Rodrigo Montalbán miraba el techo en su habitación mientras escuchaba la respiración de Simone a su lado, hace rato que la pelirroja debía de haberse quedado dormida después de un nuevo berrinche por haberla ignorado, pero para él se había vuelto una gran complicación, cada noche se levantaba de su cama para moverse a la habitación de invitados contigua, sabía que debía quedarse con la pelirroja después de todo él la había seleccionado para compartir el resto de su vida con ella, no entendía porque le había resultado tan fácil dormir dos veces con la rubia, pero con su prometida parecía todo lo contrario, él la había elegido no tenía porqué ser tan extraño, por eso esa noche se había forzado a quedarse a su lado, aunque eso significa que no dormiría en toda la noche.
— Maldita sea — dijo en voz baja mientras se levantaba de la cama, tomando su celular, después de haber pasado otro cuarto de hora en la misma posición.
¿Me contestaría si le llamo? pensó buscando el contacto de la rubia, mientras el frío aire de la noche le daba de lleno, había salido al balcón donde la oscuridad de la noche y el mar se combinan ante su vista.
— No ha contestado ninguno de mis mensajes — dijo para sí mismo en voz baja — Es imposible que conteste el teléfono.
El castaño pensó en las palabras de Jonas, ella era una droga, no como sus golosinas, era una verdadera droga de la cual se negaba a desprenderse y eso le había afectado más de lo necesario, tenía que volver a concentrarse, no tardaría en llegar su socio y con el poder total que su padre le había dado sobre los hoteles, le sería más fácil moverse. Rodrigo sonrió en medio de la oscuridad, por un instante volvió a sentir que recuperaba el control de su vida.
Natalie miraba la luna reflejada en el lago antes de sorber otro trago de su cerveza, resultó ser que un poco de alcohol en sus venas había logrado que sus amigas recordaron viejas anécdotas rompiendo así la terrible tensión que se había formado alrededor del grupo, además que David se había enterado en qué consistía el trato que tenía con Rodrigo Montalbán y a pesar que el rubio había prometido no decir nada, la situación le preocupaba y más cuando el castaño se enterara de cuantas personas sabían que su compromiso era falso.
— Te ves afligida.
— Pensé que este viaje serviría para no pensar en nada — contestó la rubia sin mirar a su acompañante.
— ¿Es lo que quieres?.
— El alcohol no funciona, tu que crees.
Natalie escuchó la suave risa de aquel hombre antes de que se dejara caer junto a ella.
— Me han dicho que soy buen oyente.
— ¿Sin comentarios sarcásticos?.
— Puedo contenerme.
— No hay mucho que contar de todos modos David, lo has escuchado todo.
El joven rubio la miró con una interrogante.
— Si no hubiera nada más no estarías así.
Natalie suspiró, qué más daba desahogarse con alguien ajeno a gran parte de la historia.
— Mañana tengo que fingir nuevamente un compromiso con su familia, es difícil engañarlos, a nadie le gusta que le mientan, además han sido buenos conmigo.
— Pues manda todo a la mierda ¿que te ata a él?.
Natalie desvió su vista hacia los ojos del rubio, no podía decirle que temía que el castaño se desquitara con su padre, ya le había amenazado una vez logrando su cometido y ahora que su padre permanecía más tranquilo en una oficina, sería terrible perderlo todo de nuevo, además ya estaba suficientemente decepcionado como para ahora agregarle que le había mentido aún más.
— Solo será poco tiempo, los dos ganamos al final.
— ¿Que se supone que ganas tu?.
— Eso…es privado.
— ¿Sexo?.
— ¿Solo piensas en eso como un móvil para que yo me acerque a los hombres?.
— ¿No es así con las mujeres?.
Natalie lo miró ofendida.
— No, no es así y de ser así ¿no te afectaría a ti también?.
— Adrián es mi mejor amigo.
— ¿Qué? — dijo confundida.
— Nuestra amistad me impide que piense en ti de esa forma, admito que eres atractiva, pero la situación no pasará más allá de ese pensamiento.
La rubia lo miró con incrédula, quería decirle algo pero se había quedado sin palabras, siempre había pensado que David era extraño en ciertos aspectos, alguna vez Cloe había dicho que era lindo y ella lo había reafirmado, pero nunca imaginó que aquel hombre pudiera siquiera imaginar algo con ella, sonrió terminando su cerveza, después de todo David había logrado dispersar sus pensamientos sobre el castaño por lo menos un momento, ese le había hecho relajarse.
— Pero volviendo a tu estres por tu falso compromiso, si no quieres mandarlo a la mierda entonces solo disfrutalo.
— ¿Cómo? — dijo la rubia confundida.
— Estás falsamente comprometida con Rodrigo Montalbán, no se el trato que tengan, pero estoy seguro que como agradecimiento él podrá complacer varios de tus gustos.
— David, jamás haría algo así.
— ¿Por qué no? Eso compensa el hecho de que te sientas mal por el engaño.
— Porque no soy así cielo, no soy la clase de mujer que pide cosas a cambio de favores, pero gracias por escuchar.
— Creo que sería fascinante de ver.
Natalie se unió a la risa del rubio, ¿fascinante de ver con Rodrigo Montalbán la complace con tal de mantener aquella mentira? Seguramente lo sería, pero ella solo quería que esto terminara, además había jurado no volver a ser su juguete y estaba segura que Rodrigo no le daría nada sin obtener un beneficio para él.
Marco de León miraba nervioso su taza de té a pesar del incesante calor que entraba por su ventana le había ofrecido a su invitado una taza de té, llevaba poco más del cuarto de hora preguntandose porque su hija se había desaparecido el fin de semana sin siquiera avisarle a su prometido y mucho menos llevarse el celular.
— He de suponer que Natalie ha tenido una semana bastante ocupada, siempre suele tomarse los fines de semana para salir con sus amigas.
El hombre castaño frente a él le devolvió la mirada gélida, Rodrigo Montalbán se había levantado aquel domingo con la idea de que la castaña estaría lista para el compromiso del cumpleaños de su sobrino, no era una idea que le fascinará, pero había descubierto que su madre apreciaba a la rubia y comenzar a llevarla a reuniones familiares era lo más prudente.
— Ella sabía de nuestro compromiso desde mucho antes señor Marco, mi familia ahora debe ser su prioridad si formara parte de esta.
— Eso lo entiendo joven Rodrigo, pero conozco a Natalie, se está adaptando.
— No estoy seguro que su falta de educación sea porque se está adaptando a nuestra relación, si no por el hecho de que no le importa en absoluto.
Marco se removió incómodo, aún traía en la cabeza la idea de que su hija no sentía amor por ese hombre.
— Creo que eso debería hablarlo directamente con ella, después de todo es su prometida.
— Si, supongo que hablaré con ella.
— Joven Rodrigo, ¿podría hacerle una pregunta?.
El castaño miró con asombro al hombre frente a él antes de asentir.
— ¿Usted ama a mi hija?.
Esa pregunta lo tomó desprevenido, por supuesto que no amaba a la rubia ni siquiera estaba seguro de amar a Simone, la mujer con la que se casaría, era lógico que no amaría a Natalie, ella solo había sido un poco de diversión en su vida que se había complicado bastante, pero pronto terminaría con aquello; no le molestaba mentir aunque eso incluyera a sus padres mientras las mentiras mantuvieran lejos a todos aquellos extraños, sobre su verdadero estilo de vida.
— Su hija me fascina, así que por supuesto amo cada cosa de ella, ¿porque lo pregunta?.
— ¿Cree que mi hija siente lo mismo por usted?.
Rodrigo lo miró confundido.
— ¿A que se refiere?.
— Conozco a Natalie por supuesto, es mi hija, quizá no la conozco más que sus propias amigas pero si la he visto enamorada y ella…bueno, no luce exactamente enamorada cuando está con usted.
— ¿Que está queriendo decir señor Marco?.
— Que quizá, el tema de mi ascenso haya tenido algo que ver y de ser así, le suplico joven Rodrigo que deshaga este estupido compromiso, mi hija no se va a atar a alguien solo porque no quiera que su viejo padre sufra.
El castaño por primera vez miró con un poco de admiración a alguien que no era su propio padre, aquel hombre le miraba con fiereza mientras demostraba una gran valentía al intentar enfrentarlo. Antes de que Rodrigo pudiera decir algo, la puerta se abrió mostrando a una sonriente rubia seguida del moreno que últimamente era la piedra en el zapato del castaño.
— ¿Rodrigo? — dijo Natalie borrando su sonrisa, no había visto su coche afuera de su casa así que claramente estaba sorprendida de que el castaño estuviera en su casa tomando una taza de té con su padre, el cual estaba bastante serio — ¿Ocurre algo?.
— Ocurre — dijo el castaño levantándose, estaba por reclamarle el hecho de que iban bastante tarde a su compromiso, pero se lo pensó mejor — Lo que ocurre mi amor, es que tu padre duda que estemos lo suficientemente enamorados para comprometernos.
Natalie abrió y cerró la boca varias veces, analizando la situación aun sin poder creerlo.
— Papá, te lo he dicho antes yo…
— Se lo que los dos me han dicho — dijo levantándose con pesadez — En vista de que quieren seguir adelante con esto, entonces no tengo más que decir, tienen mi bendición.
La rubia se quedó sin palabras sintiendo al castaño acercarse a ella con una sonrisa de suficiencia.
— Por cierto hija, tu prometido ha esperado por tí, no deberías ser descortés con los compromisos familiares de tu familia política.
— Tienes razón papá — dijo con una sonrisa forzada girándose hacia el castaño — Lo siento Rodrigo perdí la noción del tiempo.
— Aún podemos llegar, te perdono si me das uno de esos dulces besos.
Natalie frunció el ceño al ver la sonrisa de burla en el castaño, solo la estaba fastidiando frente a su padre y el moreno, el cual por cierto carraspeo haciendo que todos se giraran hacia él.
— Bueno Nat — dijo con una sonrisa — Te veré mañana ¿paso por ti para ir a la Uni?.
— Eso no será necesario — se adelantó a hablar Rodrigo — Yo mismo la llevaré.
— No tienes que hacer eso, Adrián no vive tan lejos y le es fácil pasar por mí.
— Serás mi esposa Natalie, no dejaré que otro hombre sea tu chofer.
La rubia trató de llenarse de paciencia definitivamente quería ahorcar al castaño en ese momento, tendría que hablar con él cuando estuvieran a solas.
— Él tiene razón hija, aunque tu y Adrián sean amigos, ahora es responsabilidad de tu prometido ver por tí.
— Si, papá — dijo dándose por vencida — Gracias Adrián, supongo que te veré directo en la universidad.
El moreno sonrió, él también se sentía atado de manos si él padre de Natalie no sabía nada al respecto, se despidió de los tres antes de salir hacia su mustang, sabía que Natalie seguiría con aquella historia por lo menos hasta que ella decidiera ponerle punto final, solo esperaba que de verdad fuera su amiga y no aquel hombre quien termina de narrar la historia.