Capítulo 12: El Pacto

1539 Palabras
―No lo sé ―Respondió él restándole importancia―, es todo lo que conozco ―La miró a los ojos por unos segundos―. Los viejitos del consejo me han contado sobre tu sueño y para qué llegué a este asqueroso mundo lleno de débiles ―Karman contuvo la respiración. ¿Se enojará y perderá el control? ¿La doblegará hasta que se case con él?―. No comprendo porque me odias tanto si soy irresistible, tus padres murieron a manos de alguien más, no fue mi culpa ―Su insensibilidad molestó a Karman quien todavía sufre por la perdida de sus padres―, te trato como a ninguna otra, soy guapo, poderoso y te hago chorrear como una cascada cuando te follo ―Se acercó a ella así abrazándola con posesividad y brusquedad por las caderas―. Deberías dejar tu odio de lado y aceptar esto. Se supone que debemos hacer todo esto juntos, yo estoy dispuesto a salvar a cualquier inútil solo porque a ti te importa ―El corazón de Karman se aceleró. ¿Cómo puede llenarla de rabia por su arrogancia y a la vez emocionarla por sus arranques de ternuras que nada de tierno tienen?―. Te propongo hacer algo, tratemos de llevarnos bien, yo tolero que seas una fiera que me enloquece y tú toleras mi salvajismo. ―¿Qué? ―Karman no quería comprenderlo, todo de ella deseaba gritarle que sí, pero se mantenía firme. ―Un pacto, reina mía ―Le aclaró Kael―, nos toleraremos y uniremos nuestras fuerzas. Ambos confiaremos uno en el otro para superar todo lo que se venga. Ya no se trata de que quiero tu poder ―Karman pasó saliva―. Que no quieras una ceremonia me da igual. Ya te marqué y te follaré siempre que quiera, esa ceremonia no significa nada para mí ―Al ver que no tenía planeado decir nada, la besó con esa posesividad que acostumbra y al obtener todo de ella, se separó―. Piénsalo bien ―Karman no pudo decir nada, solo se quedó ahí parada todavía en una nube por el fogoso y posesivo beso que recibió. Con el corazón latiendo como un loco en su pecho, Karman se vio obligada sentarse en la cama, no podía ni siquiera respirar. ¿Qué le estaba pasando? Esa tonta pregunta se le vino nuevamente a la cabeza. ¿Es posible que ella sin tener un lobo pueda sentir tanto? ¿Acaso ya estaba sucumbiendo a la conexión? Al acariciarse los labios y recordar los tantos besos que Kael le ha robado gimió cerrando los ojos con fuerza. ―¡No, no puedes, Karman! ―Se gritó a sí misma para tratar de olvidar esos ojos grises, ese rostro que a pesar de su cicatriz es el más atractivo que ha visto y ese poderoso cuerpo que si cayera con todo su peso sobre ella la mataría―. No puedes pensar de esa manera tratándose de él. ¡Hizo que asesinaran a tus padres y te tiene como una cautiva! ―Se cubrió la cara con las manos y gritó―. Él simplemente te protege como un animal te trata con brusquedad y no sabe distinguir el bien del mal ―Nada de lo que se dijo le cayó mal, su corazón aletea cuando piensa como la protege, defiende y es tan salvaje que no parece humano y esa manera tan cruel de hacer las cosas le eriza el vello y no por un mal sentimiento, sino por todo lo contrario. ―Majestad ―Karman alzó la mira llena de incredulidad―. No tenemos tiempo, hay que irnos ―Ella totalmente confundida, miró su mano y la de Ezar. ―¿Q-que haces? ―Quiso saber sin dejar de avanzar, él prácticamente la está arrastrando fuera de la habitación―. Ezar, los del consejo pueden darse cuenta ―Trató de advertirle―, al igual que Kael y él no será tan benevolente como los ancianos. ¡Ya basta! ―Se soltó con fuerza de él, estaba muy preocupada―. ¿Qué está pasando? ¿Por qué tomaste el riesgo de venir a mis aposentos sin supervisión? Sabes que no puedes cometer tal acto y menos dado nuestro historial. ―Tenemos una salida ―Explicó Ezar con impaciencia―. Podemos huir de aquí ―La miró a los ojos―. Prometí siempre cuidarte y no me importa que encontraras a tu destinado, no te dejaré sola y te sacaré de aquí. Huiremos juntos ―Volvió a tomarla de la mano y avanzar con rapidez. ―¿Por qué estás tan seguro de que podemos escapar? ―Karman quería comprenderlo, Kael le gusta jugar con su presa y no quiere que asesine a nadie. ―Él está en el calabozo ocupándose de quien te traicionó, así que los guerreros y yo trazamos un plan y podremos lograrlo. ―¿Qué hay de Nova? ―Karman bajó el ritmo―, ¿Por qué no la has mencionado en tu plan? ―Ezar no pudo seguir, Karman se detuvo por completo. ―Ella no estaba de acuerdo ―Confesó―, no la entiende, ella piensa que no debemos interponernos en el destino, pero no me importa porque tú no quieres este destino ―La miró a los ojos―, juramos siempre estar juntos, ¿Lo recuerdas? Solo te dejaría en paz si conseguíamos a nuestros destinados y tú no quieres al tuyo ―Algo en Karman empezó a batallar con tanta fuerza que le era imposible reaccionar. Tiene la oportunidad perfecta para irse y ser libre, pero a la vez se da cuenta de que no desea realmente escapar haciendo ese conflicto emocional más errático. Kael si bien es un animal que solo muestra crueldad, ella ha visto una parte vulnerable de él. ¿Por qué debían tener una relación tan complicada? ―¿Qué hay de mi gente? ―Karman se soltó y dio un paso atrás―, si yo me voy, ellos pagarán las consecuencias y no estoy dispuesta a pagar un precio tan alto. ―¿Qué haces? ―Ezar la miró con incredulidad―, vendremos por ellos después, cuando tengamos aliados fuertes. ―El mundo entero depende de Kael y de mí ―Algo en ella cambió la visión que tenía de Ezar―. ¿Consideraste eso? ―Karman… ―Mi reina ―Nova llegó agitada y miró a Ezar con advertencia―. ¿Intentaste llevarte a la reina? ―Empuñó su espada. ―No ―Karman la tranquilizó―. Solo le pedí que me llevara con Kael ―Nova miró a su reina y después al imbécil frente a ella para posteriormente asentir. ―Yo la llevaré, majestad ―Karman sin darle una última mirada a Ezar y sentir que lo traicionaba, siguió a Nova sintiéndose realmente mal. ¿Hizo bien en no escapar? ¿Acaso estaba loca al decidir quedarse por voluntad propia? No sabía que responderse, todo era confuso para ella. Kael miró al hombre desfigurado en el piso y lo dejó sanar lo suficiente como para poder dañarlo de nuevo obteniendo el mismo grado de dolor. Escuchar sus gritos y súplicas como siempre lo reconfortaron. ―Es el problema de los estúpidos con poder ―Le pateó la cara con fuerza lanzándolo contra la pared y haciéndolo rebotar―, creen que por eso ya son superiores y no son más que bastardos sin valor ―El puñetazo hizo escupir sangre al hombre―. ¿Quiénes más traicionarán a mi reina? ―Preguntó por enésima vez―, y juro que si no contestas te voy a dejar sin lengua. ―N-no lo sé ―Escupió sangre. Estaba sanando con rapidez, pero el dolor era insoportable y su lobo no podía salir porque de hacerlo el collar de púas lo mataría al instante―. Todos la quieren fuera del trono ―Respiró agitado―. Y aunque trates de evitarlo, ella no se salvará ―Río marcando su muerte que no tardó en llegar. Aldric miró la cabeza que rodó hasta sus pies y suspiró. Fue realmente duro y no dijo nada de utilidad. ―Por lo menos sabemos que nadie cuenta con su unión y la de la reina ―Tomó la cabeza por el pelo―. Limpiaré esto y… ―No tardes ―Kael miró la salida de la celda―, debo irme ―Se apresuró a salir al percibir el aroma de angustia de su luna―. ¿Qué haces aquí? ―Se paró frente a ella justo antes de que entrara al calabozo―. No es lugar para ti, lo sabes. ―Solo venía por ti ―Karman frunció el ceño e intentó ver a sus espaldas, pero Kael no se lo permitió. ―Bien, ya que quieres a tu hombre, no tengo opción más que irme contigo ―La tomó de la mano pasando del gesto ceñudo de Karman. ―Acepto el pacto ―Susurró con un hilo de voz―, me esforzaré porque todo depende de nosotros.
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