―Hay una muchacha que parece buena para el puesto ―me informó Verónica una tarde. ―Está bien ―respondí sin ganas. ―¿No te importa? ―La verdad es que no ―contesté volviendo a mi asiento y mirando hacia afuera. ―Benjamín, no te pongas así, será muy difícil que alguien quiera quedarse a trabajar contigo con tu carácter ―repuso Adolfo. ―Si viene a trabajar conmigo, tendrá que aguantar mi carácter, no cambiaré por nadie. ―Por favor, Benjamín. Me volví a mirarlos. ―Está bien, me comportaré como una persona civilizada. Pero no me pidan milagros, si la chica en cuestión no funciona, no será mi culpa el modo en que la trate ―corté decidido. ―Esta chica sí te va a gustar. ―Ya no me importa el desfile de secretarias. ―Pero esta es diferente ―aseguró. ―¿En qué es diferente? ―Tra

