Perito, estaba guiando al pueblo de Dasco con sabiduría, pues desde muy pequeña seguía los pasos de Maraduck, quién era cómo un padre para ella, pues él se había encargado de criarla después de que sus padres murieron en una batalla contra uno de los pueblos vecinos, aquello había sido difícil para Perito, pues solamente tenía seis años cuando eso había ocurrido. Maraduck los despidió de la manera más honorable posible, pues habían estado con él desde siempre, en cada batalla iban junto a él jamás se acobardaban o retrocedían, por esa razón Maraduck siempre los respetó, por ser como él, por buscar su libertad y dejar la esclavitud del pueblo del cuál salieron.
―Señora Perito, debemos de salir a cazar, estamos cansado, la comida se nos agota, el crear nuestras casas es demasiado difícil para nosotras, los hombres no quieren seguir trabajando, quieren que todo lo hagamos nosotras ―protestó Clara.
―Está bien Clara, saldremos a cazar, descansaremos un par de horas, pero los hombres no tendrán derecho alguno de nuestra comida, solamente los niños, ancianos, y nosotras las mujeres, si ellos quieren comer, deberán de ayudarnos a nosotras, porque no he visto a ninguno de ellos aquí trabajando con nosotras ―comentó Perito.
― ¿No dicen ser ustedes más fuerte que nosotras? ¿No dicen ser las primeras en ir a una batalla antes de nosotros? ―preguntó Dante.
―Así es, nosotras salimos a defender su horrendo trasero mientras ustedes se ocultan como las aves con la cabeza metida en la tierra ―soltó Perito molesta.
Aquello había sido una punzada en el pecho de Dante, pues sabía que lo que Perito decía era cierto, siempre eran ellas quienes salían a defenderlos en las batallas mientras ellos atacaban cómo cobarde a los que ya estaban en el suelo y aún con vida o simplemente se escondían en los bosques dónde nadie pudiera hacerles daño alguno. Dante no permitiría que lo avergonzarán de aquella manera frente a todas las mujeres, así que levantó su mano tratando de darle una bofetada a Perito. Lexin al ver lo que aquel hombre quería hacerle a Perito tuvo que intervenir.
― ¿Qué crees que haces Dante? ―cuestionó con una mirada fría.
―Ya que nuestro líder no está alguien debe de enseñarle modales a Perito, nos trata cómo si no valiéramos nada ―comentó.
―Es la verdad.
― ¿Tú también estás del lado de ella? ―preguntó molesto.
―No estoy del lado de nadie Dante, simplemente estoy del lado de la verdad y lo que Perito dice es la verdad, nosotros los hombres nos escondemos en los momentos de batallas mientras ellas mueren allá afuera de manera honorable, debiendo de ser nosotros lo que cayéramos en batalla de esa manera ―respondió.
Dante se marchó de ahí después de que Lexin dijera aquello, odiaba a Lexin de una manera sin igual, Dante vivía con el pensar que Maraduck había escogido a Lexin antes de que a él por el simple hecho de que había matado a un don nadie antes de cumplir los diecisiete años, en cambio él asesino a su primer hombre a los veinte años.
Una hora más tarde Perito, había enviado a cinco mujeres acompañada de dos hombres que a refunfuñones accedieron a ir a cazar, mientras ella continuaba con las demás mujeres construyendo las demás casas para los demás habitantes de su pueblo, Lexin, en cambio, dio órdenes a los demás hombres de que ayudaran con las demás cosas o serían decapitados por su líder a su regreso y todos accedieron, aunque en los ojos de Lexin se podía ver la preocupación, pues Dante durante todo el resto del día no se le miró desde la discusión que tuvieron, sabía que Dante era un hombre ladrón y embustero, por lo que debía de mantenerlo vigilado.
El ritual se estaba llevando a cabo en el pueblo de Rurtcar, Maraduck estaba ansioso por salir e ir en busca de aquel hechicero llamado Miyako y averiguar qué era lo que haría con su hija.
Dalith, vestía de una túnica blanca, pues sería la muerte de una vieja alma y el renacimiento de una nueva, la cargó entre sus brazos hasta un estanque sagrado, del cual nadie podía beber agua, solamente el mismo Miyako, en aquel lugar, bajo la luna llena que se encontraba en su punto más alto iluminando el camino del bosque mientras los espíritus le rodeaban, el viento soplaba de manera suave susurrando una bella canción de armonía, Miyako sufría al ver el egoísmo de aquel hombre hacia alguien de su propia sangre, Dalith se encontraba mirando hacia el cielo era una noche como nunca, por minutos creyó que las estrellas bailaban en el cielo, pero todo era debido a su alucinación por la fiebre que había vuelto. Miyako elevó una plegaría a la luna, y a sus dioses, a las estrellas y a la tierra, pidiéndole paz por el alma de Dalith, arrojó el cuerpo de la joven al estanque, el agua se iluminó con la luz de la luna, el cuerpo de Dalith empezaba a tener vida nuevamente, sus heridas sanaban y Miyako escuchaba latir con fuerza nuevamente el corazón de Dalith, su ritual estaba casi completo.
"Bajo está luna llena, en esta noche, dejas de ser una simple humana, mis espíritus te convertirán en una bestia cada luna llena, serás un licántropo, para poder volver a ser humana deberás recordar quién eres, o perderás tu humanidad y serás una bestia de por vida, con cada transformación que tengas, te perderás más si no recuerdas quién eres y que es lo que tu corazón anhela"
Dichas aquellas palabras Miyako entró en aquel estanque, tomó el cuerpo de Dalith entre sus manos y depositó un beso en su frente, el cuál daría por terminado el ritual, llevó a Dalith de regreso, una venda blanca tapaba sus ojos, pues si no miraba a la luna no podría convertirse, nadie salió a su encuentro, todos estaban en sus casas durmiendo, al ponerla en la cama, le susurró al oído: "Eres la única que puede transformar a las personas en un ser cómo tú, pero recuerda, solo a las personas que no tengan esperanzas de vida a como tú, de lo contrario, si creas a una persona que esté completamente bien, está morirá y tú vida se acortará"
Se quedó ahí tendido entre las pieles, recostado a la pared de su casa quedando profundamente dormido, Amara, se encontraba en otra habitación, al no estar unidos aún por el cielo y la tierra no podían mantener relaciones, aunque Miyako había abandonado todo sentir carnal cuando cruzó el nirvana, para llegar a su parte de poder más alta. Amara sabía de aquello y no le molestaba en lo absoluto, además no podía concebir ya que era estéril.