suficiencia mientras varios pares de ojos se habían posado en él con sorpresa. — Entonces — siguió hablando — ¿Cuál es el secreto?. Todos los presentes observaron a la rubia que miraba con preocupación al hombre rubio, sabían que ya eran varios involucrados en aquella mentira, en algún punto si Natalie y Rodrigo no tienen cuidado, todo se les derrumbaría como un castillo en la arena en el que la marea podía llevarse en cualquier momento.
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