Los toques a la puerta que daba la señora Perkins me hicieron despertar, había olvidado del desayuno, moví cuidadosamente a Amanda para levantarme de la cama pero a pesar de eso se despertó también, caminé hasta la puerta dejándola pasar -Joven amo, las medicinas están aquí- las extendió en una bolsa de papel, acomodo la comida y salió silenciosamente. -Gracias- dije antes de que la puerta se cerrara de nuevo -¿Puedes pararte o quieres que te ayude?- cuestioné sacando de la bolsa las píldoras -Puedo hacerlo, tampoco es tan grave- añadió Se sentó a la mesa, le alcancé las medicinas para que las tomara y comimos, su rostro tenía mejor aspecto, sin embargo había algo en él que no lograba entender, a veces fría, a veces cálida, era difícil de predecir; la temperatura era ahora una febrícu

