Me fui a casa, molesto conmigo mismo por ser tan idiota. Ella me había rechazado en la cara y yo la había dejado ir. Al día siguiente la volvería a ver. Ella debía entregarse a mí, debía ser mi esposa. Un día y el compromiso estaría consumado. De ahí a llevarla a mi casa, sería cuestión de una semana. No quería esperar más, mi hermano ya la había encontrado y no dejaría que la volviera a arrebatar de mi lado. Ella debía ser mía. Mía y de nadie más. ―La dejaste ir ―me censuró Rodhon de vuelta a casa. ―No pude dejarla en la mazmorra, Rodhon, no pude. Su mirada, sus ojos… No puedo. ―La hubieses dejado contigo. ―No. ―¿Qué harás? ―Nada. Mañana me presentaré como Damián Lexington, ella será mi esposa. ―¿Cómo irá a tomar el hecho que el mismo hombre que la maltrató sea su comprad

