Capitulo 3

2546 Palabras
            El viaje le había parecido el más largo de toda su vida, quizás porque no era como si tuviese muchos ánimos de llegar o quizás porque nunca antes había conducido hasta Montana. De cualquier manera, ya se encontraba a pocas calles de la casa de la familia O'Connor, casa donde se encontraba la famosa Boneka Kallen haciéndose pasar por una chica común llamada Dakota Veraz.             Miró el GPS de nuevo, cruzó otra calle y sin más, se encontró estacionado a la distancia perfecta de la casa. Distancia que le permitiría observar quién entraba o salía de ella pero a su vez, impedía ser visto y llamar la atención de alguien. Apagó el motor de su auto y sin bajar las ventanas pudo notar unas cuantas luces encendidas.             Eran las nueve y cuarenta de la noche en sábado, dudaba que los jóvenes Jacob, Jazmín y Boneka se encontrasen en casa pero, eso no indicaba que se movería de su posición para buscarlos por toda la ciudad.             Esa noche le tocaría dormir en su auto, gracias a que Caly no había logrado conseguir algún sitio cerca de esa casa aún. Decidió entonces tomar la información que había recopilado hasta el momento.             En primer lugar, tomó la información de la familia O'Connor, esta estaba conformada por tres miembros.             Grace O'Connor de cuarenta y tres años, doctora en el Hospital del Norte, viuda. Su esposo había fallecido de cáncer de pulmón cuando sus hijos, Jacob y Jazmín, tenían ocho y cinco años respectivamente.             Jacob O'Connor, tenía veintiún años actualmente, asistía a la Universidad Carroll College gracias a una beca obtenida por ser un gran jugador de baloncesto. Y Jazmín O'Connor, que tenía dieciocho años recién cumplidos, estaba a pocos meses de graduarse de secundaria.             Dejó esos expedientes a un lado y tomó la información que tenía sobre su misión, es decir, sobre Boneka Kallen. Sin duda había muchos datos sobre sus gustos o lo que solía hacer. Damián sabía hacer muy bien su trabajo.             —Boneka Kirilmaz Kallen McCoy — leyó en voz alta haciendo una mueca de disgusto —, sin duda tus padres no saben escoger nombres, primero Boneka y luego Kirilmaz — continuó hablando mientras alzaba la vista de los papeles hacia la casa —, creo que ya entiendo porque eres tan...             No pudo continuar con su opinión ya que pudo visualizar movimiento en uno de los balcones de la casa.             Se inclinó hacia delante y fijó su vista en la persona que salía.             Sintió el gran impulso de acercarse un poco para verle mejor. Así que, sin pensarlo, se bajó rápida pero cuidadosamente del auto. Sin cerrar la puerta, se apoyó en ella y no pudo evitar dejar salir un suspiro.             Era ella, sin duda era ella. Su larga cabellera roja parecía brillar con la tenue luz de la luna y unos cuantos faros.             —...Tan peculiar — concluyó sintiéndose completamente hipnotizado.             De un momento a otro, notó lo que estaba sucediendo con él. Apartó su mirada de la chica y sacudió su cabeza sintiéndose confundido. Se metió de nuevo a su auto y cerrando la puerta, volvió a dirigir su mirada hacia la chica que ahora sostenía su cabeza con sus manos.             — ¿Qué ocultas? —Preguntó Seth suavemente apoyando su mentón sobre el volante — Si es que de verdad ocultas algo.             Observó a la distancia cada movimiento que hacía su misión al tomar su cabello entre las manos.             Unos minutos más tarde, la chica había entrado en la casa de nuevo, dejando a Seth un tanto desconcertado.             Tomó de nuevo los papeles para continuar leyéndolos, ahora se sentía intrigado.             Había nacido el dieciocho de diciembre del año mil novecientos noventa y nueve, haciendo que tuviese diecisiete años.             Es tan solo una pequeña chica. Pensó Seth.             Le gustaba tocar el violín, tocaba desde que tenía siete años y como era de esperarse había tocado en más eventos de los que un violinista exitoso lo haría.             Estaba culminando la secundaria, aspirando estudiar climatología.             Al leer aquello se sintió sorprendido, nunca se le ocurrió relacionar a la chica con tal carrera o con cualquier otra en realidad.             Continuó leyendo datos que no podía evitar encontrar realmente curiosos e inesperados, pero ninguno superó el que acababa de releer por cuarta vez.             Se trataba de un informe psicológico realizado por la doctora Greta Villa, en el año dos mil once.             "En este trabajo se expone el caso de Boneka Kallen, una chica de quince años, a la que se le ha solicitado una cita y fue atendida por la doctora Greta Villa. Ante el motivo de consulta sus padres refieren que tiene miedo a todo lo relacionado con las flores de cualquier tipo, llegando incluso a producirle mareos, náuseas y desmayos de forma recurrente. Para obtener mayor información sobre su problemática se le realizó una entrevista clínica general con la que se obtuvieron los datos necesarios para la intervención. Tras el análisis de la información obtenida en la primera evaluación se obtiene el diagnostico de una Fobia Específica a las flores (Antrofobia)..."             ¿Boneka sufría de Antrofobia? No podía creerlo.             Seth sabía a la perfección que las fobias generalmente se desarrollaban durante la niñez, adolescencia o adultez temprana. Normalmente esto puede surgir de un evento aterrador o una situación estresante. Aún no está claro exactamente qué desencadena la reacción fóbica que persiste durante años.             Sin embargo, la Antrofobia era una fobia compleja que, a diferencia de las más simples que generalmente se desarrollan en la primera infancia, no se entiende completamente lo que causa las fobias como esta. En el caso de esta fobia, por ejemplo, el miedo anormal a las flores podría haber sido causado por un evento aterrador o desagradable al principio de su vida que de alguna manera estaba involucrado con flores o la presencia de flores.             En ese punto, Seth solo tenía una pregunta en su mente: ¿Cuál había sido la causa de su fobia?             Luego de meditar en ello un tiempo, siguió leyendo el informe sobre su protegida, donde además de su poca común fobia, lo que más llamó su atención fue su coeficiente intelectual.             El coeficiente intelectual se mide considerando dos variables, la edad mental y la edad cronológica, la edad cronológica como su nombre lo indica, es el tiempo de vida que tiene alguna persona. Y la edad mental es el desarrollo del cerebro y se obtiene mediante pruebas psicológicas.             Existe una escala para obtener el coeficiente intelectual, en general, de noventa a ciento diez es una persona normal, de ciento diez a ciento veinte se considera brillante, de ciento veinte a ciento treinta se considera Superior, de ciento treinta a ciento cuarenta se considera muy Superior, y de ciento cuarenta en adelante se consideran genios.             Boneka podía dar la apariencia de ser muy inocente, pero resultaba ser que con un coeficiente intelectual de ciento treinta y dos hacía que Seth afirmara su teoría.             Boneka no era lo que aparentaba ser. •               El brazo de Seth dolía tanto que le había despertado. Resultaba ser que se había quedado dormido sobre este en algún momento de su lectura. Sin darle mucha importancia, se colocó derecho acomodando su asiento correctamente, cerró la ventana del auto y bajó de este para estirarse un poco.             El frío aire chocó contra su piel. El cielo se encontraba relativamente oscuro aún, miró su reloj de mano y entendió por qué, apenas eran pasadas las cuatro veinte de la mañana, el sol no tardaría en salir.             Se alejó un poco de su auto y se sentó en la acera disfrutando del gélido viento con sus ojos cerrados. Estaba acostumbrado a soportar tales climas, de hecho, le gustaban. Recordó así a su hermana Gemma diciéndole que odiaba el frío, siempre tan opuesta a él.             Pero la verdad era que por mucho que le gustasen esos climas, su cuerpo no los toleraba, le hacía daño estar tanto tiempo expuesto a climas así. Pero no le importaba demasiado, le gustaba el frío y no había más que hacer. No le importaba ser hipotérmico en lo absoluto.             Escuchó claramente los ladridos de un perro a unos cuantos metros. Alzó su mirada y se escondió inmediatamente detrás de su auto al notar que Boneka salía de la casa.             Casi pudo reír al ver cómo la chica intentaba desesperadamente callar al Golden Retriver de los vecinos con una de sus manos, mientras que rebuscaba algo en uno de los bolsillos de su chaqueta.             Sacó luego de unos segundos algo que pudo ser una bolsa con galletas o con un trozo de carne, lo que sea que fuese se lo lanzó a su acusador. El perro efectivamente dejó de ladrar y Boneka comenzó a correr lejos de allí.             Extrañado por la situación, Seth se colocó de pie y no dudó en perseguir a Boneka.             Se mantuvo entonces a la distancia, observando las ondas que se formaban en su cabello rojo. Se ocultaba cuando era necesario e intentaba comprender su objetivo pues, no llevaba consigo ningún bolso o cartera, todo lo que llevaba era una gruesa chaqueta amarilla.             Seth miraba las calles que pasaban, en un momento, comenzó a notar grandes edificios a sus lados, además de unas cuantas personas caminando en diferentes direcciones. Sin embargo, no perdió a su objetivo de vista.             Boneka entró a un edificio que pudo notar que se trataba de un rascacielos. Segundos más tarde, él ingresó también y buscó con la mirada a la pelirroja, por poco la había perdido.             Vio cómo la chica se dirigía a uno de los ascensores que no estaba tan vacío pues, muchas personas vestidas con sus trajes se dirigían a trabajar seguramente. Ingresó al mismo con su cabeza gacha, e intentando no llamar la atención de la chica, se colocó al fondo del ascensor.             El ascensor se fue vaciando de a poco, intentaba descifrar a dónde quería llegar Boneka a medida que aumentaban los pisos, pero fue hasta que el ascensor se detuvo en el último piso que pudo comprenderlo. Ella quería llegar hasta el tope, cosa que le produjo escalofríos al pensar qué querría hacer ella allí.             Esperó unos segundos después de que bajó Boneka y la siguió, sin duda la chica no tenía idea de que era perseguida. La vio atravesar el pasillo y después una puerta gris.             Suspirando, no tuvo más opción que seguirla.             Abrió lentamente la puerta y pudo notar a Boneka parada muy cerca del borde del edificio. Sintió cierta preocupación por lo que decidió salir e intentar alcanzarle.             —Solo vengo a observar el amanecer — dijo Boneka de pronto sin girarse, casi sorprendiendo a Seth pero este se limitó a quedarse en su lugar — no planeo dar problemas.             Seth no pudo evitar concentrase en su voz, era audible y muy suave.             —No sé por qué, pero algo me dice que no te crea —respondió caminando lentamente hasta ella, quien soltó inmediatamente un leve bufido y se encogió de hombros.             — ¿Crees que saltaré? — preguntó aún de espaldas, ladeando su cabeza haciendo que su cabello se moviese también y que Seth no pudiese apartar la vista de él.             —Esas son las evidencias —expresó sabiendo de alguna manera que la chica era incapaz de algo así —. Sin embargo, no lo sé, dímelo tú.             Se detuvo a unos cuantos pasos de ella, no se encontraba tan lejos, pero tampoco tan cerca.             — ¿Qué harías si dijese que sí? — Cuestionó tranquilamente haciendo que Seth se inquietase al notar que no se giraba para observarle — Pero claro, aunque así fuera, no te lo diría.             Seth no supo cómo, pero se encontró a si mismo sonriendo ante la respuesta de Boneka.             —Lo que cualquier persona con sentido común haría, intentaría convencerte de no hacerlo — respondió como si se tratase de algo lógico y no sabiendo el por qué, sencillamente no se encontraba capaz de apartar su mirada de su cabello — diciéndote que todo va a estar bien en algún momento, que no tienes por qué hacerlo ya que todo tiene solución, ya sabes, todo ese tipo de cosas sentimentales – agregó en un tono despreocupado y un tanto juguetón, encogiéndose de hombros.             Seth miraba fijamente a los hombros de la chica, sintiéndose un tanto ansioso y desesperado porque dejase de darle la espalda.             —No me digas — dijo con un sutil tono burlón —, tu saltas, yo salto, ¿no es así? — preguntó y sin más giró su cabeza hacía él, mostrándole una pequeña sonrisa.             Seth no pudo evitar quedar sencillamente asombrado por sus ojos, por sus mejillas enrojecidas por el frío, por la forma de su rostro, por sus facciones. Por ella y la manera en la que ese color de cabello le hacía lucir más fuerte y menos frágil que con su color de cabello natural.             —No lo creo —respondió luego de unos segundos de silencio — me considero más del tipo de esperar en la estación del tren a que llegue mi amo — dijo primero como si fuese en serio, más luego sonrió cruzándose de brazos.             Boneka se rio al instante y bajó el rostro durante un momento.             —Me has ganado — confesó alzando las manos y alejándose del borde, quedando así a la par de Seth, haciendo que el mismo pudiese notar lo bajita que era la chica —no voy a lanzarme porque me convenciste de no hacerlo – agregó pero él sabía que ella solo bromeaba por su tono de voz.             —Genial porque ya me estaba preparando psicológicamente para huir, no fuese que me acusaran de lanzarte — bromeó también y la miró de nuevo, en realidad no podía dejar de mirarle, ella solo le sonrió —. Bueno, en serio me da curiosidad saber qué haces aquí.             —Me gusta ver el amanecer y el atardecer — respondió colocando su mano derecha sobre su hombro izquierdo y apoyando la cabeza allí — y aún más de sitios como estos, mira —añadió y señalo hacía el frente.             Seth llevó su mirada hasta allí y pudo comprender lo que Boneka decía. El amanecer se lucía increíblemente frente a ellos. Con todos esos tonos naranjas y amarillos cegándole un poco.             —Es muy hermoso — expresó Seth admirando el paisaje.             —Sí, muy hermoso — respondió Boneka suavemente, sin embargo, Seth pudo sentir el peso de su mirada sobre él.             Él giró a verle y efectivamente, se encontró con que ella lo estaba observando. Ninguno apartó la mirada, ninguno profirió palabra.             —Tengo que irme — rompió el silencio Boneka luego de un tiempo, señalando la puerta al mismo tiempo — debo llegar a tiempo para ir a clases, ha sido un gusto compartir este amanecer —añadió a medida que retrocedía unos cuantos pasos.             —Lo mismo digo —respondió Seth sin salir de una especie de asombro.             Boneka le sonrió tímidamente y le dio la espalda, caminando rápidamente hacia la puerta.             —Espera — le llamó frunciendo el ceño y ella se giró inmediatamente —. ¿No me dirás tu nombre? —preguntó comprendiendo que había comenzado a adentrarse en su vida sin notarlo y debía continuar con ello.             Boneka sonrió y miró hacia un lado.             —Esas son las evidencias —dijo finalmente observándole y alzando sus hombros—. Me considero más del tipo de personas que no son más que un instante efímero.             Y sin esperar respuesta, abrió la puerta y se fue.
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