Los labios de Tate eran suaves y cálidos, ardía un poco y juraba que era por el alcohol, una boca no podía quemar de ese modo. Estábamos sobre el colchón, con nuestros labios moviéndose en una sincronía imposible de creer. Su cuerpo hizo presión contra el mío en el momento exacto que succioné su lengua, tenía un leve gusto a menta y era áspera. Los rumores de que era un buen besador eran reales, lo podía comprobar, aquellos tirones a mi labio inferior, las caricias de las sinhuesos, la separación justa para recoger aire, era muy placentero. No sabía qué hacía, sólo quería seguir de ese modo por un rato más. Llevé mis dedos hasta sus castaños cabellos, para perderlos entre las hebras y tirar un poco de ellas cuando sentí una de sus rodillas masajear mi entrepierna de for

