Los toques a la puerta que daba la señora Perkins me hicieron despertar, había olvidado del desayuno, moví cuidadosamente a Amanda para levantarme de la cama pero a pesar de eso se despertó también, caminé hasta la puerta dejándola pasar
-Joven amo, las medicinas están aquí- las extendió en una bolsa de papel, acomodo la comida y salió silenciosamente.
-Gracias- dije antes de que la puerta se cerrara de nuevo
-¿Puedes pararte o quieres que te ayude?- cuestioné sacando de la bolsa las píldoras
-Puedo hacerlo, tampoco es tan grave- añadió
Se sentó a la mesa, le alcancé las medicinas para que las tomara y comimos, su rostro tenía mejor aspecto, sin embargo había algo en él que no lograba entender, a veces fría, a veces cálida, era difícil de predecir; la temperatura era ahora una febrícula y con ayuda de los medicamentos seguramente desaparecería pronto sintiéndose mejor.
-Puedes quedarte en mi habitación hoy, estaré pendiente de tu salud y me sentiré más tranquilo así.
-Como quieras- se levantó, fue al baño en donde tardó algunos minutos y después se fue directo a la cama; quizás no estaba comprendiendo algo pero no entendía qué.
No quise complicarme más, me acosté en el otro extremo de la cama y me puse a mirar mi teléfono, entre ratos observaba a Amanda quien continuaba dormida, hoy tenía pensado tomarme el día libre para ir de compras con ella pero debido a las condiciones de Amanda entonces también me quedaré en casa para descansar. Entre una y otra cosa me quedé dormido nuevamente, algo interrumpió mi sueño y abrí los ojos de manera abrupta y alerta
-Disculpa si te he despertado, el vaso se me ha resbalado, he intentado agarrarlo pero fue inútil- esbozó
El vaso de cristal que contenía agua se encontraba roto en el suelo, ciertamente eso no me importaba, era solo un vaso, lo que si me sorprendió fue notar que Amanda se veía totalmente repuesta, como si nunca hubiera estado enferma
-Te ves mucho mejor- dije
-Y me siento mucho mejor-agregó- las mujeres somos así, nos sobreponemos a mucho en comparación de los hombres- presumió- por eso somos las que tenemos la capacidad de engendrar hijos
-Vaya, tenemos una feminista en esta habitación- bromeé
Me sacó la lengua y se marchó riendo al vestidor, me levanté de la cama y fui a tomar una ducha, cuando salí Amanda estaba totalmente arreglada, usando unos jeans de mezclilla ajustados de arriba y muy sueltos de abajo, una camisa de algodón no tan casual en color rojo y unos tenis con plataforma y algunos brillos; traía una coleta en su cabello con un accesorio muy coordinado a su ropa, tenía estilo debo admitir.
-¿Dónde vas?- pregunté
-Haz trabajado hasta tarde para que pudiéramos ir a hacer los pendientes así que no quiero que se desperdicie el día, ya me siento mejor
-Podemos ir mañana, descansa otro rato
-Comamos fuera ¿va? Y hacemos todo lo que habías planeado, el encierro no me gusta para nada, además no quiero quedarme a tristear, necesito alzar mis ánimos
La miré con intriga, ¿de qué estaba hablando? Estoy seguro que mi rostro lo dijo todo ya que ella se dirigió a mí nuevamente
-Es el aniversario luctuoso de mis padres- sonrió a duras penas
No ahondé en ello, me dispuse a buscar mi vestuario, me estaba vistiendo formalmente
-Oye estas muy descoordinado conmigo, te elegiré algo- agregó
Fue hasta el closet y busco algo más casual pero elegante, tenía un talento para vestirse y vestir a los demás, quizás sólo le faltaba lo que a muchos, el dinero para elegir prendas de marca o diseñador, pero ciertamente lo que sea que se pusiera lucía muy bien en ella.
Salimos de la habitación tomados de la mano, todo nuestro entorno debía creerse esta historia disparatada, digamos que la habitación era nuestra zona segura donde podíamos ser nosotros mismos y tener nuestra individualidad.
Primero fuimos a comer a un restaurante de prestigio a los cuáles acostumbraba a ir, noté que la comida no fue del agrado de Amanda pues la comió con mucha dificultad, debía recibir algunos cursos de etiqueta para que pudiera estar a la altura de una primera dama, por lo cual buscaría quien se encargara de ello. Después partimos hacia un enorme centro comercial en donde compramos y compramos hasta que no hubo capacidad en la camioneta para meter más, algunas otras cosas serían enviadas a casa, se probó mil cosas, la vi desfilar con atuendos muy buenos y otros no tanto, demasiado cortos para mi gusto o muy escotados, hicimos algunas excepciones y llevamos lo que ambos aprobamos. Amanda insistió en que me comprara un poco más de ropa casual y así lo hice, no sé porque le hice caso pero realmente es ropa cómoda y casi no tenía, nos compramos unas pijamas a juego y unos collares también, durante nuestra estancia nos mostramos cariñosos y lo más enamorados que se pudiera fingir para que los paparazzi tuvieran material de trabajo. Admito que hacía mucho no disfrutaba salir y hacer compras, casi todo mi vestuario era elegido por mi secretaria, no me tomaba el tiempo de ir yo mismo desde hacía mucho. Además Amanda era una agradable compañía cuando se lo proponía.
Fuimos con la planificadora de bodas y nos mostró los diversos salones y lugares posibles en los que se podría realizar la boda, los centros de mesa y decoración, sillas, mesas, mantelería, comida, postres, bebidas, recuerdos, música y hasta el vestuario; era tan abrumador, casarse no era tan sencillo, hubiera dado lo que fuera por poder decir elija usted lo que considere pertinente sólo dígannos a qué hora debemos presentarnos, pero lamentablemente teníamos que parecer emocionados con los preparativos.
Volteé a ver a Amanda y creo que estaba doblemente abrumada, su expresión me divirtió
-¿Qué pasa cariño? No me digas que te estás arrepintiendo- reí
Me miró como si quisiera que su mirada fueran espinas, balas o algo que pudiera dañarme al contacto pero de inmediato esbozó una bella sonrisa
-Eso jamás, empecemos con el lugar y envíenos el catálogo con lo demás, Terrence y yo lo hablaremos en casa y le informaremos- su seguridad era cautivadora, debo admitir que eso me agradó, era firme para decidir y organizar, mi arma secreta en el mundo de la política definitivamente, quizás sería algo más que una esposa al final de cuentas.