Boneka seguía sin dirigirle palabra alguna, desde que habían salido de la casa de Paul y Colín, ni siquiera le había mirado. Se había limitado a no decirle nada él tampoco, después de todo, él quizás le había dado motivos para enojarle, se había acercado demasiado a ella. Ella había querido irse por su cuenta, pero él le dejó bien en claro que no tenía otra opción. —Si me alejo de ti, me veré obligado a decirle la verdad a Miqueas — había dicho él y ella no pudo objetar. El silencio entre ellos le estaba pareciendo demasiado irritante, lo estaba enloqueciendo y habría explotado de no ser porque ya habían llegado a ese hotel barato en el que los demás habían decidido esconderse. —Déjame ayudarte —dijo apresurándose a bajarse del auto. —Yo puedo sola — respondió seria alzando una

