Narra Kathy. Nos encontrábamos mi esposo y yo, viajando hasta Los Ángeles en su avión privado, aún seguía sintiendo que todo era un sueño, pero cada vez que me besa o hace el amor, mirarlo a partir de ahora cada vez que despertemos juntos, ya no como novios, sino como marido y mujer. Llegamos a nuestro destino, bajamos del avión y nos subimos a un carro, esta vez manejaría él, dice que me tiene una sorpresa y sabe que me muero por saber lo que me tiene, pero dice que entonces no se llamarían así, tiene razón. Maneja por media hora y al llegar, reconozco el lugar, ya habíamos venido dos veces aquí, la última vez la cabaña estaba en remodelación, pero antes de bajar me venda los ojos y no tengo otra opción, me guía con cuidado hasta que nos detenemos, escucho que abre la puerta de la cabañ

