La mañana apenas estaba comenzando, pero Boneka ya se encontraba despierta y de pie en el jardín trasero de aquella casa. El sol ni siquiera había salido, pero eso era lo que ella quería, ver el amanecer, esperando que de alguna manera eso pudiese reconfortarle.
—En cualquier momento vendrá por mí, Lucas, sabe que estoy aquí — se quejó sintiendo su cuerpo comenzar a temblar —. Lo ha dejado bien en claro.
—Lo sé, lo hemos visto Boneka, pero aún no logramos entender cómo te ha localizado allí — Lucas le respondió a través del teléfono y pudo notar la frustración en su voz — y no puedo entender cómo es que después de todos estos cinco días no se acercase a ti.
—Quizás sabe que estoy aquí pero no sabe exactamente en donde —propuso, pero ni ella misma conseguía creérselo.
—No, él está muy desesperado por encontrarte, no veo porqué esperaría a hacer algo –respondió inquieto – no le encuentro el sentido, no entiendo cómo ha logrado saber que estas allí, hemos sido increíblemente cautelosos.
—Al parecer alguno de ustedes se ha descuidado —se encogió de hombros sin dejar de caminar de un lado a otro.
—Dime que no estás diciendo que estamos haciendo esto mal, porque estamos poniendo todo nuestro esfuerzo en esto —se alteró Lucas.
—No estoy diciendo eso en lo absoluto —respondió rápidamente sintiendo una angustia apoderarse de ella —. Solo digo que quizás deberías tener más cuidado con Julie, puede que ella se descuidase con algo o...
—Ya para, Boneka —interrumpió cansado y sin duda enojado —. No eres la única involucrada en esto, no eres la única que tiene algo que perder, todos luchamos por esto porque te recuerdo que cada uno de nosotros tiene un motivo para ayudarte —Boneka sintió como su corazón saltó, haciéndole sentir un dolor en el pecho.
—Bien, hagan lo que crean mejor —concluyó y sin más colgó la llamada.
Se sentía tan egoísta en ese momento. Sabía que todo lo que le había pasado a Lucas, Paris y a Julie, era por su culpa. Era por ella que todas esas chicas morían, por su culpa Ashlee había muerto y por su culpa sus padres estuvieron a punto de correr con el mismo destino. Todo ocurría por ella.
Lucas y Julie podían estarse llevando la peor parte. Julie era la esposa de Denalio, Lucas era su hijo y Paris la novia de este último, por lo que cada vez que ese hombre no tenía a Boneka cerca, ellos pagaban las consecuencias.
¿Cómo un Secretario de Estado podía cometer tantos delitos y desastres y no ser descubierto nunca? ¿Cómo podía tenerlos tan atados de manos? ¿Cómo podían hacerle tanto daño a la hija del presidente y que nadie notase nada?
Boneka no podía recordar un momento de su vida donde no estuviese prácticamente rodeada de esa familia, pues desde el principio su padre y Denalio habían estado juntos en la política. Él era la mano derecha de su padre desde antes que ella naciera, quizás por eso nunca había descubierto todo el daño que Denalio le hacía.
Pero no lo culpaba, no culpaba a su padre, ni a Lucas o Julie, la culpa era suya, Denalio estaba obsesionado con ella, no con ninguno de ellos.
El sol había comenzado a salir y no pudo evitar recodar el rascacielos.
Mecánicamente limpió sus lágrimas y se dirigió a arreglarse para otro día que no podía sentirse más que ficticio. Una vida falsa, un nombre falso, con una realidad de un sueño donde era una chica normal que iba a la escuela rodeada de personas normales y tenía una vida tranquila cuya mayor preocupación eran los exámenes finales.
Tres días habían pasado desde su encuentro con aquel chico alto en el rascacielos y Boneka no podía olvidarle. No había ido de nuevo a ver el amanecer desde aquel lugar por miedo a encontrarse con él otra vez. Quizás él no estaría ya allí pero ella solo intentaba ser precavida.
Se sentía tan inmersa en sus pensamientos y tan ida esa mañana que no fue consciente de lo que hizo antes de llegar a la puerta de su salón de clases, sin duda todo le parecía mecánico, un acto inconsciente de su parte.
Entró al salón y tratando de no llamar mucho la atención se sentó casi al final del mismo. Miró a su alrededor y se dio cuenta que no había muchas personas allí y que la profesora de historia no había llegado aún y que ella era quien había llegado muy temprano esa mañana.
Restándole importancia sacó su libreta y un lápiz y comenzó a dibujar, intentando dejar lejos algunos pensamientos, intentando calmarse. Dibujar siempre le había gustado y en realidad se le daba muy bien.
El timbre sonó en cuanto se encontraba terminando un ala de la mariposa, la cual estaba rota y reflejaba cómo se sentía ella misma. Sin embargo, la profesora no había llegado aún.
Los chicos en el salón estaban alborotados, sin duda enérgicos, lanzando bolas de papel de un lado a otro, hablando animadamente entre ellos, hasta que la puerta del salón se abrió y el bullicio disminuyó.
Boneka mantenía toda su concentración en el dibujo, le estaba gustando la forma que había tomado su mariposa y quería darle tan solo unos toques finales.
—Buenos días, alumnos — esa voz no era en absoluto la voz de la señora Amy, sin embargo, a Boneka no le importó como para apartar la mirada de su labor – Disculpen por favor la tardanza, he tenido un pequeño percance.
La voz era grave, completamente perteneciente a un hombre, en ese momento, la voz le pareció familiar.
—La señora Amy, su profesora de historia, ha tenido que tomarse unos días libres por asuntos personales — la respiración de Boneka comenzó a acelerarse sin que pudiese entenderlo, reconocía esa voz —. Por lo tanto, seré su profesor temporal.
Sin poder retrasarlo más, llevó su mirada al frente y la mirada de él encontró la suya inmediatamente.
—Soy el profesor Seth Ventura –dijo sin apartar su mirada de ella. Era el chico del rascacielos.
Escuchó los murmullos en el salón, fue consciente de los muchos suspiros que soltaron las chicas ante tan llamativo profesor.
—Sin más tiempo que perder — continuó hablando con una expresión muy seria pero sin apartar la mirada—, hoy hablaremos de un tema en el que quiero sus intervenciones, los hermanos Kennedy.
Boneka había soportado su mirada hasta ese momento sintiéndose increíblemente ridícula ante lo que había sentido. Por otro lado, el tema de los hermanos Kennedy no era uno de sus favoritos.
Línea de muertes trágicas, justo lo que necesitaba recordar en ese momento. Pensó llevando su mano izquierda a su hombro derecho y apoyando su cabeza en este.
—Adelante señorita... —dijo su nuevo profesor en respuesta a alguna chica que levantaba su mano.
—Sandy, es que tengo una duda —respondió la misma, que en cuanto Boneka le miró, pudo notar como mecía su cabello de un lado a otro, sin duda, intentando llamar la atención del profesor — ¿Es usted soltero?
Boneka abrió sus ojos incrédula, sin poder creer lo atrevida que había sido la chica y los comentarios de apoyo a su pregunta de parte de las otras chicas.
—Ignoraré su pregunta —respondió con su ceño fruncido para a continuación escuchar unos abucheos.
Boneka se sintió de alguna manera satisfecha por la respuesta.
— Por lo que pude averiguar, la semana pasada hablaron desde la toma de posesión de Kennedy, las acciones que realizó, las que iba a realizar hasta su muerte — explicó caminando de un lado a otro.
Ella decidió fijar su mirada en la mariposa que estaba terminando. No quería mirarle.
—Seguiremos estudiando la influencia de los Kennedy en la política, ¿alguien podría decirme cuántos hermanos eran? – preguntó.
—Dos —respondió alguien, Boneka negó con su cabeza.
—No eran dos —dijo el profesor, Boneka podía notar cierto recelo en su voz.
—Tres —respondió alguien más —, John Kennedy, Robert Kennedy y Edward Kennedy.
—Muy bien, alguien que me dé un resumen sobre ellos —El joven profesor continuó su labor mientras que Boneka no podía evitar mirarle una que otra vez.
Ella sentía el peso de la mirada de su profesor sobre ella de vez en cuando, pero en cuanto quería verificarlo, él efectivamente no estaba mirándole.
— ¿Qué hay de ti? — Observó como el profesor se había parado frente a ella — ¿Hay algo que puedas decirnos? —levantó su mirada y se encontró con la suya.
¿El oxígeno había abandonado la habitación o era solo ella?
—Yo... —titubeó indecisa, apartando su mirada.
— ¿No tienes nada que aportar a la clase más que dibujos de mariposas como si fueses una chiquilla de Kínder? — el profesor se había cruzado de brazos y le miraba con cejas levantadas.
Boneka sintió una ira apoderarse de ella en cuanto escucho a sus compañeros burlarse.
¿Qué le pasaba a ese profesor?
—Todos han hablado de los famosos John o Robert Kennedy — entrecerró sus ojos con la intención de retarle — pero nadie ha dicho mucho sobre Edward —el profesor alzó una ceja intrigado —. Han dicho que John fue considerado por su acto de heroísmo en la segunda guerra mundial al detonar una bomba que liberó al país, que fue uno de los más exitosos y queridos presidentes en la historia de los Estados Unidos —explicó segura de sí misma, ignorando al hombre de pie frente a ella —. Han dicho que Robert fue un destacado líder en materia de derechos civiles y habría sido un gran presidente si no lo hubieran asesinado, pero ninguno ha dicho más solo el nombre de Edward Kennedy.
—Entonces ¿qué dices tú sobre él? — preguntó sin dejar esa mirada desafiante de lado.
—Edward Kennedy —comenzó a explicar como si no fuese la gran cosa —, fue expulsado de la universidad de Harvard al pedirle a un compañero que hiciera un examen en su lugar, se unió al ejército, pero nunca combatió gracias a su padre. Fue nombrado senador a los treinta años sin tener que hacer nada realmente, todo lo hizo la influencia familiar.
Boneka hizo una pausa mientras tomaba su cabello entre las manos para alejarlo de su rostro.
—Pero, nunca se habla mucho de él porque cometió un grave error en Chappaquiddick, por el año mil novecientos sesenta y nueve cuando después de una fiesta, Edward volcó el auto que manejaba en un puente y su acompañante Mary Jo Kopechne murió ahogada —el salón se encontraba en total silencio, muchos estarían asombrados de oírla hablar si quiera.
Boneka se sentía indudablemente identificada con aquel hombre que, así como por su culpa había muerto una chica inocente, por la de Boneka cinco chicas inocentes morían al año.
El profesor la miró sin expresión alguna en su rostro, no hizo una mueca ni asintió con la cabeza, simplemente se giró y habló:
—Todos se hicieron a la idea de que estaba ebrio, no se pudo recuperar de tal error y nunca fue presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, decidió dedicarse a luchar por los derechos de las personas que no podían defenderse a sí mismas y llegó a ser conocido como el hermano que más influyo.
Boneka pudo notar cómo las miradas de sus compañeros se fijaban sobre ella una y otra vez.
—Para la próxima semana quiero que hagan un ensayo sobre la influencia de los hermanos Kennedy en la sociedad —en cuanto terminó de hablar, la campana inundó los oídos de todos.
Los alumnos habían abandonado el salón a excepción de Boneka, quien había esperado a ser la última adrede.
—Si has intentado humillarme frente a toda la clase, pues mira cómo te ha salido— espetó Boneka deteniéndose frente al profesor que ahora le miraba fijamente pero sin expresión alguna en su rostro — y si vuelves a intentarlo, me encargaré de que suceda al revés — se sentía asombrosamente enojada con el joven profesor.
— ¿Esa es una amenaza? — Preguntó burlonamente cruzándose de brazos y apoyando su cuerpo contra el escritorio.
—Esas son las evidencias —se cruzó de brazos imitando su acción y encogiendo los hombros.
—Me temo, jovencita Veraz —dijo suavemente apartándose del escritorio y acercándose con lentitud hasta ella —, que tendré que recordarle que soy su profesor —agregó mirándole desafiante y fijamente a los ojos.
Boneka era consciente de la cercanía entre ellos, tenía que mirarle hacia arriba debido a su altura, pero lo tomaba como un desafío.
—Sinceramente, profesor Ventura —respondió sonriendo burlonamente —, poco me importa cuando resulta que es de los que esperan en la estación del tren hasta que llegue su amo – concluyó satisfactoriamente dando un paso hacia atrás y encaminándose fuera del salón.
—O en nuestro caso —dijo él en cuanto ella se encontraba en la puerta — en el techo de un rascacielos.