Contenido adulto Se recomienda discreción Trago saliva. Su cuerpo intimidante se dirige al centro de la habitación, lo veo coger las cadenas y halarlas, haciendo que caigan frente a él desde arriba. Madre mía santísima. —Ven. Camino nerviosa y lento hacia él, obedeciendo. También expectante y ansiosa. Me cuesta respirar incluso. Despliega las cadenas y me mira, sus ojos están oscuros y llenos de lujuria. Por un momento mi torpe cabeza deduce la cantidad de mujeres que de seguro han pasado por aquí, porque dah, de lo contrario no habrían cadenas. Pero me obligo a dejar de pensar eso o acabaré enojada y huyendo de aquí. —Obedece, calla y sé buena. Asiento, con la mirada fija en sus ojos. Se acerca y me besa, es un beso rápido y despiadado. Un tonto sentimiento de malcriadez se ap

