Capítulo 11:

1059 Palabras
Daphne soltó un profundo suspiro, mientras se sacaba el último zapato y lo dejaba a un lado de la cama. Lanzando su cuerpo hacia atrás, ella cayó sobre la cama como si no fuera más que un peso muerto, una bolsa de plomo cayendo la vacio. —No debería haber hecho la fiesta—susurro Dorian, tomando lugar junto a ella—. Lo lamento. Daphne abrió los ojos, para encontrarse el rostro de Dorian, triste, observándola en un ángulo opuesto al suyo. Aun así, viéndolo de cabeza, él seguía siendo increíblemente guapo. Aquel pensamiento arrancó una sonrisa cálida de los labios de la dama. —Me encantó la fiesta, jamás tuve una—dijo ella observando su rostro, mientras el millonario comenzaba a acariciar con delicadeza una de sus mejillas—. Es solo que no me parece bien festejar, cuando se nota que estás triste. Aunque lo intentes ocultar. Ella tomó la mano de Dorian y la besó con suavidad, mientras observaba como el rostro del millonario era despojado lentamente de la máscara que portaba, intentando ocultar sus sentimientos. Los ojos azules se volvieron turquesa, mientras las lágrimas anidaban en su mirada, y una sonrisa algo floja se instalaba en sus labios, relevando a la forzosa sonrisa radiante que había luchado por mantener durante todo el día. >—¿Quieres hablar?—preguntó Daphne, revolviéndose en su lugar, para sentarse y observar a Dorian directamente a los ojos. Ahora, con gentileza, era ella quien acariciaba el rostro del hombre. Daphne se maravilló ante la suave textura de su tersa piel, mientras recordaba todos los momentos en la cabaña en los que había deseado estar junto a Dorian y acariciar su rostro, para comprobar si era tan suave como se lo imaginaba o solo se trataba de una exageración de su imaginación desesperada. Sin embargo, atado a aquel pensamiento inofensivo, llegó la oleada de recuerdos atroces que habían tenido lugar entre las cuatro paredes de la cabaña. Al instante, ella suprimió el recuerdo, enviandolo a un lugar muy profundo dentro suyo, donde escondía los horrores de su vida pasada. Dorian se inclinó hacia adelante y besó la frente de Daphne, trayendola de regreso al presente, a ese instante. —No, aun no estoy preparado para hablar—respondió el millonario con un hilo de voz—. ¿Y tú, quieres hablar? Daphne separó los labios, mientras intentaba decir una palabra, cualquiera. Pero solo escapó un vago jadeo, mientras los pensamientos tortuosos se arremolinaban en su mente y olvidaba como respirar. —No—logró articular ella con lágrimas en los ojos—. No puedo. Dorian la observó algunos segundos antes de asentir. Daphne sabía que allí acabaría todo, que él se alejaría de ella y ambos mantendrían las distancias, después de todo, ellos no eran nada, y Daphne dudaba de que el millonario quisiera estar con alguien tan destrozado como ella. Ahora, a su infinidad de traumas, Daphne debía agregar el ser secuestrada, torturada y violada. Eso no era justo, ni para ella, ni para Dorian, él se merecía algo mejor que solo una ilusión destrozada de lo que creyó era amor. Daphne retrocedió hacia atrás, poniendo distancia entre ellos, dándole un espacio decente para que Dorian pudiera escapar sin que realmente pareciera que escapaba. >—Bueno, puedo dejarte la habitación—continuó ella, mientras deslizaba un mechón de su cabello detrás de la oreja—. Se que Luca está en el cuarto de huéspedes, así que puedo tomar el sofá del salón, si no te molesta. El ceño del millonario se frunció, sin embargo no avanzó hacia ella, permitiéndole mantener la distancia entre ambos. —Si quieres dormir sola, puedes tomar mi habitación—comenzó a decir él con suavidad—. Pero no te dejaré dormir en el sofá. Por favor déjame cuidarte. Cuidarla. Él quería cuidarla. Ante ese pensamiento, Daphne no pudo evitar tapar su rostro con ambas manos y comenzar a llorar. El sonido fue ahogado por sus palmas, las cuales lograban cubrir su boca. >—Daphne, lo lamento ¿Que dije?—Dorian estaba desesperado, mientras se aproximaba a ella y la rodeaba entre sus brazos con fuerza, como si intentase unir las piezas de su alma destrozada—. No quise hacerte llorar. Ella se apartó, solo un poco, lo suficiente como para ver el rostro apenado de Dorian mirando con desesperación en su dirección; sin saber que hacer para calmar su tristeza. —No es justo que tengas que cuidar de mí, no cuando tú también cargas con tu propio dolor—susurro ella observandolo a los ojos. Fue entonces, cuando Dorian comprendió realmente porque ella quería dormir sola; para que él no tuviera que cargar con la pena de Daphne. El sonrió de forma ligera, mientras colocaba una mano detrás de la cabeza de ella y con el pulgar, le acariciaba la mejilla. El otro brazo se mantuvo firme en todo momento a su alrededor, fundiendo sus cuerpos en un abrazo. —Te propongo algo, Daph—comenzó a decir él con gentileza, sin apartar sus ojos de los de ella—. Tu me cuidas a mi y yo te cuido a ti, así ambos estaremos a mano ¿Que dices? Daphne sonrió con suavidad, la primera sonrisa que afloraba en sus labios, una que logró disipar levemente la tristeza de sus ojos. Dorian casi se desmaya de la emoción, al ver aquello. —Me parece bien, guapeton—respondió sin liberarse de su cálido abrazo—. Pero ¿puedo pedirte algo? —Lo que quieras—dijo Dorian sin titubear. Ella mordió su labio inferior algo nerviosa, mientras reunía el valor suficiente para liberar las palabras. —¿Puedo dormir contigo esta noche?—. —Claro—la sonrisa y emoción de Dorian se veían reflejadas en su tono entusiasta—. Puedes dormir conmigo todas las noches que desees. —Y…—Daphne se detuvo mientras sus mejillas se sonrojaban y su corazón se aceleraba—. ¿Me abrazarías hasta dormirme? Los labios del millonario se separaron levemente, mientras su mirada se volvía casi líquida. Si Daphne se concentraba podía escuchar el corazón de Dorian acelerarse, latiendo en su pecho con la fuerza de mil tambores. —No—sentenció el—. Te abrazaré toda la noche.
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