Melissa esperaba que Mauro reaccionara con sorpresa… tal vez con preocupación. Pero él solo la miró fijamente, con esos ojos oscuros que parecían leerle los pensamientos. —Ahora aprendiste a ocultarme cosas —dijo con voz baja e hiriente—. Si Enzo no te hubiera contado la importancia de este asunto, ¿no me habrías dicho que conociste a alguien de la familia George? Melissa bajó la cabeza de inmediato. El aire le pesó en el pecho. —Yo… no estaba herida —murmuró, frotándose el dobladillo de la ropa—. No quería que te preocuparas por mí, así que no te lo dije. Mauro la contempló con frialdad, sin moverse. El silencio la aplastaba. Ella, temblando, estiró un dedo y le tiró con cuidado de la manga. —Mauro, es culpa mía —susurró con la voz pequeña—. No debería habértelo ocultado. Estoy muy e

