Había demasiada información en su cabeza, su mejor amiga no estaba muerta, solo lo había fingido y no le había dejado ni la más mínima señal, y además de eso, había llevado a cabo su plan de la mano con Damián, el hombre que había hecho su vida una ensalada de ilusiones y mentiras. Caminaba lo más rápido que podía, su pierna aún no estaba del todo curada así que hacía su mejor esfuerzo por salir de allí. Atravesó los pasillos y llegó al ascensor. No miró atrás, solo bajó, y al llegar al estacionamiento fue cuando recordó que había llegado hasta allí en el auto de Lucas. — ¡Estúpida! —exclamó llevando las manos a su cabeza. Se sentía de esa manera, se sentía terriblemente engañada. — ¡Linav, espera! —exclamó él detrás de ella. —No, vete —ordenó sin girarse— ¡No me sigas! ¡Déjame en

