Ashton
Entro mirando a mi alrededor con recelo y un poco distraído con la oscuridad del lugar, donde pequeñas luces de colores me permiten ver a los demás como si fuesen siluetas. Busco un asiento apartado de las personas que me conocen y me recuesto. Las sillas acolchadas son cómodas y pese a los murmullos de las personas emocionadas, se sentiría bien dormirse aquí.
Luces proyectan al frente donde solo se muestran unas gigantes cortinas de color vino; una mujer rubia y muy delgada, vestida con mallas y un moño en el medio de la cabeza se para en frente con un micrófono. Se presenta como la señorita Lassarre y a juzgar por su acento debe ser francesa.
Los aplausos y alaridos de familiares golpean mis oídos y me arrepiento de estar aquí. No entiendo por qué rayos vine, pero me siento ridículo ahora mismo. Saco el pequeño peluche rosa que compré antes de venir y lo acaricio, la empalagosa gritará como loca cuando se lo dé, ya me puedo imaginar su ruidosa risa. Borro la sonrisa de mi cara con una mueca, me asusta lo que estoy sintiendo y soy consciente de que no sería correspondido.
Ni siquiera puedo dar muestras de cariño.
Sacudo mi cabeza para alejar esos estúpidos pensamientos. Rosita azucarada es una niña sana y feliz, nunca ha tenido las carencias que yo ni ha saboreado la maldad. Ella es pura e inocente, un huracán diabético con una risa sincera y llena de sentimientos. Yo, sin embargo, soy todo lo contrario. Es una estupidez si quiera imaginarme una relación con ella.
Aprieto el muñeco y lo guardo dentro de mi chaqueta. Suspiro por el temor y la expectativa. ¿Y si se resbala y se da un mal golpe? ¿Qué sucedería si ella tiene pánico escénico y se congela en medio de la presentación? No, esa niña podría padecer de todo, menos de miedo escénico. Mis pensamientos se alejan cuando un grupo de niñas pequeñas salen. Busco a Rosita rosadita, pero no la veo.
Después de varios minutos de ver niñas disfrazadas de duendes, flores y todas esas pendejadas, los párpados me pesan y quiero dormir. ¡Esto es tan aburrido! No sé en qué rayos estaba pensando cuando entré a este lugar. Agrando mis ojos cuando un bailarín vestido de bestia sale y baila junto a las chiquillas.
¿Es en serio?
No puedo evitar observar a las mujeres que parecen son madres de las niñas porque están llorando mientras graban o tiran fotografías, esto es muy cursi y desagradable. La bestia sale del escenario y las luces desaparecen. Música alegre resuena en el lugar y una luz blanca proyecta en el centro. Mi boca se abre de más y mis ojos siguen su figura por todo el escenario. Allí está ella, grácil y hermosa. Sus movimientos son suaves y ágiles, ella irradia delicadeza y belleza, alegría y colores. Ella es la mujer más bella y con el corazón más noble que he conocido en toda mi vida, ella es mi primer...
Salgo de prisa para que nadie note mi presencia, aún estoy impresionado por lo bien que baila Melinda, ella parece toda una profesional y su baile te hipnotiza, simplemente no puedes dejar de mirarla.
***
Melinda
¡Estoy tan emocionada! Toda mi familia está aquí dándome apoyo, incluso mis hermanos vinieron. Los Morris son tan cercanos a nosotros que los siento como a mis tíos. Los observo a todos y la decepción me golpea al notar una silla vacía, Ashton no vino. Soy una tonta al creer que lo haría, de todas formas, él siempre me trata con indiferencia. Respiro tratando de alejar toda negatividad y tristeza, mi familia y amigos están aquí y es lo único que necesito.
Es extraño, por alguna inexplicable razón mi baile salió mejor porque sentí a Ashton observarme; es loco, pero percibía su mirada quemarme mientras estaba en el escenario; al parecer, me equivoqué. Después de la presentación mis padres me abrazan llenos de emoción, mamá limpia una lágrima de su mejilla y me apapacha con fuerza.
—¡Eres muy talentosa, Melinda! ¡Estoy tan orgullosa de ti, cariño! —Mamá dice entre sollozos.
—Ratita, eso fue genial. —Mis hermanos se acercan y desarreglan mi cabello. Después de que mi familia y los Morris me terminan de saludar, Ron se me acerca y besa mi mejilla.
—Reflejaste en ese escenario lo que eres: una hermosa princesa. —Ron me abraza y yo le correspondo. Entonces Kim, Sandra y mis hermanos empiezan a mofarse de nosotros. Tarados.
Después de cambiarme salgo del teatro, pues todos me esperan afuera para comer. Ya es medio día y mi estómago me está reclamando por comida; agradezco que mi metabolismo sea rápido y que la naturaleza decidiera que yo fuera un palillo, puesto que me encanta comer. Soy testigo de cómo muchas compañeras deben hacer dietas muy rígidas para mantener la figura, dado que en el ballet se exige estar en forma.
Salgo del teatro y choco con alguien, pues como siempre estoy corriendo. Mi corazón palpita con agitación y mis lágrimas quieren salir al ver a Ashton frente a mí con un lindo osito rosa en las manos.
—H-hola —tartamudea. En cambio, yo sonrío para no llorar.
—Viniste. Ya se terminó, pero gracias de todas formas.
—No acabo de llegar... —Mira a los lados y luego sus ojos me escudriñan con intensidad—. En realidad, vi toda la presentación empalagosa y cursi. Te veías muy linda. Felicidades, lo hiciste muy bien.
Me quedo petrificada en mi lugar. No puedo creer lo que acabo de escuchar. ¿Ashton vio la presentación? Más increíble aún, ¿me está elogiando? Él extiende el osito en mi dirección mientras me esquiva la mirada. Su expresión es desinteresada, pero sé que está sonrojado. Creo que conozco mucho a mi mejor amigo. Tomo el muñeco y empiezo a saltar como loca, dado que Ashton me mira mal, yo me detengo. Sé que él odia las muestras de cariño, sin embargo, no me puedo controlar más; abrazo a Ashton con todas mis fuerzas, nunca antes me había atrevido a abrazarlo con tanta intensidad.
Ashton
Sus brazos me aprietan con tanta fuerza que creo que me exprime. Siempre he temido a las muestras de cariño, bueno, desde esa vez. Nunca permito que me abracen, besen o toquen, y cuando Melinda llegó a hacerlo algunas veces, la traté mal gracias a lo mucho que me alteraba cuando lo hacía.
Un abrazo me pone nervioso, me da temblores, me hace sudar, me revuelve el estómago y me provoca escalofríos. Suelo reaccionar de forma violenta y muchas veces salgo corriendo, dependiendo que tan intensa sea la muestra de cariño. Sin embargo, en este momento no siento nada. No hay deseos de huir ni de llorar, no hay temblores ni escalofríos, simplemente, no siento nada.
Melinda
Creo que estoy soñando. Ashton se ha quedado quieto en su lugar, no me ha reprochado ni ha actuado fuera de sus cabales; solo está quieto y en silencio, ido en sus pensamientos. Me aparto avergonzada y le pido disculpas por mi arrebato, él asiente ensimismado y lo halo del brazo. Me lo llevo a rastras junto a los demás y Ron me mira feo cuando lo ve.
—Ashton, viniste. —La señora Morris comenta con sorpresa y la tensión se hace presente. Todos observan a Ashton con extrañeza y me siento un poco incómoda, debe ser difícil que los demás te vean de forma rara.
El almuerzo pasa divertido y me rio mucho con mis locos hermanos y sus anécdotas de la universidad. Ashton se mantiene en silencio como siempre, lo conozco demasiado como para saber lo incómodo que está. No quiso ordenar comida y eso me preocupa, no puede estar sin comer todo el día.
—Melinda, tengo algo para ti. —Ron suelta de repente y me mira con una sonrisa que me revuelve el estómago—. Toma, esto es una pulsera de oro blanco, digna de ser llevada por una hermosa dama como tú. Ponla en tu delicada muñeca y de paso quítate esa basura y bótala.
Ron apunta en dirección a la pulsera rosada que me regaló Ashton cuando éramos niños; por inercia acaricio la prenda que tengo conmigo desde ese día y que nunca me he quitado; por su parte Ashton solo me mira como esperando alguna acción de mí. No puedo descifrar su escrutinio, pero me duele el pecho.
—Ron, cuida tus modales. —La señora Morris lo reprende y como respuesta él entorna los ojos.
—Primo, puedes pedir. No te preocupes por lo caro de los platos, te estamos invitando, sabemos que no podrías pagar en un lugar como este. —Miro a Ron con odio, siempre hace lo mismo. Los Morris lo regañan y mi familia observan a Ashton con pesar, a ellos no les gusta que humillen a las personas. Aprieto la mano de Ashton por debajo de la mesa y lo miro a los ojos. Él suspira y se levanta de su asiento.
—Gracias por la invitación, pero debo irme ya. —Se retira y mi corazón duele por el vacío de su ausencia.
***
1 año después...
Estoy muy feliz porque Ashton cumple años hoy. Es lo único bueno de esta semana, puesto que ya empezaron las clases. Fueron unas vacaciones productivas debido a que trabajé junto a Ashton en la ferretería, lástima que ya no podré hacerlo, puesto que mis padres dicen que si trabajo no voy a tener tiempo para estudiar.
Por lo menos este es el último año.
Ojalá que pueda estudiar en la misma universidad que Ashton. ¿Les digo un secreto? Hace unos meses —en mi cumpleaños diecisiete para ser exactos—, descubrí que me gusta Ashton. Sí, caí en los brazos del amor y es triste no ser correspondida.
Por suerte el autobús no me dejó como la mayoría de veces y hoy estoy temprano. Veo a un grupo de estudiantes hablando de forma acalorada, eso de seguro es un chisme caliente. Me acerco y ahora sí estoy convencida de que es un chisme: Karen es la cabecilla de la conversación.
—Hola, chicos. ¿Qué sucede? —Saludo con mi sonrisa de siempre y Sandra me abraza de forma dramática.
—Amiga, debes tomártelo con calma. —Ruedo los ojos ante su drama para luego saludar a Jenny, quien se ha unido al grupo.
—Empalagosa, perdiste. —Enfoco mi atención en Jenny, confundida con lo que me acaba de decir.
—Tus acosos no dieron resultados, Melinda. —Karen me aborda y yo sigo confundida. No entiendo por qué todos me miran con sorna y me atrevería a decir que algunos expresan lástima. Me encojo de hombros ante esta extraña situación.
—¡Hola, perdedores! —¿Paola nos está saludando? Eso es extraño, pues esa niña se cree tan importante que solo habla con su grupo exclusivo de amigos—. Ya deben saber el chisme, envié las fotos por el chat para que vean con sus propios ojos la verdad. Niña —se dirige a mí—, es momento de que te alejes de mi novio.
—¿De qué estás hablando? —La confronto llena de confusión y ella se me para en frente de forma provocativa.
—De Ashton, cariñosamente 'el Freak'. Es mi nuevo novio y espero que te alejes de él.
Bien, ese fue un buen chiste. Me carcajeo en su cara ante tal barrabasada, no obstante, mi risa va desapareciendo poco a poco cuando ella saca su teléfono celular y pone la pantalla frente a mis ojos; y, en su lugar, muestro consternación. ¿Ese es Ashton? ¿Es ese el chico raro de mi cuadra que no deja que nadie lo toque? ¿Por qué él y Paola se están besando en esa foto?
Aunque mis ojos se llenan de lágrimas, aún no lo acepto. Ese puede ser cualquier otro chico y no mi Ashton.
—No es Ashton. Él nunca se besaría con una bruja como tú.
—Ja, ja, ja, ja. ¡Qué graciosa! Claro que es él. Tú eres tan obsesiva que te niegas a ver la realidad, despierta, perdedora. Ashton nunca se fijaría en una cosa rara como tú, es más, ningún chico en su sano juicio se fijaría en ti. Eres tan fea y desabrida, además de fastidiosa y acosadora.
—No soy acosadora, Ashton es mi amigo.
—¡Por favor, niña! Todos aquí sabemos que Ashton vive huyendo de ti porque no te soporta, pero estás tan enamorada de él que no ves lo obvio. ¡Aléjate de mi novio!
—¡Él es mi amigo! Ashton no huye de mí, ¿cierto chicas?
Miro a mis amigas buscando apoyo, pero ellas se miran unas a otras con pesar. Meneo la cabeza con decepción, voy a hablar, mas Jenny se adelanta.
—Melinda, debes reconocer que vives detrás de Ashton como perrita moviendo la colita cada vez que lo ves. Creo que es hora de que lo dejes en paz y seas una chica normal.
No lo puedo creer. Pero ¿por qué me sorprendo? Jenny siempre ha sido ruda conmigo. Miro a Karen, mas ella corrobora con las palabras de Jenny. Entonces mi esperanza de amistad queda en manos de Sandra, quien me hala del brazo y me lleva a rastras al baño.
—Debes olvidarte de ese chico —dice de repente, entonces dejo salir mis lágrimas con libertad—. Debes tener dignidad, Melinda.
—Pero...
—Sin peros. Melinda, eres una chica linda y muy cariñosa, te mereces a alguien que te quiera de verdad. No está bien que te aferres a un chico que te trata con indiferencia.
Suspiro. No digo nada porque no tiene caso, entonces decido buscar a Ashton y que él me aclare todo. Corro por los pasillos y mi corazón late agitado cuando lo vislumbro frente a su casillero; él es tan apuesto... Me acerco con temor ante la anticipación de su respuesta, ¿y si Paola dice la verdad? Al percatarse de mi presencia, Ashton suspira del hastío al instante; vaya, al parecer sí le soy una molestia.
—Ashton... —Juego con mis dedos y él arruga el rostro—. ¿Tú y yo somos amigos?
—Ummm...
—¿Podrías responderme, por favor?
—Yo no tengo amigos...
—Entiendo —lo interrumpo llena de coraje—. Entonces he sido una molestia en tu vida. Perdón por ser una tonta y acosarte, no fue mi intención fastidiarte con mi presencia. Ah, felicidades por tu noviazgo.
La cara de Ashton es un poema. Se queda en silencio mirándome con asombro, asimismo estoy yo, en completo mutismo frente a él y esperando su negación al asunto de la novia, pero no dice nada. Mi corazón duele… Dicen que el que calla otorga… Lágrimas mojan mis mejillas y la rabia nubla mi razón.
—Como sea... No tengo tiempo para esto. —dice rompiendo el incómodo silencio. Yo me quedo sin palabras gracias a esta impotencia que me aprieta el pecho y provoca un nudo en mi garganta. Se aleja inexpresivo mientras yo me rompo por dentro. Te voy a olvidar Ashton Morris y te juro que jamás volveré a buscarte.