Perder mi humanidad

1238 Palabras
Habían pasado unas horas desde su llegaba al pueblo de los Rurtcarianos. Miyako, era un hombre joven, su cabello era lacio, largo hasta los hombros, sus ojos; azules, su piel; clara, sus ojos estaban llenos de vida, había acomodado a Dalith en su cama, les pidió a Maraduck y Lucas que los esperaran afuera, ambos hombres accedieron. Un aroma a plantas surgía de aquella habitación, los demás miembros de aquella tribu les ofrecieron alimento, bebida y lugar para que descansaran, pues sus rostros demostraban lo cansado que se encontraban de aquel viaje, comieron, empezaron a platicar con los Amara, la novia de Miyako, era una mujer amable, les contó que pronto se iba a juntar en sagrado matrimonio con Miyako, que aquello la hacía muy feliz, ya que desde que ellos eran pequeños sus padres se pusieron en mutuo acuerdo a unirlos por el resto de su vida, aquella idea prosiguió por los años y ahora que Miyako era el líder de dicha tribu debía de seguir las reglas que su padre y el padre de Amara habían prometido al cielo y a la tierra. Cantaron, danzaron junto a aquella tribu y fueron parte de un ritual de paz que se llevó a cabo esa misma noche. Dalith se encontraba aun en aquella habitación cubierta de todo tipo de hiervas, su fiebre había disminuido, aunque su estado de salud preocupaba a Miyako, los órganos de Dalith habían colapsado debido a la gran temperatura y aquel hombre, aun no entendía que era lo que mantenía con vida a Dalith «¿Quizás su espíritu de lucha?» pensó. Aunque aquella idea le pareció un poco loca, no la descartaría del todo, parte de su corazón y pulmones aún seguían latiendo, Miyako sabía que debía de decirle a Maraduck acerca de eso y que fuera él quién tomara una decisión acerca de la vida de su hija. ―Señor Maraduck, necesito que venga un momento, solo usted a mi cabaña ―informó. Asintió y caminó hacia el interior de la cabaña de Miyako, sentía la gran presencia de magia en aquella casa. ―Ya estoy aquí ―informó mientras su corazón latía con rapidez. ―Las noticias que tengo para ofrecerle no son del todo positiva, en realidad ninguna lo es ―habló mientras miraba hacia el suelo para pensar con exactitud lo que diría, dirigió su mirada hacia el rostro desconcertado de Maraduck y supo que él se encontraba listo para lo que le diría―. Ella no resistirá más tiempo, he hecho todo lo que ha estado a mi alcance, pero me ha sido imposible, la deshidratación se encargó de acabar con varios de sus órganos y las grandes fiebres ayudo en mucho, solamente lo que aún sigue latiendo por poco es el corazón y los pulmones, no creo que pase de esta noche a pesar de que la fiebre ha bajado ―suspiró. ―Entiendo joven, le agradezco lo que ha podido hacer por mi hija ―dijo cabizbaja, «debe de estar sufriendo» pensó mientras el corazón se le hacía chiquito y se aproximaba hacia la cama dónde ella se encontraba vendaba cubierta con diferentes tipos de hojas en su cuerpo. ―Ella es una mujer fuerte, quiere seguir luchando, no quiere dejarlo solo y tampoco quiere irse ―suspiró, lo pensó por unos momentos hasta que decidió soltarlo―, quizás haya una manera de que ella aún siga con vida, pero no se la recomiendo, ya que ella perdería toda su humanidad y se convertiría en una completa bestia hasta volver a su ser ―informó. ― ¿A qué se refiere con eso que dice? ―preguntó con cierta curiosidad. ―Al ser el hechicero más poderoso de esta tribu tengo el poder de crear a personas más fuertes, pero su humanidad se perdería ―respondió. Los ojos de Maraduck brillaron al escuchar aquellas palabras, pues era lo que él siempre había querido hacer a los suyos más fuerte y que mejor que empezar con su hija. ―Acepto, todo con tal de salvar a mi hija ―mintió. La apresurada respuesta le sorprendió a Miyako, pues lo que Maraduck no sabía es que podía leer a aquel hombre con tan solo mirar sus ojos, negó con su cabeza, pero Maraduck no entendió a que se debía aquel gesto―. Señor, para hacer esto que le he dicho ella también debe de aceptar, pues es la persona más importante por todo esto, si ella realmente no lo desea yo no podía hacer nada ―mencionó. ― ¿Puede ella escucharme? ―preguntó― ―Sí ―respondió. ―Déjeme un momento a sola con ella, hablaré con ella y sé que aceptará ―sonrió Maraduck. Miyako salió de la habitación dejando completamente sola a Dalith con su padre. Maraduck se arrodillo junto al lado donde estaba la cabeza de su hija, acarició su frente. ―Dalith, debes de aceptar lo que Miyako nos ha propuesto, es la única manera en pueden salvarte, pero además de eso es la manera en que podremos hacer a los nuestros más fuerte y poder liderar sobre todo Dasco y su alrededor ―expresó con una alegría como nunca antes lo había visto Dalith. Dalith movió un poco la cabeza en manera de negación, pues no sabía con exactitud de que se trataba aquello que Miyako le había propuesto a su padre y el simple hecho de pensar que perdería su humanidad, le aterraba con todo pensarlo, a pesar de que sus órganos habían colapsado su cerebro aún seguía funcionando, aunque no tenía fuerzas para hablar. Minutos después Miyako había entrado a la habitación sin previo aviso lo que hizo que Maraduck se sobresaltara del susto. ― ¿Han tomado una decisión? ―preguntó con cierta calma. ―Si, mi hija a decido aceptar su propuesta al igual que yo ―mencionó. Dirigió rápidamente la mirada a Dalith quien tenía sus ojos cerrados, Miyako sabía que significaba aquello, pero aquel hombre insistía en que su hija había aceptado. ―Está bien, el ritual se llevará a cabo esta noche, mientras todos duerman solamente iré con ella a las profundidades del bosque, por su bienestar deberán quedarse aquí y esperar hasta que yo haya regresado con ella, cuando haya regresado con ella, ella regresará sin heridas y sin nada, no deben de preocuparse por esto ya lo he hecho antes y ha salido a la perfección ―mencionó Miyako. La noche había llegado, todos comían bebían y danzaban alrededor de la fogata, mientras los niños tocaban unas arpas y otros instrumentos, Miyako se encontraba en una silla antigua, Amara su pareja, estaba sentada en un tronco de madera mientras posaba la cabeza en las piernas de su amado la luna empezaba a ponerse en su punto más alto, Miyako levantó su mano y todo quedó en completo silencio, mientras todos los observaban. ―Deben de ir todos a descansar y nadie debe de salir de la cabaña ni adentrarse al bosque por ningún motivo, por favor lleven a los viajeros a un lugar seguro y no los saquen de ahí hasta que haya salido el sol, denles tela, ropa y demás para que duerman está noche será demasiado fría ―mencionó. Maraduck trataba de preguntarle algo, pero Miyako solamente lo ignoró, sabía lo que había en el corazón de aquel hombre, no era nada más que una persona egoísta.
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