Tengo la certeza de que nos hemos vuelto adictos al móvil y a las r************* hasta el punto que no sabemos vivir sin ellos. Las relaciones personales se pierden en favor de unas relaciones digitales. Los sentimientos mueren ante unos impulsos electrónicos. Me disponía a llevar adelante mi intención de no encender el móvil, pero debería haber sabido que no sería posible. A pesar de ello, conseguí resistir la tentación de encenderlo durante toda la mañana. Me personé ante la Dirección de Área Territorial para retirar la denuncia que había interpuesto. La funcionaria de turno puso cara de pocos amigos cuando le dije que quería solicitar el archivo del expediente. —“Hay que pensar más cosas” me dijo, ”antes de hacer trabajar a los demás en balde” . Sentí ganas de decirle cuatro cosas

